África podría estar partiéndose en dos. No de forma inmediata, sino en un proceso que tomará millones de años, pero que los geólogos creen estar presenciando en sus primeras etapas. Un nuevo estudio publicado en la revista Frontiers in Earth Science aporta evidencias geoquímicas que refuerzan esta hipótesis y apuntan al Rift de Kafue como el escenario de uno de los fenómenos geológicos más espectaculares del planeta.

Una grieta en el corazón de África

El Rift de Kafue forma parte de una extensa línea de fractura que se extiende aproximadamente 2.500 kilómetros, desde Tanzania hasta Namibia. Durante décadas, la comunidad científica consideró que esta estructura estaba geológicamente muerta. Sin embargo, señales cada vez más claras han comenzado a cambiar esa percepción.

Terremotos demasiado débiles para ser percibidos por el ser humano, pero registrados con instrumentos de precisión, junto con un aumento de la temperatura en el subsuelo y pequeñas variaciones en la elevación del terreno captadas desde el espacio, ya habían encendido las alarmas entre los especialistas. Ahora, la nueva investigación añade una capa de evidencia completamente distinta: datos geoquímicos obtenidos directamente en campo.

El gas que sube desde las profundidades

La investigadora Rūta Karolytė, quien lideró el estudio durante su etapa como investigadora postdoctoral en la Universidad de Oxford, y su equipo recolectaron muestras de aguas termales y pozos geotérmicos en Zambia, justo sobre la zona de rift sospechada.

‘Hay agua caliente que burbujea hacia la superficie, y tomamos muestras del gas que sale de ella’, explicó Karolytė, actualmente vinculada a una empresa británica dedicada a la exploración de hidrógeno natural.

El foco del análisis estuvo en la proporción entre dos isótopos del helio: el helio-3 y el helio-4. Este cociente es clave, porque el helio-3 proviene principalmente del manto terrestre, la capa ubicada entre la corteza y el núcleo del planeta. Su presencia elevada en las aguas de la zona indica que fluidos procedentes de las profundidades están filtrándose hacia la superficie.

‘Encontramos más helio-3 del que normalmente se halla en la corteza, lo que generalmente indica que fluidos del manto están llegando al agua’, señaló la investigadora.

Un proceso geológico aún en pañales

Los resultados son preliminares. Las muestras provienen de apenas seis sitios en un área concentrada. No obstante, el equipo también analizó dos manantiales termales ubicados a unos 95 kilómetros del rift sospechado y no encontró un incremento similar de helio-3, lo que refuerza la idea de que el fenómeno es localizado y coherente con la actividad tectónica de la zona.

Cuando las placas tectónicas comienzan a estirarse y separarse, el material del manto puede ascender hacia la superficie. Por ello, los científicos interpretan estos datos como una posible señal temprana de la formación de un nuevo límite entre placas.

Estella Atekwana, profesora distinguida de Ciencias de la Tierra y Planetarias en la Universidad de California, Davis, quien no participó en el estudio, subrayó la relevancia del hallazgo: ‘Si el Rift de Kafue forma parte de un límite de placas recién nacido, nos ofrece una oportunidad rara de estudiar el nacimiento de un límite antes de que el vulcanismo, los grandes sismos y la deformación superficial hayan modificado las condiciones originales’.

Una pregunta fundamental de la geología

El estudio va más allá del caso concreto africano. Comprender cómo se inicia un límite de placas tectónicas es una de las grandes incógnitas de la geología moderna.

‘Los límites maduros son fáciles de reconocer. Las etapas iniciales son mucho más sutiles’, explicó Atekwana. Y es precisamente en esa sutileza donde reside el valor del Rift de Kafue: ofrece una ventana única hacia el pasado geológico de la Tierra y, al mismo tiempo, un vistazo al futuro de un continente que, en unos pocos millones de años, podría lucir muy diferente al que conocemos hoy.

Si el proceso sigue su curso, África subsahariana podría dividirse y, entre sus nuevas costas, nacería un mar completamente nuevo. La geología, una vez más, nos recuerda que el planeta en el que vivimos nunca deja de transformarse.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 18 de mayo de 2026
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