El cambio climático no respeta ni el fútbol. Un grupo de científicos especializados en clima ha lanzado una advertencia contundente: el calor extremo podría convertirse en uno de los grandes protagonistas del Mundial de Fútbol 2026, poniendo en riesgo la salud de jugadores y aficionados por igual.
Un torneo muy distinto al de 1994
Este verano, la Copa del Mundo regresa a Norteamérica por primera vez desde aquella memorable edición de 1994. Sin embargo, el planeta que recibirá a los equipos en 2026 es muy diferente. En tres décadas, el calentamiento global ha transformado de forma radical las condiciones meteorológicas del continente.
La doctora Friederike Otto, profesora de ciencia del clima en el Imperial College London y cofundadora de World Weather Attribution (WWA), lo resume con claridad: ‘El Mundial de 1994 quizá no parezca tan lejano para muchos adultos hoy, pero desde entonces se ha producido ya la mitad del cambio climático inducido por la actividad humana’.
Estados Unidos acaba de registrar el periodo de 12 meses más caluroso de toda su serie histórica según la NOAA, lo que enciende todas las alarmas de cara a un torneo que se disputará en 16 ciudades de Canadá, Estados Unidos y México.
El riesgo de calor se ha duplicado desde el último Mundial en Norteamérica
Un nuevo informe de WWA revela un dato que debería preocupar a los organizadores: el riesgo de calor extremo durante los partidos se ha duplicado en algunos estadios respecto a 1994. La gran dispersión geográfica de las sedes agrava el problema, ya que los jugadores tendrán que adaptarse a condiciones climáticas muy distintas entre ciudad y ciudad.
Los organizadores ya han anunciado medidas preventivas, como horarios de inicio más tardíos y pausas obligatorias para hidratarse. Aun así, el informe advierte que tanto deportistas como espectadores podrían estar expuestos a temperaturas peligrosas en un número significativo de encuentros.
Una cuarta parte de los partidos, bajo amenaza térmica
Según las estimaciones de WWA, aproximadamente el 25% de los partidos se disputarán con temperaturas superiores a los 26 grados Celsius de temperatura de bulbo húmedo y de globo (WBGT), un indicador que combina temperatura del aire, humedad, viento y radiación solar para medir el impacto real del calor sobre el cuerpo humano.
El doctor Chris Mullington, anestesista y profesor clínico en el Imperial College London, explica por qué este índice es más relevante que el termómetro convencional: ‘Un día de 30 grados con ambiente seco y brisa es muy distinto de un día de 30 grados con mucha humedad, sol intenso y poco viento. La alta humedad reduce la evaporación del sudor, limitando el principal mecanismo de refrigeración del organismo’.
Con 26 grados WBGT ya se considera un riesgo de estrés térmico moderado a alto durante actividades intensas como el fútbol profesional. En ese umbral, ‘el rendimiento de los jugadores puede resentirse’, advierte Mullington.
Pausas de hidratación y una gran discrepancia normativa
Para mitigar los riesgos, el Mundial 2026 contempla pausas obligatorias de tres minutos a mitad de cada parte, dividiendo efectivamente los partidos en cuatro periodos. Una medida que, pese a ser un avance, podría resultar insuficiente.
El informe apunta que alrededor de cinco partidos podrían jugarse con temperaturas de 28 grados WBGT, un nivel que el sindicato mundial de futbolistas profesionales, FIFPRO, considera directamente inseguro y ante el cual recomienda el aplazamiento de los encuentros. Sin embargo, el reglamento oficial de la FIFA solo contempla suspender un partido cuando se superen los 32 grados WBGT, una brecha normativa que preocupa a los expertos.
‘Por encima de los 28 grados, el riesgo de sufrir patologías graves por calor resulta aún más preocupante, no solo para los jugadores, sino también para los cientos de miles de aficionados en los estadios y en los festivales al aire libre’, señala el doctor Mullington. ‘El golpe de calor, la forma más grave de enfermedad relacionada con el calor, puede ser mortal, y las personas mayores y quienes padecen patologías previas son especialmente vulnerables’.
Un llamado de atención que va más allá del fútbol
Los científicos del clima aprovechan este contexto para lanzar un mensaje más amplio a la FIFA, a los aficionados y a la sociedad en general: ningún ámbito de la vida queda al margen del cambio climático. El deporte rey, con su capacidad de congregar a millones de personas en todo el mundo, puede convertirse en un poderoso altavoz para visibilizar una crisis que ya no es futura, sino completamente presente.



