Un fenómeno llamativo está ocurriendo en el mercado crediticio colombiano: a pesar de que las tasas de interés siguen en niveles históricamente elevados, los hogares colombianos están destinando una proporción menor de sus ingresos al pago de deudas. Según datos de TransUnion, las tasas de mora de 60 días o más disminuyeron en la mayoría de las líneas de crédito durante el primer trimestre de 2026, una señal que contrasta con lo que muchos economistas habrían anticipado en un entorno de crédito caro.

Este comportamiento no es trivial. En condiciones normales, tasas de interés altas presionan al alza la morosidad, porque los deudores enfrentan cuotas más costosas. Que ocurra lo contrario sugiere que el mercado crediticio colombiano está atravesando una recuperación selectiva y más sólida de lo esperado, aunque con matices importantes que vale la pena desmenuzar.

Contexto y antecedentes

Colombia cerró 2024 con una de las tasas de interés de referencia más altas de su historia reciente, luego de que el Banco de la República iniciara en 2022 un agresivo ciclo de alzas para combatir una inflación que llegó a superar el 13%. El proceso de reducción de tasas, que comenzó en 2024, ha sido gradual y cauteloso. Para mediados de 2026, el Banco de la República ha mantenido una pausa en el recorte, generando debate interno entre los miembros de su Junta Directiva, quienes, pese a votar de forma unánime, revelan en sus minutas posiciones divergentes sobre el ritmo adecuado de normalización monetaria.

En este contexto, el sistema financiero colombiano aprendió una lección costosa: el boom de crédito de consumo de 2021 y 2022 dejó una cartera deteriorada que tardó varios trimestres en sanearse. Bancos y entidades financieras endurecieron sus criterios de otorgamiento, lo que resultó en una base de nuevos deudores más solvente y mejor seleccionada. Menos créditos, pero más seguros.

A esto se suma un factor macroeconómico relevante: la recuperación gradual del empleo formal y cierta estabilización de los ingresos reales de los hogares, especialmente en los segmentos medios, ha permitido que quienes sí accedieron a crédito puedan cumplir con sus obligaciones con mayor holgura. Las tarjetas de crédito y las libranzas, en particular, muestran un avance notable en lo corrido de 2026.

Los puntos clave

  • La mora de 60 días o más cayó en la mayoría de líneas de crédito durante el primer trimestre de 2026, según TransUnion, lo que indica mejor comportamiento de pago entre los deudores activos.
  • La carga financiera de los hogares se redujo, es decir, los colombianos destinan un porcentaje menor de sus ingresos mensuales al servicio de sus deudas, a pesar del entorno de tasas altas.
  • Las tarjetas de crédito y los créditos de libranza lideran el crecimiento crediticio en este período, impulsados por su acceso relativamente fácil y tasas más controladas para ciertos segmentos.
  • El Banco de la República pausó su ciclo de recorte de tasas, generando incertidumbre sobre el ritmo futuro de abaratamiento del crédito, con una Junta Directiva internamente dividida pese al voto unánime.
  • Los criterios de otorgamiento más estrictos aplicados desde 2023 resultaron en una cartera más sana, reduciendo la exposición del sistema a deudores de alto riesgo.

¿Qué significa esto?

La reducción simultánea de la carga financiera y de la morosidad envía una señal positiva sobre la salud del sistema crediticio colombiano, pero no debe interpretarse como una victoria definitiva. Lo que realmente está ocurriendo es una combinación de depuración del sistema —menos personas endeudadas, pero las que lo están, pagan mejor— y no necesariamente una expansión del bienestar financiero generalizado. Millones de colombianos siguen excluidos del crédito formal o acceden a él en condiciones muy costosas a través del sector informal.

El impacto más concreto se siente en los bancos y entidades financieras, cuyas carteras vencidas mejoran sus indicadores, lo que podría traducirse en mayor disposición a prestar en los próximos trimestres. Sin embargo, mientras las tasas sigan en niveles restrictivos, el crédito para vivienda, inversión productiva de pequeñas empresas y consumo popular seguirá siendo una barrera para el crecimiento económico de base. La pregunta que persiste es si esta recuperación alcanzará a los sectores que más lo necesitan.

Perspectiva para América Latina

El caso colombiano no es aislado. Varios países de la región —entre ellos Brasil, México, Chile y Perú— vivieron ciclos similares de endurecimiento monetario agresivo tras la pandemia y ahora navegan la compleja tarea de normalizar sus políticas de crédito sin desestabilizar economías todavía frágiles. La lección colombiana de depurar la cartera mediante criterios más estrictos de otorgamiento, aunque políticamente impopular en el corto plazo, puede ser un modelo a observar para otros bancos centrales y reguladores financieros latinoamericanos que buscan equilibrar inclusión financiera con estabilidad del sistema.

Para el ciudadano latinoamericano promedio, el mensaje es claro: en entornos de tasas altas, endeudarse con responsabilidad y dentro de la capacidad de pago no solo es prudente a nivel individual, sino que contribuye a la estabilidad del sistema financiero en su conjunto. La educación financiera, en este sentido, se vuelve tan importante como la política monetaria.

Lo que resta de 2026 será determinante para saber si Colombia puede consolidar esta recuperación crediticia. Todos los ojos estarán puestos en las próximas decisiones de la Junta Directiva del Banco de la República, en la evolución de la inflación y en si los indicadores de consumo e inversión confirman que el país ha dejado atrás lo más difícil de su ajuste económico post-pandemia.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 21 de mayo de 2026
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