Colombia se encamina hacia una de sus elecciones presidenciales más polarizadas en años recientes. Las encuestas más importantes del país coinciden en un punto central: Iván Cepeda, candidato del oficialista Pacto Histórico, llegará primero en la primera vuelta de 2026, pero sin los votos suficientes para evitar un ballotage. La gran pregunta que definirá el rumbo del país no es quién encabeza la carrera, sino quién será su rival en la segunda vuelta.
Tres figuras concentran hoy la atención del electorado colombiano: Cepeda por el oficialismo, y Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia por una oposición que compite internamente por consolidarse como la alternativa real al proyecto político de Gustavo Petro. Las encuestas presenciales de las firmas Invamer, Guarumo-EcoAnalítica y el Centro Nacional de Consultoría ofrecen un panorama claro en cuanto al liderazgo, pero revelan una batalla reñida y abierta por el segundo lugar.
Contexto y antecedentes
Las elecciones presidenciales de 2026 emergen en un Colombia marcado por el agotamiento y la polarización que ha dejado el gobierno de Gustavo Petro. Desde que el líder de izquierda llegó al poder en 2022, el país experimentó reformas ambiciosas —salud, pensiones, trabajo— muchas de ellas bloqueadas o diluidas en el Congreso, escándalos de corrupción dentro del gobierno y una estrategia de ‘paz total’ con grupos armados que generó tanto expectativa como críticas. Este clima definió el terreno sobre el cual los tres candidatos principales construyeron sus propuestas.
Las consultas interpartidistas de marzo de 2026 fueron un primer termómetro decisivo. Cepeda, legislador de larga trayectoria y figura cercana a Petro, ganó la consulta del Pacto Histórico el año anterior aunque no pudo participar en las de marzo, posicionándose como el heredero natural del voto petrista. En el campo opositor, Paloma Valencia venció en la Gran Consulta por Colombia, mientras que De la Espriella optó por presentarse por firmas como independiente, construyendo una imagen de ‘outsider’ con respaldo de clanes políticos regionales importantes como la casa Char de Barranquilla y el movimiento Creemos de Antioquia.
El expresidente Álvaro Uribe Vélez sigue siendo una figura gravitacional en esta contienda, aunque desde la sombra. Cepeda sostuvo con él un largo y mediático enfrentamiento judicial por un caso de falsos testigos que terminó con la absolución de Uribe. Valencia, por su parte, es la candidata del Centro Democrático, el partido fundado por el propio Uribe, lo que la convierte en la representante directa de ese legado político.
Los puntos clave
- Cepeda lidera con claridad pero sin mayoría absoluta: las tres encuestas principales lo ubican entre el 33,4% y el 44,6% de intención de voto, porcentajes que en todos los escenarios lo dejarían corto del 50% más un voto necesario para ganar en primera vuelta.
- De la Espriella disputa el segundo lugar con fuerza: el abogado mide entre el 27,5% y el 31,6% según los distintos sondeos, lo que lo posiciona como el principal rival de Cepeda en un potencial ballotage, aunque su candidatura arrastra cuestionamientos sobre su trayectoria profesional y actitudes durante la campaña.
- Paloma Valencia enfrenta una brecha significativa: sus números oscilan entre el 12,6% y el 21,7%, una dispersión amplia que refleja incertidumbre sobre su capacidad de consolidar el voto de centro que persigue con la inclusión de Juan Daniel Oviedo como su fórmula vicepresidencial.
- De la Espriella ha construido su campaña bajo el modelo Bukele: propone mano dura en seguridad y manejo técnico de la economía, apoyándose en José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda, como carta de solvencia económica frente al electorado opositor.
- Cepeda evita debates y concentra su discurso contra la derecha: su estrategia consiste en activar la base petrista mientras se desmarca de los escándalos del gobierno actual, evitando temas como la Asamblea Constituyente que generaron división interna.
¿Qué significa esto?
El escenario que dibujan las encuestas plantea una Colombia donde la segunda vuelta será el verdadero momento de definición. Si De la Espriella logra consolidarse como el candidato opositor, el ballotage se convertiría en un enfrentamiento ideológico nítido entre la izquierda petrista y una derecha de perfil duro, con propuestas radicalmente distintas en materia de seguridad, modelo económico y política social. Si, en cambio, Valencia logra remontar y llegar segunda, la segunda vuelta podría tener un tono más moderado, con una competencia entre el oficialismo y una derecha más institucional ligada al legado uribista.
Para la ciudadanía colombiana, lo que está en juego es la dirección del país en un momento de profunda fatiga política. Quienes apoyan a Cepeda buscan continuidad y profundización de las reformas sociales sin los escándalos de la gestión actual. Quienes respaldan a De la Espriella apuestan por una ruptura total con el modelo Petro. Y quienes miran hacia Valencia esperan una salida institucional, más predecible y con anclas al centro político. Cada uno de estos escenarios tendrá consecuencias directas sobre el manejo de la economía, el proceso de paz con grupos armados y las relaciones exteriores del país.
Perspectiva para América Latina
La carrera presidencial colombiana tiene una resonancia particular en América Latina porque Colombia se ha convertido en uno de los experimentos políticos más observados de la región. La llegada de Petro al poder en 2022 fue interpretada como parte de la ‘marea rosa’ latinoamericana, junto con los triunfos de Lula en Brasil, Boric en Chile y Xiomara Castro en Honduras. Una eventual derrota del oficialismo en 2026 —especialmente frente a un candidato de perfil Bukele como De la Espriella— sería leída como un retroceso de esa ola y una señal de advertencia para gobiernos de izquierda en la región que han enfrentado desgaste similar.
La figura de Nayib Bukele, presidente de El Salvador, sigue proyectando su influencia sobre la política latinoamericana de maneras concretas: De la Espriella lo toma abiertamente como modelo. Este fenómeno revela que el ‘bukelismo’ —combinación de discurso antisistema, mano dura y gestión técnica— se ha convertido en una fórmula electoral exportable que varios sectores conservadores de la región están adoptando como alternativa al establishment tradicional.
Las elecciones presidenciales de Colombia están programadas para el 31 de mayo de 2026, con una eventual segunda vuelta el 21 de junio. En las próximas semanas, los debates presidenciales —si finalmente Cepeda accede a participar en ellos— y la evolución de las encuestas serán los principales indicadores a seguir para entender si el panorama actual se consolida o si alguno de los tres candidatos logra un movimiento de último momento que cambie las reglas del juego.



