El coste de la guerra que Estados Unidos mantiene contra Irán ha escalado hasta los 29.000 millones de dólares (aproximadamente 24.700 millones de euros), según reveló el Pentágono. La cifra supone un incremento de unos 4.000 millones respecto a la estimación publicada apenas dos semanas antes, y refleja la magnitud de un conflicto que genera cada vez más controversia dentro del propio Gobierno estadounidense.
Hegseth en el punto de mira del Congreso
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, compareció ante legisladores de ambas cámaras durante una sesión que se prolongó más de cuatro horas. Republicanos y demócratas lo sometieron a un interrogatorio sin concesiones sobre el rumbo del conflicto, el deterioro de los arsenales militares y la estrategia final del presidente Donald Trump.
Lo más llamativo fue que esta vez Hegseth recibió una presión inusualmente fuerte desde dentro de su propio partido. En comparación con la audiencia del mes anterior, el tono del secretario fue más moderado, pero las críticas no cesaron.
El interventor del Pentágono, Jay Hurst, precisó que la estimación económica no contempla el coste de reparar o reconstruir las bases militares estadounidenses dañadas en la región, lo que significa que la factura real podría ser aún mayor. Gran parte de los fondos ya utilizados se han destinado a la reposición de munición y a la reparación de equipos militares deteriorados.
¿Se están agotando las municiones?
Ante las acusaciones de que Washington está vaciando sus reservas de armamento, Hegseth fue contundente: ‘Discrepo de la caracterización de que las municiones se están agotando en un foro público’, afirmó. ‘Eso no es cierto’, añadió.
Sin embargo, al mismo tiempo reconoció ante los legisladores que la administración Trump trabaja activamente para aumentar la producción de armas. Una contradicción que no pasó inadvertida para muchos congresistas.
El representante republicano por California Ken Calvert, presidente del subcomité de la Cámara de Representantes encargado del gasto en defensa, cuestionó abiertamente si el conflicto está debilitando la preparación militar a largo plazo del país. ‘Persisten las dudas sobre si estamos construyendo la profundidad y la confianza necesarias para un conflicto de alto nivel’, advirtió Calvert.
Sin un plan claro para poner fin a la guerra
Cuando los legisladores preguntaron por una posible hoja de ruta para concluir el conflicto, Hegseth respondió con vaguedad: Washington tiene ‘un plan para escalar si es necesario’, ‘un plan para retroceder si es necesario’ y ‘un plan para desplazar activos’. No ofreció más detalles sobre ninguno de estos escenarios.
Los esfuerzos para encontrar una salida diplomática o política al conflicto no han logrado avanzar de forma significativa en el Congreso, lo que añade incertidumbre sobre la duración y el desenlace de la guerra.
Tensiones con la OTAN y los aliados europeos
La audiencia también puso sobre la mesa el deterioro de las relaciones de Estados Unidos con sus aliados históricos. El senador por Kentucky Mitch McConnell fue directo al respecto: ‘Me parece que muchos países europeos piensan que estamos reduciendo nuestra influencia allí, que están más o menos solos’.
McConnell defendió el papel de Washington como líder indispensable de la alianza atlántica, describiendo a la OTAN como ‘la alianza militar más importante de la historia del mundo’.
Las fricciones entre Trump y los socios europeos se intensificaron después de que el Reino Unido, Alemania, Francia y Finlandia rechazaran sumarse a las operaciones militares contra Irán, iniciadas en febrero junto al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Los líderes europeos argumentaron que la OTAN es una alianza defensiva y que no estaban obligados a participar en lo que consideraron una guerra de agresión.
Mientras tanto, Estados Unidos e Irán continúan enfrentados en el estratégico estrecho de Ormuz, una vía marítima clave para el tránsito del petróleo mundial, sin que se vislumbre una solución a corto plazo.



