Cientos de peces muertos aparecieron flotando en el lago Sanjay de Nueva Delhi el pasado viernes, en una imagen que condensó de manera brutal la magnitud de la ola de calor que azota el norte de India. Trabajadores y vecinos retiraron los cadáveres del agua con redes y cubos mientras los termómetros se acercaban a los 45 grados Celsius en la capital, una temperatura que convierte la ciudad en uno de los entornos más hostiles del planeta para humanos y fauna por igual.

Las autoridades indias no han confirmado oficialmente la causa exacta de la mortandad masiva, pero los expertos señalan un mecanismo bien documentado: el agua caliente retiene menos oxígeno disuelto, lo que provoca asfixia en los peces en cuestión de horas. El episodio no es un accidente aislado ni una anomalía puntual; es la consecuencia visible y dramática de un patrón climático que se repite y se intensifica año tras año en el subcontinente indio.

Contexto y antecedentes

India lleva más de una década enfrentando olas de calor cada vez más largas, más tempranas y más letales. El Departamento Meteorológico del país define oficialmente una ola de calor cuando las temperaturas en las llanuras superan los 40°C, un umbral que en el norte del país se alcanza ahora con una regularidad aterradora. En 2022, India y Pakistán registraron temperaturas récord en marzo, meses antes de lo habitual, en lo que los climatólogos describieron como un episodio ‘prácticamente imposible’ sin el cambio climático de fondo. En 2024, la estación previa a los monzones dejó decenas de muertes directas por golpe de calor y miles de hospitalizaciones.

El norte del país, que incluye Delhi, Uttar Pradesh y Haryana, es la zona más afectada por estos fenómenos. Las llanuras del Indo-Ganges actúan como una trampa térmica: el calor se acumula, la humedad sube antes de la llegada del monzón y la combinación resulta fisiológicamente devastadora. Las autoridades han respondido con medidas de emergencia que se han vuelto rutinarias: adelantar el cierre de escuelas, prohibir trabajos al aire libre en las horas centrales del día, y habilitar ‘cooling centres’ —refugios climatizados— en edificios públicos para proteger a los más vulnerables, especialmente personas mayores, trabajadores informales y población sin hogar.

Los investigadores del clima advierten que el sur de Asia es una de las regiones del mundo donde el aumento de temperaturas globales tendrá consecuencias más severas. Modelos climáticos proyectan que, si el calentamiento global supera los 2°C, grandes zonas del norte de India podrían experimentar condiciones de ‘bulbo húmedo’ que superen el límite de supervivencia humana al aire libre varias semanas al año antes de 2100.

Los puntos clave

  • Las temperaturas en Delhi se aproximaron a los 45°C, cifra que triplica lo que la OMS considera condiciones de estrés térmico severo para la población general.
  • Cientos de peces murieron en el lago Sanjay por la caída de oxígeno disuelto en aguas sobrecalentadas, en un episodio que subraya el impacto de las olas de calor sobre la biodiversidad urbana.
  • El Departamento Meteorológico indio prevé que el calor extremo se mantenga en los próximos días en Delhi, Uttar Pradesh y Haryana, sin alivio a corto plazo.
  • India activa oficialmente una ola de calor cuando se superan los 40°C en llanuras, un umbral que en los últimos años se supera de forma recurrente y prolongada.
  • La ciencia climática establece un vínculo directo entre el calentamiento global y la mayor frecuencia e intensidad de estos episodios en todo el sur de Asia.

¿Qué significa esto?

La imagen de los peces muertos en el lago Sanjay tiene un valor simbólico y analítico que va más allá de lo anecdótico: representa la incapacidad de los ecosistemas urbanos para absorber el estrés térmico que generan décadas de emisiones no controladas. Para los más de 30 millones de habitantes del área metropolitana de Delhi, la ola de calor no es solo una incomodidad; es una amenaza directa a la salud pública. Los trabajadores de la economía informal —vendedores ambulantes, obreros de la construcción, repartidores— no tienen la opción de teletrabajar ni de permanecer en interiores climatizados. Son ellos quienes absorben el mayor riesgo, y son también los que menos recursos tienen para afrontarlo.

A nivel sistémico, el episodio expone las limitaciones de las infraestructuras indias ante el cambio climático. La red eléctrica sufre cortes precisamente cuando más se necesita el aire acondicionado; los sistemas de salud se saturan; los cuerpos de agua urbanos, ya deteriorados por la contaminación, no resisten el calor adicional. La pregunta que se impone no es si India volverá a enfrentar este tipo de crisis, sino si los sistemas de gobernanza climática —tanto nacionales como globales— evolucionarán a la velocidad necesaria para reducir los daños.

Perspectiva para América Latina

América Latina no es ajena a esta realidad. La región ha registrado sus propias olas de calor históricas en los últimos años: Argentina, Brasil y Uruguay vivieron episodios de temperatura extrema sin precedentes entre 2022 y 2024, con cortes de luz masivos, muertes por golpe de calor y colapsos en el suministro de agua. Lo que ocurre en India es, en muchos sentidos, un adelanto de lo que puede enfrentar el Cono Sur o el Caribe si no se aceleran las políticas de mitigación y adaptación. Ciudades como Buenos Aires, São Paulo o Ciudad de México comparten con Delhi la combinación de densidad urbana, desigualdad estructural y exposición creciente al calor extremo.

Además, la mortandad de peces en el lago Sanjay tiene un espejo directo en América Latina: episodios similares han ocurrido en ríos y lagos de Bolivia, Brasil y Colombia durante sequías e incrementos de temperatura. La biodiversidad acuática latinoamericana, que incluye parte significativa de la riqueza íctica del planeta, enfrenta presiones idénticas. Lo que India documenta hoy con sus cámaras es una advertencia global que la región no puede ignorar.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en si el monzón llega a tiempo para aliviar las temperaturas en el norte de India, y en si las autoridades locales y nacionales implementan medidas de emergencia suficientes para proteger a la población más vulnerable. A largo plazo, el caso de Nueva Delhi refuerza la urgencia de que las próximas cumbres climáticas internacionales —en las que los países del Sur Global tienen cada vez más voz— traduzcan los compromisos de reducción de emisiones en acciones concretas y verificables.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 22 de mayo de 2026
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