Una médica de izquierda convertida en presidenta de un parlamento en el exilio regresó a Caracas después de ocho años fuera de Venezuela con una misión concreta: negociar con el chavismo las condiciones de una transición política. Dinorah Figuera aterrizó en la capital venezolana por encargo directo del Departamento de Estado de Estados Unidos, una designación que tomó por sorpresa incluso a los propios partidos de oposición venezolana y que desplazó a la figura más visible del antichavismo: María Corina Machado.
El hecho no es menor. Se trata del primer encuentro formal entre representantes del chavismo y la oposición desde las negociaciones previas a las elecciones presidenciales de 2024, un proceso que terminó envuelto en denuncias de fraude y en la detención del entonces presidente Nicolás Maduro el 3 de enero pasado. Que Washington haya decidido mover esta ficha ahora, y con esta figura en particular, revela una estrategia deliberada que merece ser analizada con detenimiento.
Desde News Media IA consideramos que este movimiento diplomático es uno de los más significativos en la política venezolana de los últimos años, precisamente porque sugiere que la administración Trump está dispuesta a avanzar hacia la tercera fase de su hoja de ruta para Venezuela: la transición política. Lo que parecía estancado en la estabilización económica comienza, al menos en apariencia, a moverse.
Contexto: ¿Qué hay detrás de esta noticia?
Para entender la designación de Figuera es necesario retroceder al 3 de enero, cuando la captura de Nicolás Maduro marcó un punto de quiebre en la política venezolana. Washington estableció desde entonces una especie de tutela sobre el gobierno de Delcy Rodríguez, quien como vicepresidenta asumió la presidencia interina. Las dos primeras fases de la estrategia estadounidense se concentraron en la estabilización económica e institucional del país, que acumula más de una década de crisis severa: una contracción del PIB superior al 70% entre 2013 y 2021, más de siete millones de migrantes venezolanos dispersos por el continente y una infraestructura pública devastada.
En paralelo, la oposición venezolana intentó reorganizarse. A finales del mes pasado, la Plataforma Unitaria —que agrupa a los principales partidos opositores— se reunió en Panamá y acordó que María Corina Machado liderara las negociaciones con el chavismo. Sin embargo, Washington optó por otro camino y otra figura. Figuera asumió su rol público con una frase directa: ‘Estoy asumiendo una invitación que me hizo el Departamento de Estado’. Esa transparencia sobre el origen del encargo dice mucho sobre la naturaleza de esta operación política.
El resultado inmediato de la visita fue la conformación de una mesa técnica y política paritaria entre gobierno y oposición, con el objetivo de construir ‘una hoja de ruta para un escenario democrático, plural e institucional’, según el comunicado oficial. Tommy Pigott, portavoz del Departamento de Estado, celebró públicamente el encuentro desde su cuenta en X, validando así el proceso ante la comunidad internacional.
Los puntos clave que debes conocer
- Dinorah Figuera regresó a Venezuela tras ocho años de exilio en España, donde vivía desde que denunció amenazas y acoso de las fuerzas de seguridad chavistas tras la muerte bajo custodia del concejal opositor Fernando Albán, su amigo y padrino de su hija.
- Figuera fue elegida presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015 en enero de 2023, cuando los miembros activos de ese parlamento decidieron reemplazar a Juan Guaidó tras el fracaso de su experimento político; el chavismo la acusó formalmente de usurpación, traición y otros delitos.
- La Asamblea Nacional de 2015, que Figuera preside simbólicamente, es el único órgano legislativo venezolano reconocido como legítimo por Estados Unidos y parte de la comunidad internacional, lo que le otorga una base jurídica e institucional para su actuación.
- Washington descartó a María Corina Machado como negociadora principal a pesar de que la Plataforma Unitaria la había designado para ese rol hace menos de un mes, una decisión que refleja diferencias estratégicas dentro del propio campo opositor sobre cómo lograr la transición.
- La mesa técnica y política resultante del encuentro entre Figuera y Jorge Rodríguez —presidente de la Asamblea Nacional chavista y hermano de Delcy Rodríguez— es el primer mecanismo formal de diálogo gobierno-oposición desde las fallidas negociaciones electorales de 2024.
¿Qué significa esto en la práctica?
La designación de Figuera por parte de Washington tiene consecuencias concretas que van más allá del simbolismo diplomático. En primer lugar, genera una fractura visible dentro de la oposición venezolana: la Plataforma Unitaria había apostado por Machado, una figura de perfil más confrontacional y con mayor visibilidad internacional, mientras que Figuera representa un perfil más negociador y con una trayectoria institucional reconocible. Esta tensión no es menor y podría complicar la cohesión opositora en los próximos meses, precisamente cuando más unidad se necesita.
En segundo lugar, el formato de mesa paritaria acordado implica que el chavismo —representado por Jorge Rodríguez, uno de sus operadores más duros— tendrá igual peso en la definición de la agenda que la oposición. Eso significa que cualquier acuerdo sobre una autoridad electoral ‘creíble’, el objetivo declarado de Figuera, deberá pasar por concesiones mutuas. La pregunta que muchos venezolanos se hacen es si el chavismo tiene genuino interés en una transición real o si está ganando tiempo y legitimidad internacional. La historia reciente invita a la cautela: el proceso de Barbados de 2023 también generó expectativas que luego se frustraron.
Para los millones de venezolanos en el exterior, especialmente los más de dos millones que viven en Colombia, estos movimientos diplomáticos impactan directamente sus posibilidades de retorno y sus condiciones de vida transnacional. Una transición creíble podría acelerar la normalización de remesas, documentación y eventual reunificación familiar. Un nuevo fracaso negociador, en cambio, prolongaría indefinidamente el éxodo.
Perspectiva para Colombia y América Latina
Colombia es el país más directamente afectado por cualquier movimiento político en Venezuela. Comparte más de 2.200 kilómetros de frontera, alberga a la mayor comunidad de migrantes venezolanos del mundo —estimada en más de 2,8 millones de personas— y tiene una economía cuya dinámica fronteriza está íntimamente ligada a la estabilidad del vecino. El presidente Gustavo Petro ha mantenido canales de diálogo con Caracas, pero la irrupción de Washington como actor directo en la negociación redefine el tablero regional y puede marginar la influencia colombiana en el proceso. Bogotá deberá decidir si se alinea con la hoja de ruta estadounidense o mantiene su propia aproximación.
Para el resto de América Latina, la señal es clara: Estados Unidos bajo Trump retoma un rol protagónico en la política venezolana, pero apostando a la negociación antes que a la presión pura. Esto contrasta con el enfoque de máxima presión que caracterizó el primer mandato de Trump. Países como Brasil, Argentina y Chile, que tienen posturas divergentes sobre Venezuela, tendrán que recalibrar sus posiciones ante un proceso que ahora tiene el sello directo de Washington. La región entera tiene interés en una Venezuela estable: el costo humano y económico de la crisis migratoria ha sido enorme para todos los países receptores.
Lo que viene: ¿Qué esperar?
Los próximos meses serán decisivos. La mesa técnica y política paritaria deberá definir una agenda de trabajo concreta, y el primer indicador de seriedad será si logra acordar los términos para la conformación de una autoridad electoral independiente. Hay que seguir de cerca tres variables: si Figuera logra construir consenso dentro de la oposición fragmentada, si el chavismo cumple los compromisos que suscriba en la mesa, y si Washington mantiene la presión económica como palanca negociadora o la suaviza prematuramente a cambio de concesiones simbólicas.
Desde News Media IA creemos que el mayor riesgo de este proceso es que se convierta en otro ejercicio de legitimación internacional del chavismo sin cambios reales en Venezuela. La comunidad internacional y, sobre todo, los venezolanos dentro y fuera del país merecen más que buenas fotos y comunicados. La credibilidad de este proceso se medirá en hechos verificables: presos políticos liberados, garantías electorales concretas y libertad de prensa efectiva. Sin esos indicadores, cualquier ‘hoja de ruta democrática’ seguirá siendo, lamentablemente, solo papel.
Preguntas frecuentes
¿Por qué EE.UU. eligió a Figuera en lugar de María Corina Machado para negociar?
Washington parece haber optado por un perfil más institucional y negociador que el de Machado, quien tiene una postura más confrontacional con el chavismo y podría dificultar el diálogo. Figuera, como presidenta de la AN electa en 2015, tiene una base jurídica reconocida por EE.UU. y un estilo menos polarizador, aunque esta decisión ha generado malestar dentro de la propia oposición venezolana.
¿Qué autoridad real tiene Dinorah Figuera sobre la oposición venezolana?
Figuera preside simbólicamente la Asamblea Nacional elegida en 2015, el único parlamento reconocido por EE.UU. como legítimo, pero su influencia sobre los partidos opositores activos dentro de Venezuela es limitada. Su autoridad en este proceso proviene principalmente del respaldo del Departamento de Estado, no de un mandato amplio de la oposición interna.
¿Qué posibilidades reales tiene esta negociación de lograr una transición en Venezuela?
Las perspectivas son inciertas: procesos similares como el de Barbados en 2023 generaron expectativas que no se materializaron. Sin embargo, el contexto actual es diferente porque Maduro está detenido y EE.UU. tiene mayor influencia sobre el gobierno interino de Delcy Rodríguez. El éxito dependerá de si el chavismo acepta condiciones electorales verificables y si Washington mantiene su presión sin ceder demasiado rápido.



