Un nuevo y potente fenómeno de El Niño está tomando forma, y los científicos advierten que podría convertirse en el más intenso registrado desde al menos 1950. Sus consecuencias podrían afectar a cientos de millones de personas en todo el mundo y dejar secuelas que se extiendan durante décadas.
Qué es El Niño y por qué importa
El Niño es un ciclo meteorológico natural del océano Pacífico que se caracteriza por la presencia de aguas inusualmente cálidas cerca del ecuador. Este calentamiento altera la circulación atmosférica y provoca cambios en los patrones climáticos de todo el planeta, muy lejos de donde se origina.
Sus efectos pueden ir desde inundaciones devastadoras en algunas regiones, hasta sequías prolongadas, olas de calor extremas e incendios forestales en otras. Las pérdidas agrícolas son frecuentes, y los arrecifes de coral sufren episodios masivos de blanqueamiento y mortalidad debido al aumento de la temperatura del mar.
Lecciones de los grandes El Niño del pasado
Los episodios más intensos registrados ocurrieron en 1982-83, 1997-98 y 2015-16. Cada uno dejó huellas profundas tanto en los ecosistemas como en las economías de múltiples países.
Un estudio publicado en la revista Science en 2023 concluyó que El Niño puede frenar el crecimiento económico de los países durante varios años, incluso después de que las aguas cálidas hayan retrocedido. Los investigadores estimaron que el fenómeno de 1982-83 provocó pérdidas globales de ingresos de 4,1 billones de dólares, mientras que el de 1997-98 generó pérdidas de 5,7 billones de dólares en un período de cinco años.
Precisamente este último episodio, conocido como el ‘El Niño del Siglo’, es el que los científicos utilizan como referencia para anticipar lo que podría ocurrir con el próximo evento.
Un escenario de incertidumbre creciente
No hay dos El Niño idénticos. Algunos modelos informáticos sugieren que el próximo episodio podría superar en intensidad a todos los anteriores, aunque este no es el escenario más probable. La gran incógnita es que su magnitud máxima solo se conocerá cuando el fenómeno alcance su punto álgido.
Lo que sí está casi garantizado, según los climatólogos, es que un El Niño intenso empujará las temperaturas globales a niveles récord. El enorme volumen de agua oceánica caliente transfiere gran parte de su energía a la atmósfera, lo que acelera el calentamiento del planeta en su conjunto.
Mayor capacidad de previsión, pero también más vulnerabilidades
Una diferencia clave respecto a los episodios pasados es que hoy contamos con mejores herramientas de predicción meteorológica, lo que permite anticipar los efectos más graves con mayor antelación y preparar respuestas más eficaces.
Sin embargo, esta ventaja se ve amenazada por los recortes en los presupuestos de ayuda humanitaria y por decisiones políticas que debilitan la capacidad de respuesta internacional. Los países más vulnerables son los que más sufren estas limitaciones, precisamente aquellos que menos recursos tienen para recuperarse de un desastre climático.
Un desafío global con consecuencias locales
El próximo súper El Niño no es solo un fenómeno meteorológico: es una prueba de fuego para la cooperación internacional, los sistemas de alerta temprana y la resiliencia de las comunidades más frágiles del planeta. Lo que aprendimos de los eventos anteriores debe servir de guía, aunque la historia también nos recuerda que cada El Niño tiene su propio carácter y que las sorpresas son parte de su naturaleza.



