El próximo Mundial de fútbol que se disputará en Norteamérica en 2026 no solo enfrentará retos deportivos: el cambio climático se ha convertido en uno de los mayores desafíos para la organización del torneo. Científicos especializados en climatología han lanzado una advertencia seria a la FIFA y a los millones de aficionados que esperan vivir la fiesta del fútbol en Canadá, Estados Unidos y México.

Tres décadas de cambio climático acelerado

La última vez que Norteamérica acogió una Copa del Mundo fue en 1994. Han pasado 32 años y el planeta no es el mismo. Los fenómenos meteorológicos extremos son hoy más frecuentes e intensos, impulsados directamente por la actividad humana.

La doctora Friederike Otto, profesora de ciencia del clima en el Imperial College de Londres y cofundadora de la iniciativa World Weather Attribution (WWA), lo resume con claridad: ‘Desde el Mundial del 94 hasta hoy se ha producido la mitad del cambio climático inducido por la actividad humana’. Una cifra que pone en perspectiva la velocidad con la que el mundo se está transformando.

Para agravar el escenario, Estados Unidos acaba de registrar el periodo de 12 meses consecutivos más caluroso de toda su serie histórica, según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Este contexto genera una preocupación real por la seguridad de jugadores y espectadores durante el torneo.

El riesgo de calor se ha duplicado en algunos estadios

Un nuevo informe elaborado por WWA revela datos alarmantes: el riesgo de calor extremo durante los partidos se ha duplicado en ciertos estadios desde 1994. Ante esta realidad, los organizadores ya han anunciado medidas como horarios de inicio más tardíos y pausas obligatorias para la hidratación. Sin embargo, los expertos advierten que estas precauciones podrían no ser suficientes.

Según las proyecciones de WWA, aproximadamente una cuarta parte de los partidos del torneo se disputarán con temperaturas que superarán los 26 grados Celsius medidos en temperatura de bulbo húmedo y de globo (WBGT, por sus siglas en inglés). Este indicador tiene en cuenta no solo la temperatura del aire, sino también la humedad, la velocidad del viento y la radiación solar, ofreciendo una medida más precisa del impacto real del calor sobre el cuerpo humano.

Cuando el calor deja de ser una incomodidad y se convierte en peligro

El doctor Chris Mullington, anestesista y profesor clínico del Imperial College, explica la diferencia que puede marcar la humedad: ‘Un día de 30 grados con ambiente seco y brisa es completamente distinto de un día de 30 grados con mucha humedad, sol intenso y poco viento. La alta humedad reduce la evaporación del sudor, limitando el principal mecanismo de refrigeración del organismo’.

Un valor de 26 grados WBGT ya se considera un riesgo moderado-alto de estrés térmico en actividades extenuantes como el fútbol profesional. En estas condiciones, el rendimiento de los jugadores puede verse seriamente afectado.

Más preocupante aún es la previsión de que alrededor de cinco partidos se celebren con valores de 28 grados WBGT, un umbral que el sindicato mundial de futbolistas FIFPRO considera directamente inseguro y para el que recomienda el aplazamiento de los encuentros. Sin embargo, el reglamento oficial de la FIFA solo contempla esta medida cuando se superan los 32 grados WBGT, lo que deja un margen inquietante.

Una amenaza que va más allá del césped

El peligro no se limita a los jugadores. ‘Por encima de los 28 grados, el riesgo de sufrir patologías graves por calor resulta aún más preocupante, no solo para los futbolistas, sino también para los cientos de miles de aficionados en los estadios y en los festivales al aire libre’, advierte el doctor Mullington.

El golpe de calor, la manifestación más grave de las enfermedades relacionadas con las altas temperaturas, puede ser mortal. Las personas mayores y quienes padecen enfermedades previas son las más vulnerables ante estas situaciones extremas.

La gran dispersión geográfica de las 16 sedes del torneo añade otro factor de riesgo: los jugadores deberán adaptarse constantemente a condiciones climáticas muy distintas entre sí, lo que complica la preparación física y la gestión del esfuerzo a lo largo de la competición.

Desde la comunidad científica, el mensaje es claro: el cambio climático no respeta ni siquiera al deporte más popular del mundo, y el Mundial 2026 podría convertirse en un espejo incómodo de los retos que la humanidad tiene por delante.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 14 de mayo de 2026
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