A días de la segunda vuelta presidencial en Colombia, el procurador general Gregorio Eljach encendió las alarmas con una advertencia contundente: la desinformación es el principal factor de riesgo que amenaza la integridad del proceso electoral. La declaración surgió tras una reunión de alto nivel enmarcada en el denominado ‘Plan Democracia’, en la que participaron ministros del gobierno y miembros de la cúpula de las Fuerzas Militares.
El encuentro, celebrado el 5 de junio de 2026, refleja la preocupación institucional por garantizar unas elecciones transparentes en una coyuntura política especialmente polarizada. Que el máximo órgano de control del país señale a la desinformación —y no a la violencia armada o al fraude técnico— como el riesgo número uno, es una señal que merece ser leída con atención.
Contexto y antecedentes
Colombia llega a esta segunda vuelta presidencial de 2026 en un ambiente de profunda fragmentación política y social. El país ha vivido en los últimos años una escalada sostenida en el consumo de noticias falsas a través de redes sociales, cadenas de WhatsApp y canales de YouTube, fenómeno que ya marcó de manera significativa las elecciones de 2022, cuando la polarización entre sectores ideológicos opuestos alcanzó niveles históricos. Desde entonces, organismos como la Misión de Observación Electoral (MOE) y organizaciones de verificación de datos como Colombia Check han documentado el crecimiento exponencial de narrativas falsas en períodos electorales.
El ‘Plan Democracia’ es el mecanismo interinstitucional que activa la Procuraduría General junto con otras entidades del Estado para blindar los procesos comiciales. En ediciones anteriores, este plan se ha enfocado en prevenir irregularidades administrativas, compra de votos y presencia de grupos armados ilegales en zonas de influencia. Que ahora la desinformación ocupe el centro de las preocupaciones marca un giro revelador en la percepción de las amenazas electorales.
La participación de la cúpula militar en estas reuniones no es un dato menor. Las Fuerzas Militares tienen un rol operativo en la seguridad de los puestos de votación, pero su presencia en un debate sobre desinformación sugiere que las instituciones reconocen que este fenómeno puede derivar en alteraciones del orden público, movilizaciones basadas en información falsa o deslegitimación anticipada de resultados.
Los puntos clave
- El procurador Gregorio Eljach identificó la desinformación como el principal factor de riesgo para la segunda vuelta presidencial de 2026 en Colombia.
- La reunión se desarrolló en el marco del ‘Plan Democracia’, un mecanismo interinstitucional que reúne a la Procuraduría, ministros del gobierno y las Fuerzas Militares.
- La presencia de la cúpula militar en este espacio refleja la preocupación por las consecuencias que la desinformación puede tener sobre el orden público y la estabilidad social.
- Colombia ya registró un impacto significativo de noticias falsas en las elecciones de 2022, lo que convierte este fenómeno en una amenaza estructural y no coyuntural.
- La advertencia de la Procuraduría ocurre en un contexto de alta polarización política, lo que amplifica el efecto de los bulos y narrativas manipuladas en la opinión pública.
¿Qué significa esto?
Que el principal órgano de control disciplinario de Colombia eleve la desinformación al mismo nivel —o por encima— de amenazas tradicionales como la violencia electoral o el fraude en urnas, tiene implicaciones profundas. Significa que las instituciones reconocen que hoy la batalla por la democracia se libra también en pantallas de celular y en algoritmos de redes sociales. Los ciudadanos ya no solo son vulnerables a la intimidación física en los puestos de votación; también están expuestos a narrativas diseñadas para confundirlos, desmovilizarlos o radicalizarlos antes de emitir su voto.
El impacto concreto puede manifestarse de múltiples formas: desde rumores falsos sobre candidatos o resultados parciales que generan pánico o desconfianza, hasta campañas coordinadas para deslegitimar el proceso antes de que se conozca el resultado final. En ese escenario, la función pedagógica y preventiva de la Procuraduría se vuelve tan importante como la función sancionatoria. La pregunta que queda abierta es si las herramientas institucionales actuales son suficientes para enfrentar una amenaza que opera en tiempo real y escala masiva.
Perspectiva para América Latina
Lo que ocurre en Colombia es un espejo de una tendencia regional. Brasil, México, Venezuela, Argentina y Perú han visto cómo la desinformación altera el clima electoral, erosiona la confianza en las instituciones y profundiza las grietas sociales. En América Latina, donde la confianza en los sistemas electorales ya arrastra un déficit histórico, la desinformación actúa como un acelerador de la deslegitimación. Organizaciones como la OEA y el PNUD han advertido en múltiples informes que la región necesita marcos regulatorios actualizados y capacidades técnicas para combatir este fenómeno sin caer en censura.
El caso colombiano puede convertirse en un referente útil o en una advertencia. Si las instituciones logran articular una respuesta eficaz que combine verificación de hechos, educación ciudadana y coordinación entre plataformas digitales, habrán trazado un camino replicable. Si, en cambio, la desinformación logra contaminar el resultado o la percepción del proceso, el costo lo pagará no solo Colombia, sino la credibilidad de la democracia electoral en toda la región.
Lo que viene exige seguimiento minucioso. En los días previos y posteriores a la segunda vuelta, la calidad de la información que circula en redes sociales y medios será tan determinante como la logística del día de elecciones. Las declaraciones de Eljach son una alerta temprana; la respuesta ciudadana e institucional definirá si fue suficiente.



