Una ola de calor sin precedentes históricos está sacudiendo Europa Occidental en plena primavera de 2025, y los números que está dejando atrás resultan tan extremos que incluso los científicos más veteranos admiten estar sorprendidos. En Reino Unido, el termómetro superó los 35°C en mayo, más de 2°C por encima del récord histórico para ese mes. En Francia se han batido cientos de marcas en todo el territorio. Irlanda, Alemania, Italia, España y Suiza también registran temperaturas inusualmente altas para la estación.

Lo que hace especialmente alarmante este episodio no es solo el calor en sí, sino la magnitud con la que se están rompiendo los registros. Mientras que en un clima estable sería esperable superar un récord centenario por apenas décimas de grado, esta semana algunos países lo han superado por dos o tres grados completos. ‘Es una locura alucinante’, declaró Peter Thorne, director del Centro de Investigación Climática Icarus de la Universidad de Maynooth, en Irlanda. Para la comunidad científica, ese margen no es una anomalía estadística: es una señal inequívoca del estado del clima planetario.

Contexto y antecedentes

La causa inmediata de esta situación es un fenómeno conocido como ‘domo de calor’: una zona de alta presión que queda atrapada sobre el continente, actuando como una tapa que retiene el aire cálido e impide su dispersión. Este tipo de configuración meteorológica no es nueva, pero su combinación con el calentamiento global acumulado la convierte en un evento cualitativamente distinto a los del pasado.

Europa es, de hecho, el continente que más rápido se está calentando del planeta. Según el servicio climático europeo Copernicus, en los últimos 30 años la temperatura media del continente ha aumentado a un ritmo de 0,56°C por década, más del doble del promedio mundial. Ese incremento sostenido actúa como una base elevada sobre la cual cualquier evento extremo se dispara hacia territorios sin precedentes. ‘Cuando se produce una ola de calor, esta se manifiesta con mayor severidad, ya que ocurre sobre un clima que ya de por sí se está calentando’, explicó Richard Betts, jefe de investigación sobre impactos climáticos en la Met Office británica.

El fenómeno tampoco se limita a Europa. Esta misma semana, Delhi, India, alcanzó los 45°C, en una sincronía de calor extremo global que refuerza el diagnóstico de los especialistas. Betts, con 33 años de carrera como climatólogo, fue contundente: ‘Estamos presenciando exactamente el tipo de fenómenos sobre los que advertíamos en aquel entonces, aunque estos récords son, tal vez, más extremos y están llegando antes de lo que habíamos previsto’.

Los puntos clave

  • Reino Unido superó los 35°C en mayo, más de 2°C por encima del récord histórico para ese mes, una marca que la Met Office califica de excepcional incluso para pleno verano.
  • Francia registró cientos de récords de temperatura simultáneamente en todo su territorio, configurando una ola de calor primaveral sin precedentes según Météo-France.
  • Europa se calienta al doble de velocidad que el promedio mundial: 0,56°C por década en los últimos 30 años, según el servicio Copernicus de la Unión Europea.
  • El ‘domo de calor’ es el detonante inmediato, pero los científicos señalan que el cambio climático de origen humano, impulsado por la quema de carbón, petróleo y gas, es lo que convierte estos eventos en récords históricos.
  • Los récords no solo se baten, se pulverizan: el profesor Erich Fischer, del Instituto ETH de Zúrich, advierte que superar por 2 o 3 grados un récord de más de un siglo es estadísticamente extraordinario y apunta directamente al calentamiento acelerado.

¿Qué significa esto?

La diferencia entre ‘batir un récord’ y ‘pulverizar un récord’ es mucho más que semántica. Erich Fischer lo ilustró con una metáfora precisa: si un atleta bate el récord mundial de salto de altura, se espera que lo supere por un centímetro, no por 30. Cuando los registros climáticos acumulados durante más de un siglo se rompen de golpe por varios grados, la explicación no puede ser simplemente la variabilidad natural. Ese patrón es la huella del calentamiento global acumulado, y su aceleración en Europa convierte episodios que antes eran raros en potencialmente recurrentes en las próximas décadas.

Las consecuencias son concretas e inmediatas: mayor mortalidad en personas mayores y vulnerables, estrés hídrico, riesgo de incendios forestales en primavera —antes de que comience oficialmente el verano—, afectación a cosechas tempranas y una presión adicional sobre sistemas de salud que no estaban preparados para gestionar olas de calor en mayo. El hecho de que este episodio ocurra tan temprano en el año es, en sí mismo, un indicador de que el calendario climático de Europa se está transformando estructuralmente.

Perspectiva para América Latina

Para América Latina, esta noticia no es ajena ni lejana. La región ya convive con sus propias expresiones del calentamiento global: sequías históricas en la Amazonía, olas de calor cada vez más intensas en Argentina, Chile y Brasil, y la acelerada pérdida de glaciares en los Andes que compromete el agua dulce de millones de personas. Lo que ocurre en Europa occidental es un espejo adelantado de dinámicas que ya están en curso en el sur global, y con menor capacidad de respuesta institucional y sanitaria. Además, la presión sobre los mercados agrícolas europeos derivada de estas condiciones extremas puede traducirse en volatilidad de precios de alimentos que afecte directamente a economías latinoamericanas altamente dependientes de las importaciones.

El caso europeo también tiene un valor político para la región: si los países más ricos y mejor preparados del mundo están siendo golpeados por fenómenos que ‘llegan antes de lo previsto’, según los propios científicos, el argumento de postergar la transición energética se vuelve cada vez más insostenible. América Latina, con una enorme riqueza en energías renovables, tiene tanto la urgencia como la oportunidad de acelerar ese camino.

La situación en Europa seguirá siendo monitoreada en las próximas semanas, especialmente de cara a un verano que podría consolidarse como uno de los más extremos de la historia del continente. Los próximos informes de atribución climática —estudios que cuantifican cuánto del calor es directamente atribuible al cambio climático— aportarán datos más precisos. Lo que ya no admite debate, según la comunidad científica, es la dirección del fenómeno: más calor, más temprano, con márgenes cada vez más amplios sobre los registros del pasado.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 27 de mayo de 2026
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