Visitar una exposición, unirse a un coro o apuntarse a clases de cerámica podría tener efectos tan poderosos sobre el envejecimiento como salir a correr o ir al gimnasio. Esa es la sorprendente conclusión de un nuevo estudio del University College London (UCL), que revela que participar regularmente en actividades artísticas y culturales puede ralentizar el ritmo al que envejece nuestro organismo a nivel biológico.
Un estudio con más de 3.500 participantes
La investigación, publicada en la revista ‘Innovation in Aging’, analizó datos de encuestas y muestras de sangre de 3.556 adultos en el Reino Unido. Los científicos compararon la frecuencia con la que cada persona participaba en actividades artísticas y culturales con los cambios químicos detectados en su ADN, cambios que funcionan como un indicador del envejecimiento biológico real.
Los resultados fueron contundentes: quienes se implicaban con mayor frecuencia en este tipo de actividades, y además practicaban una mayor variedad de ellas, presentaban una edad biológica más baja y parecían envejecer de forma más lenta.
Un 4% más despacio: cifras que sorprenden
Según los datos del estudio, quienes participaban en alguna actividad artística al menos una vez por semana envejecían aproximadamente un 4% más despacio que aquellos que apenas lo hacían. Lo más llamativo es que esta diferencia era prácticamente idéntica a la observada entre quienes hacían ejercicio físico de forma regular y quienes llevaban un estilo de vida sedentario.
Los investigadores también establecieron una escala gradual: participar en actividades culturales al menos tres veces al año se asoció con un envejecimiento un 2% más lento; la participación mensual, con un 3% menos; y la semanal, con un 4% menos. Esta última cifra, además, es comparable a la diferencia que existe entre fumadores activos y exfumadores.
El papel de los relojes epigenéticos
Para medir el envejecimiento biológico, el equipo de UCL analizó siete ‘relojes epigenéticos’ distintos. Estas herramientas leen los patrones químicos del ADN para estimar la velocidad a la que envejece el cuerpo. Los dos relojes más avanzados, conocidos como DunedinPoAm y DunedinPACE, calculan el ritmo de envejecimiento: puntuaciones más altas indican mayor riesgo de enfermedades ligadas a la edad.
Tanto la participación en actividades artísticas como el ejercicio físico se asociaron a un envejecimiento más lento según estas medidas, lo que refuerza la idea de que el arte y la cultura pueden ser aliados inesperados de la salud.
Efectos más claros a partir de los 40
Los resultados fueron especialmente evidentes en adultos de 40 años en adelante, y se mantuvieron incluso después de descartar variables como el índice de masa corporal, el tabaquismo, el nivel educativo o los ingresos económicos. Esto refuerza la solidez de los hallazgos y sugiere que el efecto es independiente de otros factores de estilo de vida.
La autora sénior del estudio, Feifei Bu, destacó que estos resultados ‘aportan las primeras pruebas de que la participación en las artes y la cultura está vinculada a un ritmo más lento de envejecimiento biológico’. Además, señaló que las actividades artísticas ya habían demostrado previamente reducir el estrés, disminuir la inflamación y mejorar la salud cardiovascular, de manera similar al ejercicio físico.
Una nueva conducta que promueve la salud
La autora principal, Daisy Fancourt, fue más allá y subrayó que estos hallazgos deberían servir para que la participación en actividades artísticas y culturales sea reconocida oficialmente como una conducta promotora de salud, al mismo nivel que el ejercicio.
Fancourt también apuntó que involucrarse en una variedad de actividades distintas podría ser especialmente beneficioso, ya que cada una aporta ‘ingredientes’ diferentes para la salud: estimulación física, cognitiva, emocional o social.
En definitiva, este estudio abre una nueva perspectiva sobre lo que significa cuidarse: ir al teatro, pintar o cantar en grupo podría ser, literalmente, una forma de ganarle tiempo al tiempo.


