Desde 1959, pocas relaciones bilaterales han marcado tanto el destino de América Latina como la que mantienen Cuba y Estados Unidos. Una historia que combina colonialismo, revolución, espionaje y confrontación nuclear, y que hoy vuelve a estar en el centro del debate internacional ante las crecientes presiones de Washington hacia La Habana.

Una rivalidad que nació mucho antes de los Castro

Para entender el presente, hay que mirar atrás. La primera vez que Estados Unidos posó sus ojos sobre Cuba, la isla todavía formaba parte del Imperio español y libraba desde 1895 una brutal guerra de independencia. Washington, en plena expansión geopolítica, no tardó en involucrarse.

En 1898, EE.UU. declaró la guerra a España y se alió con los independentistas cubanos. Victoria mediante, ocupó la isla durante años, incluso después de que Cuba proclamara su república en 1902. La huella más visible de esa presencia fue la construcción de una base naval en la Bahía de Guantánamo en 1903, instalación que Washington conserva hasta nuestros días.

Durante las décadas siguientes, EE.UU. mantuvo tropas, inversiones y una influencia determinante en una Cuba sacudida por la inestabilidad política y los continuos golpes de Estado.

La revolución que lo cambió todo

El punto de quiebre llegó en 1959. Fidel Castro y sus guerrilleros derrocaron al general Fulgencio Batista —quien había llegado al poder mediante un golpe en 1952— e instauraron progresivamente un régimen comunista en lo que Estados Unidos consideraba su zona de influencia más inmediata.

La respuesta de Washington no se hizo esperar. A partir de 1960 impuso un severo embargo comercial que asfixió la economía de la isla. Un año después, en 1961, respaldó la fallida invasión de exiliados cubanos en Bahía de Cochinos, un fiasco que no hizo sino enconar aún más las relaciones y consolidar a Castro en el poder.

Figuras como el Che Guevara, Raúl Castro y el propio Fidel se convirtieron en íconos globales, tanto de la revolución como de la resistencia antiimperialista. Del otro lado, presidentes como John F. Kennedy llevaban la carga de contener lo que percibían como una amenaza comunista a 140 kilómetros de Florida.

Trece días que pusieron al mundo al borde del abismo

La crisis más grave llegó en 1962. Cuba y la Unión Soviética —que se había convertido en el principal aliado de La Habana tras la revolución— acordaron instalar misiles nucleares en la isla. El argumento era disuasorio: evitar una nueva invasión estadounidense. Pero el trasfondo era más amplio.

La decisión no puede separarse de la Guerra Fría, el enfrentamiento global entre Washington y Moscú que dividió al mundo en dos bloques. Los misiles en Cuba respondían, al menos en parte, al despliegue previo de armamento nuclear estadounidense en Turquía, a escasos kilómetros del territorio soviético.

Lo que siguió fueron trece días de tensión extrema que pusieron al planeta al borde de una guerra nuclear. EE.UU. impuso un bloqueo naval a Cuba. El mundo contuvo la respiración. Finalmente, Kennedy y el líder soviético Nikita Kruschev alcanzaron un acuerdo: los misiles serían retirados de Cuba y, discretamente, también los de Turquía.

La llamada ‘crisis de los misiles’ quedó grabada en la memoria colectiva como el momento en que la humanidad más cerca estuvo de su propia destrucción durante el siglo XX.

Un conflicto que sigue vivo

Décadas después, la relación entre ambos países sigue siendo una fuente constante de tensión. Eventos como el éxodo del Mariel, la aprobación de la ley Helms-Burton o los breves intentos de acercamiento diplomático han marcado distintas etapas de un vínculo que parece condenado a la fricción.

Hoy, con Miguel Díaz-Canel al frente de Cuba y Donald Trump de regreso en la Casa Blanca, y tras la caída del régimen de Maduro en Venezuela, las presiones sobre La Habana han vuelto a intensificarse. La historia entre estos dos vecinos distantes continúa escribiéndose, y su próximo capítulo podría ser tan determinante para América Latina como lo fueron todos los anteriores.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 20 de mayo de 2026
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