Un operativo de fuerzas especiales del Ejército Nacional de Colombia habría neutralizado en zona rural del municipio de Briceño, Antioquia, a integrantes de las disidencias de las FARC presuntamente responsables del asesinato del joven periodista Mateo Pérez. Entre los posibles bajas figura alias Chalá, cabecilla señalado directamente del homicidio del comunicador y sobre quien la Gobernación de Antioquia había ofrecido una recompensa de hasta 300 millones de pesos por información que condujera a su captura.
La operación, sin embargo, no está exenta de tensiones: el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, alertó públicamente que el grupo armado ilegal estaría instrumentalizando a pobladores de la región para impedir que las autoridades accedan a los cuerpos y lleven a cabo la verificación forense correspondiente. La situación mantiene en vilo a las comunidades del norte antioqueño y plantea interrogantes sobre el verdadero alcance del golpe military.
Contexto y antecedentes
Mateo Pérez era un joven periodista que ejercía su labor en Briceño, uno de los municipios del norte de Antioquia históricamente más golpeados por el conflicto armado colombiano. Su desaparición generó una ola de indignación en el gremio periodístico nacional y puso nuevamente en el centro del debate la crítica situación de seguridad que enfrentan los comunicadores en zonas dominadas por grupos armados ilegales. El hallazgo de su carné periodístico en una vereda aledaña al lugar de los hechos fue uno de los indicios que confirmaron el peor desenlace.
Alias Chalá operaba como uno de los mandos medios de las disidencias de las FARC en esa subregión, un grupo que ha disputado el control territorial en el norte antioqueño con otras estructuras armadas y con el propio Estado. Briceño fue escenario de los procesos de reincorporación tras los Acuerdos de Paz de 2016, pero la presencia de disidentes que rechazaron ese proceso convirtió al municipio en uno de los focos de violencia más persistentes del departamento en los años siguientes.
La recompensa ofrecida por la Gobernación de Antioquia —300 millones de pesos— evidencia la prioridad política y de seguridad que representaba la captura o neutralización de este actor armado. Su presunto abatimiento, de confirmarse, representaría uno de los golpes más simbólicos contra la estructura que asesinó al periodista.
Los puntos clave
- Un grupo de operaciones especiales del Ejército colombiano habría neutralizado en Briceño, Antioquia, a guerrilleros de las disidencias FARC presuntamente responsables del asesinato del periodista Mateo Pérez.
- Alias Chalá, el presunto autor intelectual y material del crimen contra el comunicador, figura entre los posibles abatidos, aunque las autoridades aún no han confirmado oficialmente su identidad.
- La Gobernación de Antioquia ofrecía una recompensa de 300 millones de pesos por información sobre el paradero de alias Chalá, lo que subraya la relevancia operativa del objetivo.
- Pobladores de la zona estarían siendo utilizados por las disidencias FARC para obstaculizar el acceso de las autoridades a los cuerpos y dificultar la verificación forense de los resultados del operativo.
- El carné de Mateo Pérez fue hallado en una vereda cercana al lugar de su asesinato, siendo una de las pruebas clave que vincularon al grupo armado con el crimen.
¿Qué significa esto?
Si las autoridades colombianas logran confirmar la identidad de los abatidos —en particular la de alias Chalá—, el operativo representará mucho más que un resultado militar: será un mensaje contundente sobre la capacidad del Estado para llegar a quienes atentan contra la prensa libre en territorios de difícil acceso. El asesinato de periodistas en zonas de conflicto suele quedar en la impunidad, no por falta de voluntad investigativa, sino por las barreras geográficas, el miedo en las comunidades y el poderío intimidatorio de los grupos armados. Una respuesta efectiva rompería ese patrón, al menos simbólicamente.
No obstante, el uso de civiles como escudo o como obstáculo logístico por parte de las disidencias revela una táctica de guerra que pone en riesgo a las comunidades rurales y complica enormemente la labor de verificación. Esta instrumentalización de pobladores no es nueva en el conflicto colombiano, pero su aparición en este episodio concreto añade una capa de complejidad humanitaria que las autoridades deberán gestionar con suma delicadeza para no erosionar la confianza de las comunidades afectadas.
Perspectiva para América Latina
El asesinato de Mateo Pérez y la operación que busca hacer justicia por su muerte se inscriben en un patrón regional preocupante: según organizaciones como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y Reporteros Sin Fronteras, América Latina continúa siendo la región más peligrosa del mundo para ejercer el periodismo. Colombia, México, Honduras y Brasil concentran gran parte de los casos de periodistas asesinados o desaparecidos en el continente, frecuentemente en coberturas vinculadas al conflicto armado, el narcotráfico o la corrupción local.
La respuesta del Estado colombiano ante este caso será observada de cerca por organizaciones de libertad de prensa y por gobiernos de la región como un indicador de la voluntad institucional de proteger a quienes informan desde las zonas más vulnerables. En un continente donde la impunidad en crímenes contra periodistas supera el 90%, cada caso resuelto —o no resuelto— envía una señal de largo alcance sobre el costo real de silenciar a la prensa.
Las próximas horas serán decisivas: la confirmación oficial de la identidad de los abatidos, el acceso de peritos forenses a la zona y la posición del Gobierno nacional frente a los hechos marcarán el rumbo de este caso. La comunidad periodística colombiana, las organizaciones de derechos humanos y las familias afectadas esperan resultados verificables que transformen este operativo en justicia real y no en otra cifra más en un conflicto que aún no termina.



