Lo que Donald Trump prometió resolver en ‘dos o tres días’ se ha convertido en uno de los conflictos más peligrosos del siglo XXI. Este lunes se cumplen 100 días desde que el presidente estadounidense rompió las negociaciones con Irán y lanzó, junto a Israel, la operación denominada ‘Furia Épica’ contra la República Islámica. Lejos de cerrarse, la guerra atraviesa su momento más crítico: en las últimas horas, Irán bombardeó territorio israelí tras un ataque israelí sobre Beirut, y Netanyahu ordenó represalias contra Teherán, Tabriz e Isfahán, ignorando la exigencia expresa de Trump de no responder.

El balance humano es devastador. Irán contabiliza casi 3.500 muertos y más de 26.500 heridos. Israel reporta 26 víctimas mortales y cerca de 7.800 heridos. Trece soldados estadounidenses han perdido la vida, con 381 más heridos. En Líbano, el conflicto paralelo ha dejado más de 3.600 muertos y 11.000 heridos, mientras que los ataques iraníes han causado al menos 146 muertes en países del Golfo aliados de Washington. La promesa de una guerra relámpago se ha transformado en una crisis regional sin un final claro en el horizonte.

Contexto y antecedentes

La chispa formal del conflicto se encendió el 28 de febrero, cuando Trump abandonó abruptamente las negociaciones diplomáticas sobre el programa nuclear iraní —un proceso que llevaba meses avanzando con dificultades— y autorizó la ofensiva militar conjunta con Israel. La decisión representó un giro radical respecto a los canales diplomáticos que, aunque tensos, mantenían cierto equilibrio en la región. Detrás de la ruptura estaban las presiones del gobierno Netanyahu, históricamente opuesto a cualquier acuerdo que permita a Irán conservar capacidad nuclear, y la postura más belicista de sectores del gabinete de Trump.

Irán, por su parte, lleva décadas en una confrontación estratégica con Israel y Estados Unidos, marcada por sanciones económicas, sabotajes a sus instalaciones nucleares, asesinatos de científicos y tensiones en el estrecho de Ormuz —una de las arterias más críticas del comercio mundial de petróleo. La República Islámica ha respondido históricamente mediante sus aliados regionales: Hezbolá en Líbano, milicias en Irak y Siria, y los hutíes en Yemen. Esta guerra convierte ese enfrentamiento indirecto en uno abierto y directo.

El papel de Netanyahu es central para entender el estancamiento. El primer ministro israelí tiene incentivos políticos internos para prolongar el conflicto: enfrenta juicios por corrupción y una coalición de gobierno que depende de sectores ultraderechistas que rechazan cualquier negociación con Teherán. Su desobediencia reiterada a Trump —quien le exigió no responder a los ataques iraníes del domingo— revela una grieta inusual entre los dos aliados históricos, aunque Washington no ha tomado medidas concretas para frenar a Israel.

Los puntos clave

  • Cien días de guerra sin resolución: El conflicto iniciado el 28 de febrero con promesas de rapidez se encuentra encallado en una tregua que no se respeta y negociaciones que retroceden ante cada nuevo ataque.
  • El balance humano supera los 7.700 muertos entre Irán, Israel, Líbano y países del Golfo, con decenas de miles de heridos y un impacto humanitario que sigue creciendo.
  • Netanyahu desafía a Trump: El primer ministro israelí ordenó bombardeos de represalia contra ciudades iraníes pese a la exigencia directa del presidente estadounidense de no escalar, evidenciando una fractura en la alianza.
  • El Congreso frena a Trump: La Cámara de Representantes aprobó una resolución que impide al presidente continuar la ofensiva sin aval del Capitolio, con cuatro republicanos uniéndose a la oposición demócrata por primera vez.
  • La opinión pública estadounidense rechaza la guerra: Un 59% de los ciudadanos desaprueba la gestión de Trump en este conflicto, frente a solo un 31% de apoyo, según una encuesta de YouGov de mayo.

¿Qué significa esto?

El peligro inmediato no es solo militar: es la erosión de los mecanismos de control que históricamente han evitado que los conflictos en Medio Oriente se conviertan en guerras totales. Que Israel bombardee directamente ciudades iraníes —y que Irán responda con ataques sobre territorio israelí— es un umbral que no se había cruzado de forma tan abierta en décadas. Si las negociaciones que Trump describe como ‘muy cercanas a un acuerdo’ fracasan por una nueva escalada, el escenario que se abre incluye el posible cierre del estrecho de Ormuz, por el que transita cerca del 20% del petróleo mundial, con consecuencias económicas globales inmediatas.

En el plano político, la guerra está debilitando a Trump en casa. La resolución del Congreso —aprobada con votos republicanos disidentes— marca un punto de inflexión: por primera vez, legisladores del propio partido presidencial se suman formalmente para limitar sus poderes bélicos. Si el Senado aprueba la medida, Trump enfrentará una restricción constitucional significativa que podría redefinir su margen de acción y la conducción misma del conflicto.

Perspectiva para América Latina

Para América Latina, este conflicto tiene consecuencias económicas concretas aunque indirectas. Cualquier interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz dispararía los precios internacionales del petróleo, impactando de lleno en países importadores netos de energía como Chile, Brasil, Uruguay o las naciones centroamericanas, que ya enfrentan presiones inflacionarias. Venezuela e Irán, por otro lado, mantienen relaciones estratégicas desde hace años: Caracas ha sido un aliado diplomático de Teherán en foros internacionales y ha recibido cooperación técnica iraní, lo que coloca al gobierno de Maduro en una posición delicada ante Washington.

Además, el conflicto pone sobre la mesa un debate más amplio sobre la arquitectura de seguridad global y el peso del derecho internacional: varios países latinoamericanos, encabezados por México, Brasil y Colombia, han reclamado en foros multilaterales el fin de las hostilidades y una salida diplomática. La postura de la región —históricamente defensora de la no intervención y el derecho internacional— choca con una dinámica en la que las grandes potencias actúan al margen de Naciones Unidas.

Los próximos días serán decisivos. Las negociaciones de paz siguen sobre la mesa, pero cada nuevo ataque las acerca al colapso. La clave estará en si el Senado estadounidense avanza con la resolución que limita a Trump, si Netanyahu acepta o no las condiciones de un acuerdo, y si Irán mantiene su posición de que cualquier ataque israelí sobre Beirut equivale a reanudar las hostilidades a gran escala. El mundo —y en particular los mercados energéticos globales— observa con inquietud un conflicto que lleva 100 días demostrando que en Medio Oriente nada se resuelve tan rápido como los líderes prometen.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 8 de junio de 2026
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