La Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) de Colombia emitió un paquete de medidas regulatorias de emergencia orientadas a incrementar la generación de energía eléctrica en el país y blindar el sistema ante los efectos del fenómeno de El Niño, que amenaza con reducir significativamente los niveles de los embalses que abastecen las hidroeléctricas. La decisión llega en un momento crítico: el segundo semestre del año es históricamente el período de mayor estrés hídrico en el territorio colombiano.

Junto con las disposiciones técnicas, la Creg lanzó un llamado directo a la ciudadanía y a los sectores productivos para adoptar hábitos de consumo responsable y eficiente de la energía. La situación refleja una presión estructural sobre el sistema eléctrico nacional que va más allá de una crisis coyuntural: Colombia enfrenta hoy la combinación de una creciente demanda energética, una dependencia histórica de la generación hidráulica y los efectos cada vez más intensos del cambio climático.

Contexto y antecedentes

Colombia genera aproximadamente el 65% de su electricidad a partir de fuentes hídricas, lo que la convierte en uno de los sistemas eléctricos más vulnerables de América del Sur ante fenómenos climáticos como El Niño. Este patrón meteorológico, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico, reduce las lluvias en las cuencas hidrográficas estratégicas del país, provocando una caída sostenida en los niveles de los embalses. Cuando esos embalses bajan, la capacidad de generación disminuye y el riesgo de racionamiento eléctrico —conocido popularmente como ‘apagones’— aumenta de forma proporcional.

El antecedente más recordado en la memoria colectiva colombiana es la crisis energética de 1992, cuando el país vivió meses de apagones diarios prolongados. Desde entonces, el sistema ha incorporado más capacidad térmica como respaldo, pero esa capacidad también enfrenta limitaciones de disponibilidad de gas y combustibles líquidos. En años recientes, episodios de El Niño en 2015-2016 y 2023-2024 ya habían encendido alertas similares, obligando al gobierno y a la Creg a activar mecanismos de despacho prioritario de plantas térmicas y a establecer señales de precio para incentivar la generación adicional.

La entidad reguladora XM, operadora del sistema eléctrico colombiano, había advertido previamente sobre la posibilidad de implementar racionamientos focalizados en ciertas zonas del país si la situación hídrica no mejoraba. Esa advertencia fue el detonante inmediato de la acción regulatoria de la Creg, que busca anticiparse a un escenario de desabastecimiento antes de que se vuelva inevitable.

Los puntos clave

  • La Creg expidió nuevas medidas regulatorias para forzar e incentivar un mayor nivel de generación eléctrica durante el segundo semestre de 2026, el período de mayor riesgo por El Niño.
  • El sistema eléctrico colombiano depende en cerca de un 65% de la generación hidroeléctrica, lo que lo hace particularmente sensible a la reducción de lluvias asociada con fenómenos climáticos cíclicos.
  • XM, el operador del sistema, había recomendado analizar racionamientos como medida preventiva, lo que evidencia la gravedad de la situación hídrica actual en los embalses estratégicos del país.
  • La Creg hizo un llamado al uso responsable de la energía dirigido tanto a hogares como a industrias, reconociendo que la demanda controlada es parte esencial de la solución.
  • Proyectos de infraestructura energética como la regasificadora de TGI en La Guajira enfrentan restricciones regulatorias adicionales que complican la diversificación de la matriz energética en el corto plazo.

¿Qué significa esto?

Las medidas de la Creg son una señal de alarma institucional. Cuando un regulador se ve obligado a expedir disposiciones de emergencia para garantizar el suministro básico de electricidad, el sistema está operando cerca de sus límites. Para los hogares colombianos, esto significa la posibilidad real de enfrentar restricciones en el servicio eléctrico durante los próximos meses, con impactos desproporcionados en las familias de menores ingresos, que tienen menor capacidad de adaptarse a cortes o de invertir en alternativas. Para las empresas, especialmente las del sector manufacturero, minero y agroindustrial, la incertidumbre energética eleva los costos operativos y puede frenar decisiones de inversión.

En un horizonte más amplio, la crisis evidencia una falla estructural que Colombia viene aplazando: la transición hacia una matriz energética más diversificada y resiliente. El país tiene un potencial enorme en energías solar y eólica —particularmente en La Guajira y las regiones Caribe y Llanos— pero el ritmo de incorporación de esas fuentes ha sido más lento de lo necesario. Mientras tanto, la dependencia del agua sigue siendo el talón de Aquiles de un sistema que debe atender una demanda que crece cada año con la urbanización y la digitalización de la economía.

Perspectiva para América Latina

Colombia no es un caso aislado en la región. Brasil, Ecuador, Venezuela y varios países centroamericanos comparten una dependencia alta de la hidroelectricidad y enfrentan desafíos similares cuando El Niño recorre el continente. En 2023, Ecuador llegó a imponer cortes de hasta 14 horas diarias en algunas provincias por la misma razón. Esta sincronía de vulnerabilidades convierte a El Niño en un riesgo sistémico regional, no solo nacional. Para América Latina, la lección compartida es urgente: la transición energética no es solo una agenda climática, sino una necesidad de seguridad nacional. Los países que avancen más rápido en diversificar sus fuentes —integrando solar, eólica y almacenamiento— serán los más capaces de proteger a sus ciudadanos y economías de los ciclos climáticos que, según los expertos, serán cada vez más intensos y frecuentes.

Desde la perspectiva del mercado regional, una Colombia con problemas de suministro eléctrico también afecta las interconexiones energéticas con Ecuador y Venezuela, países con los que comparte infraestructura de transmisión. La estabilidad energética colombiana tiene, por tanto, una dimensión geopolítica y comercial que trasciende sus fronteras.

El próximo indicador crítico será el comportamiento del nivel de los embalses durante julio y agosto, los meses más secos del ciclo hidrológico andino. Si las medidas de la Creg logran aumentar la generación térmica disponible y la ciudadanía responde con reducción efectiva del consumo, el país podría sortear el período crítico sin racionamientos masivos. De lo contrario, Colombia podría verse forzada a tomar decisiones más drásticas que afectarían directamente la calidad de vida de millones de personas y la competitividad de su economía.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 20 de junio de 2026
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