Lo que comenzó como una campaña de deportaciones masivas con operativos televisados, agentes enmascarados y una estética de fuerza intimidante ha dado un giro significativo. La administración Trump ha modificado la forma en que ejecuta su política migratoria, aunque no su esencia: las deportaciones continúan, pero ahora se realizan en silencio, sin cámaras y con una cadena de mando renovada.

El punto de inflexión fue Minneapolis. A principios de 2025, un video que mostraba a agentes federales enmascarados disparando contra manifestantes desató una ola de indignación nacional e internacional. Dos ciudadanos estadounidenses murieron a manos de funcionarios federales. La imagen que el gobierno había construido —de contundencia y control— se convirtió en su mayor vulnerabilidad política. Desde entonces, nada ha sido igual en la maquinaria migratoria de la Casa Blanca.

Contexto y antecedentes

Desde el regreso de Donald Trump a la presidencia, su administración apostó por una política migratoria de alto impacto visual. Gregory Bovino, alto funcionario de la Patrulla Fronteriza, y Kristi Noem, secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), fueron los rostros más visibles de una estrategia que combinaba operativos llamativos, videos difundidos en redes sociales y una retórica de ‘mano dura’ diseñada tanto para cumplir promesas electorales como para generar un efecto disuasorio mediático.

Sin embargo, los enfrentamientos entre funcionarios federales y autoridades estatales en múltiples estados, sumados al escándalo de Minneapolis, pusieron al descubierto las grietas del modelo. Trump respondió enviando a Tom Homan —su ‘zar de la frontera’— a Minneapolis para ‘corregir el rumbo’, una señal de que el presidente reconocía que la estrategia estaba generando más daño político que beneficios. Poco después, Bovino se retiró de la Patrulla Fronteriza y Noem fue despedida, siendo reemplazada en el DHS por el senador Markwayne Mullin.

Este relevo no fue casual. La salida de Noem y Bovino representó la eliminación de los símbolos del exceso y la teatralidad. Homan, veterano de décadas en el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) bajo administraciones tanto republicanas como demócratas, encarna un perfil diferente: más institucional, más calculado y, sobre todo, más discreto en sus métodos operativos.

Los puntos clave

  • El modelo de deportaciones cambió en forma, no en fondo: Las detenciones de inmigrantes indocumentados continúan con la misma agresividad, pero ahora se ejecutan de manera silenciosa y sin difusión en redes sociales.
  • Minneapolis fue el detonante del cambio: La muerte de dos ciudadanos estadounidenses durante operativos federales y la indignación pública obligaron a la Casa Blanca a reencuadrar su estrategia comunicacional y operativa.
  • Dos funcionarios clave han salido del escenario: Gregory Bovino dejó la Patrulla Fronteriza y Kristi Noem fue despedida, eliminando los perfiles más asociados con la imagen confrontacional de las deportaciones masivas.
  • Tom Homan lidera ahora la agenda migratoria real: A diferencia de su relación tensa con Noem, Homan mantiene comunicación fluida y constante con el nuevo secretario Mullin, lo que da coherencia operativa a las acciones del gobierno.
  • El enfoque ‘dirigido’ de Homan no excluye detenciones colaterales: Aunque prioriza a inmigrantes con antecedentes penales, el propio Homan ha reconocido que quienes no tengan esos antecedentes también pueden ser detenidos si son encontrados durante los operativos.

¿Qué significa esto?

El cambio de táctica revela algo fundamental sobre cómo opera la política en la era de las redes sociales: la imagen importa tanto como la acción. La administración Trump no abandonó su objetivo de deportar a millones de personas; lo que abandonó fue la estrategia de convertir cada operativo en un espectáculo. El nuevo modelo es más peligroso en cierto sentido: al operar en la sombra, resulta más difícil de monitorear, documentar y cuestionar públicamente. Las organizaciones de derechos humanos y los abogados de inmigración ya advierten que la falta de visibilidad complica la defensa legal de los afectados.

Para las comunidades inmigrantes en Estados Unidos, el mensaje es inequívoco: el riesgo no ha disminuido, solo ha cambiado de forma. La discreción táctica adoptada por Homan puede ser más efectiva precisamente porque genera menos resistencia organizada. Sin videos virales que enciendan la indignación pública, la maquinaria de deportaciones puede operar con menos fricción política, aunque con el mismo —o mayor— alcance humano.

Perspectiva para América Latina

Para América Latina, este giro tiene implicaciones directas. México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia y Venezuela, entre otros países, son los principales expulsores de migrantes hacia Estados Unidos y, por tanto, los principales receptores de deportados. La política migratoria estadounidense no es un asunto interno: es una variable que afecta remesas, familias transnacionales, economías locales y la estabilidad política de gobiernos que deben gestionar el retorno masivo de sus ciudadanos. El hecho de que las deportaciones continúen —aunque con menor visibilidad— significa que el flujo de retornados no se detiene, y muchos países de la región no tienen infraestructura suficiente para absorberlo dignamente.

Además, el caso de los beneficiarios del programa DACA —jóvenes que llegaron de niños a Estados Unidos y que ahora enfrentan demoras y saboteos en sus trámites— afecta directamente a cientos de miles de jóvenes latinoamericanos criados en territorio estadounidense. Para sus familias en México y Centroamérica, cada cambio en Washington es una amenaza concreta a la vida que construyeron al otro lado de la frontera.

La situación migratoria en Estados Unidos continúa siendo uno de los temas más volátiles del segundo mandato de Trump. Con Homan al mando operativo y Mullin como figura institucional en el DHS, los próximos meses definirán si esta nueva fase discreta logra sus objetivos numéricos sin encender nuevamente la protesta social, o si algún nuevo incidente vuelve a poner bajo el reflector una política que prefiere operar en las sombras. Lo que hay que seguir de cerca: los datos reales de detenciones y deportaciones, las denuncias de organizaciones civiles y los posibles nuevos choques entre autoridades federales y estatales.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 13 de junio de 2026
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