La Policía Nacional de Colombia capturó a Jhon Edinson Chala Torrejano, alias ‘Víctor Chalá’, señalado cabecilla de una comisión armada de la estructura GAOR-36 y principal sospechoso del asesinato del periodista Mateo Pérez Rueda. El operativo se concretó en el peaje de Flandes, en el departamento del Tolima, poniendo fin a una intensa persecución que incluyó una millonaria recompensa, un escape en el que el capturado resultó herido y un fallido intento de camuflaje para evitar ser identificado.

La noticia sacudió a Colombia y encendió las redes sociales horas después de que el propio director de la Policía, el General William Oswaldo Rincón Zambrano, confirmara el golpe operacional. Minutos más tarde, el presidente Gustavo Petro también se pronunció públicamente sobre la captura. Mientras tanto, los padres de Mateo Pérez Rueda rompieron su silencio con una frase que resume el dolor y la resignación de una familia destrozada: ‘Se lo dejo a Dios’.

Contexto y antecedentes

Mateo Pérez Rueda era un joven periodista que ejercía su labor informativa en Antioquia, una de las regiones de Colombia con mayor presencia de grupos armados ilegales y, por ende, una de las más peligrosas para el ejercicio del periodismo. Su asesinato generó una ola de indignación nacional e internacional, sumándose a una larga lista de comunicadores colombianos que han pagado con su vida por informar sobre realidades incómodas para el crimen organizado.

La estructura GAOR-36, a la que se señala a alias ‘Víctor Chalá’ de pertenecer como cabecilla de comisión, es una de las denominadas como Grupos Armados Organizados Residuales, es decir, disidencias de las extintas FARC que rechazaron el proceso de paz firmado en 2016 y continuaron operando en zonas estratégicas del país. Antioquia, Tolima y sus corredores limítrofes han sido históricamente escenarios de disputa entre estas estructuras, lo que convierte la captura en Flandes en un hecho operativamente significativo.

Las autoridades habían ofrecido una recompensa millonaria por información que condujera a la captura de alias ‘Chalá’, lo que evidencia el nivel de prioridad que las instituciones le asignaron al caso tras el asesinato del comunicador. Según los primeros reportes, el capturado intentó evadir la acción policial y resultó herido durante el procedimiento, antes de ser finalmente aprehendido por delitos de terrorismo, extorsión y concierto para delinquir agravado.

Los puntos clave

  • La captura se produjo en el peaje de Flandes, Tolima, cuando alias ‘Víctor Chalá’ intentaba movilizarse camuflado, posiblemente huyendo de las autoridades luego de que se activara la alerta por su búsqueda.
  • Jhon Edinson Chala Torrejano es señalado como cabecilla de una comisión armada del GAOR-36, estructura disidente de las FARC con presencia activa en zonas del occidente y centro de Colombia.
  • Los cargos formales en su contra incluyen terrorismo, extorsión y concierto para delinquir agravado, además de su vinculación con el homicidio del periodista Mateo Pérez Rueda.
  • El presidente Gustavo Petro y el director de la Policía Nacional se pronunciaron públicamente, lo que subraya la relevancia política y simbólica de esta aprehensión para el Estado colombiano.
  • Los padres del periodista asesinado respondieron con sobriedad y dolor, declarando ‘Se lo dejo a Dios’, una frase que refleja el estado emocional de una familia que clama justicia sin dejar de sostener la fe como refugio.

¿Qué significa esto?

La captura de alias ‘Víctor Chalá’ es un mensaje institucional claro: el asesinato de periodistas no queda impune. Sin embargo, el simbolismo no basta. Colombia lleva décadas lidiando con la violencia sistemática contra comunicadores, y cada captura, aunque necesaria, evidencia al mismo tiempo la fragilidad del entorno en que estos profesionales ejercen su trabajo. Lo que está en juego no es solo la justicia por Mateo Pérez Rueda, sino la capacidad del Estado para garantizar que ningún reportero más tenga que pagar con su vida por informar.

Para el sistema judicial colombiano, el caso representa un desafío mayor: sostener el proceso legal con suficiente solidez probatoria para lograr una condena efectiva. La historia del país registra casos en que capturas resonantes terminaron en procesos truncados o penas reducidas. Las organizaciones de defensa de la libertad de prensa estarán atentas a cada paso del proceso judicial, porque la señal que emita este caso podría desalentar o, por el contrario, normalizar la violencia contra la prensa.

Perspectiva para América Latina

Colombia no es una excepción en el mapa de la violencia contra periodistas en América Latina: es, tristemente, uno de sus epicentros. Según organizaciones como Reporteros Sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), la región concentra algunos de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, con México, Honduras, Guatemala y Colombia encabezando regularmente las listas más sombrías. El asesinato de Mateo Pérez Rueda y la posterior captura de su presunto responsable deben leerse en ese contexto regional: no como un hecho aislado, sino como parte de un patrón estructural que requiere respuestas también estructurales.

Para el periodismo latinoamericano, este caso renueva el debate sobre los mecanismos de protección a comunicadores que trabajan en zonas de conflicto, la responsabilidad de los medios con sus colaboradores y el rol del Estado en garantizar condiciones mínimas de seguridad. La solidaridad gremial expresada en toda la región tras el crimen de Pérez Rueda es un síntoma de que la comunidad periodística latinoamericana entiende que cuando cae un colega, la libertad de prensa retrocede para todos.

El expediente judicial contra alias ‘Víctor Chalá’ apenas comienza. Lo que se debe seguir de cerca en las próximas semanas es la formalización de cargos ante la justicia ordinaria, la posible vinculación de otros miembros del GAOR-36 en el crimen y la respuesta del Estado colombiano en términos de políticas de protección a periodistas. La familia de Mateo Pérez Rueda espera justicia; el periodismo colombiano y latinoamericano, una señal de que el silencio nunca será rentable para quienes empuñan las armas contra la prensa.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 13 de junio de 2026
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