Colombia enfrenta una de las discusiones más urgentes en materia energética de los últimos años: ¿cuánto tiempo permanecen realmente los colombianos sin electricidad y qué empresas son responsables de los peores indicadores? Un informe de XM, el operador del sistema interconectado nacional, revela con datos precisos la calidad del servicio que prestan 29 compañías eléctricas en el país, exponiendo brechas alarmantes entre regiones y operadores.

El indicador central del análisis es el SAIDI (System Average Interruption Duration Index), una métrica internacional que mide el promedio de horas al año que un usuario pasa sin energía eléctrica. En Colombia, este número no solo varía de forma significativa entre empresas, sino que en varios casos supera con creces los estándares aceptables para una economía que aspira al desarrollo sostenible. Los resultados ponen en evidencia que la crisis no es solo de generación, sino también de distribución y calidad del servicio en el último eslabón de la cadena.

Contexto y antecedentes

La situación del sistema eléctrico colombiano ha estado bajo presión creciente en los últimos años. El fenómeno de El Niño ha reducido los niveles de los embalses hidroeléctricos —que generan cerca del 70% de la electricidad del país—, obligando al sistema a depender más de plantas térmicas cuya disponibilidad está comprometida por deudas millonarias, como la que arrastra Air-e, una de las distribuidoras con mayores problemas operativos en la Costa Caribe.

A este panorama se suma el fracaso relativo de recientes subastas de energía, cuestionadas por no lograr los volúmenes esperados de nuevos proyectos, y el estancamiento de iniciativas de regasificación que prometían diversificar la matriz energética. Empresas como Afinia, operadora en el Caribe colombiano, han llegado al punto de buscar inversionistas externos y evaluar la separación de sus mercados más críticos para sobrevivir financieramente. La situación, en palabras de sus propios directivos, es ‘muy compleja’.

El contexto regulatorio también pesa: la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) ha intentado actualizar tarifas y exigencias de calidad, pero la implementación ha sido lenta y desigual. Las empresas de distribución en zonas rurales y periféricas históricamente han acumulado los peores indicadores, reflejando décadas de subinversión y una gobernanza fragmentada del sector.

Los puntos clave

  • El informe de XM evalúa a 29 empresas distribuidoras de energía en Colombia usando el indicador SAIDI, que mide las horas promedio sin luz que sufren los usuarios al año.
  • Las empresas con peores indicadores se concentran principalmente en las regiones Caribe y en zonas rurales, donde la infraestructura eléctrica es más precaria y la inversión ha sido históricamente insuficiente.
  • Afinia y Air-e, operadoras del Caribe colombiano, enfrentan no solo problemas de calidad del servicio sino también graves crisis financieras que amenazan su capacidad de mantenimiento y expansión de redes.
  • El fantasma del racionamiento energético regresa ante la anticipación de un nuevo fenómeno de El Niño, que podría reducir aún más la generación hidroeléctrica y aumentar la dependencia de plantas térmicas con disponibilidad incierta.
  • La deuda acumulada por distribuidoras con los generadores del sistema eléctrico supera cifras billonarias, creando un riesgo sistémico que podría comprometer la estabilidad del mercado energético nacional.

¿Qué significa esto?

Para los hogares y empresas colombianas, cada hora sin energía eléctrica tiene un costo real y medible. Los cortes frecuentes afectan la productividad industrial, dañan electrodomésticos, interrumpen cadenas de frío en el sector alimentario y deterioran la calidad de vida de millones de personas, especialmente en las regiones más vulnerables. El hecho de que este problema sea crónico y documentado, pero persista sin soluciones estructurales, apunta a una falla de política pública que trasciende a un solo gobierno.

Más allá del impacto inmediato, la situación plantea una pregunta de fondo sobre la viabilidad del modelo de concesión privada del servicio eléctrico en Colombia. Si empresas como Afinia necesitan inversionistas externos para sobrevivir y no logran cumplir estándares mínimos de calidad, el Estado enfrenta un dilema entre dejar quebrar a estas compañías —con el caos que eso implicaría para los usuarios— o intervenir con recursos públicos en un sector que fue privatizado precisamente para aliviar esa carga fiscal.

Perspectiva para América Latina

La problemática colombiana no es excepcional en la región: varios países latinoamericanos enfrentan tensiones similares entre la necesidad de transición energética, la dependencia de la hidroelectricidad y las limitaciones de infraestructura en zonas periféricas. Ecuador, Perú y Venezuela han atravesado en años recientes crisis de abastecimiento eléctrico con consecuencias sociales severas. Lo que distingue el caso colombiano es la simultaneidad de problemas: deudas corporativas, fenómeno climático adverso, rezago regulatorio y empresas distribuidoras al borde del colapso, todo ocurriendo al mismo tiempo.

Para los países de la región, el caso colombiano ofrece una advertencia sobre los riesgos de mantener matrices energéticas poco diversificadas y de postergar indefinidamente las inversiones en transmisión y distribución. La transición hacia energías renovables —solar y eólica— que impulsa el gobierno Petro como solución de largo plazo requiere décadas para madurar, mientras los problemas de hoy exigen respuestas inmediatas que el sistema actual no parece estar en condiciones de dar.

Con el fenómeno de El Niño anticipándose nuevamente y la deuda del sector eléctrico en niveles críticos, los próximos meses serán determinantes para el sistema energético colombiano. Lo que hay que seguir de cerca es si el gobierno logra activar los contratos de respaldo con las térmicas, si Afinia concreta sus negociaciones con inversionistas y si la regulación energética avanza en mecanismos reales de penalización para las empresas con peores indicadores de calidad. De ello depende no solo la factura de millones de colombianos, sino la estabilidad de toda la economía nacional.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 5 de junio de 2026
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