A finales de diciembre de 2024, un carguero ruso se hundió a 2.500 metros de profundidad frente a las costas de Argelia y España. Lo que en principio parecía un simple accidente marítimo ocultaba un secreto de dimensiones geopolíticas: el buque transportaba componentes de reactores nucleares con destino, presuntamente, a Corea del Norte.

Un barco con muchos nombres y más secretos

El Ursa Major, anteriormente conocido como Sparta, formaba parte de la llamada ‘flota fantasma’ rusa, ese entramado de unos 600 buques que Moscú utiliza para eludir las sanciones internacionales. Según la plataforma de información marítima Equasis, el carguero había cambiado de bandera hasta en seis ocasiones desde su construcción en 2009 y pertenecía a la naviera SC-SOUTH LLC, subsidiaria de Oboronlogistika, empresa sancionada tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea por prestar servicios logísticos al Ministerio de Defensa ruso.

El 11 de diciembre de 2024, el buque partió desde Ust-Luga, el puerto petersburgués situado frente al golfo de Finlandia, uno de los enclaves estratégicos más vigilados y atacados por los drones ucranianos. Desde allí navegó hacia el oeste, bordeó la costa danesa, cruzó el mar del Norte y el Báltico, y puso rumbo al sur de Europa.

La inteligencia ucraniana y el misterio del hundimiento

En la segunda quincena de diciembre, el GUR, la agencia de inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania, informó de que un carguero ruso identificado como Sparta se encontraba averiado en el Mediterráneo, supuestamente por un fallo en el motor. Kiev aseguró que el barco se dirigía a Siria con material militar, pero en ningún momento se atribuyó acción de sabotaje alguna.

Lo llamativo es que el hundimiento del Ursa Major nunca apareció en los registros oficiales de objetivos atacados por los drones navales ucranianos, a diferencia de decenas de embarcaciones de la flota fantasma rusa que sí han sido alcanzadas. El misterio quedó flotando, literalmente, en las aguas del Mediterráneo.

España en el centro de la historia

Fue el rotativo murciano La Verdad de Murcia quien destapó, un año después, el verdadero alcance del asunto mediante una exhaustiva investigación. El periódico reveló que el barco transportaba piezas para ensamblar reactores nucleares similares a los empleados en submarinos atómicos, con destino final en Rason, la ciudad portuaria norcoreana aliada del Kremlin.

La noticia sacudió el Parlamento español. El 12 de enero de 2025, cuatro diputados del Partido Popular registraron una pregunta formal al Gobierno sobre el rescate del Ursa Major. La respuesta llegó el 23 de febrero, reconstruyendo una historia digna de la Guerra Fría.

Según los datos aportados por la Capitanía de Cartagena, ciudad murciana ubicada a apenas 110 kilómetros del lugar del hundimiento, y el Centro Nacional de Coordinación de Salvamento, los equipos españoles trabajaron durante 10 horas para rescatar a 14 de los 16 tripulantes. Durante las labores, tuvieron que lidiar además con la presencia de un buque de guerra ruso que intentó asumir el control de las operaciones antes de que el carguero se fuera definitivamente a pique.

Componentes nucleares en el fondo del mar

La información recopilada por el Gobierno español y recogida posteriormente por la CNN confirmó que el Ursa Major transportaba, junto a más de un centenar de contenedores vacíos, varios componentes de dos reactores nucleares, incluidas las cubiertas exteriores, del tipo utilizado en submarinos de propulsión atómica.

Esos materiales permanecen ahora en el fondo del Mediterráneo, a 2.500 metros de profundidad, sin que ningún gobierno haya explicado con claridad qué sucederá con ellos ni qué riesgos medioambientales o de seguridad pueden representar a largo plazo.

El caso del Ursa Major ilustra con crudeza las redes opacas que Rusia ha tejido para sortear las sanciones occidentales y seguir armando a sus aliados, aunque el precio sea hundir secretos peligrosos en el fondo del mar.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 14 de mayo de 2026
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