Una mezcla de nostalgia, incomodidad y escasa representación del presente marcó la ceremonia de entrega de la Orden Europea del Mérito celebrada en el Parlamento Europeo de Estrasburgo. El acto, que pretendía rendir homenaje tanto a quienes construyeron la Unión Europea como a quienes moldearán su futuro, terminó convirtiéndose en una evocación del pasado con muy pocas señales de esperanza hacia adelante.
Un escenario dominado por veteranos
Cuando el himno europeo resonó en el hemiciclo de Estrasburgo, la imagen era elocuente: un grupo de figuras de cabello canoso ocupaba el centro del escenario. De los 20 galardonados seleccionados este año, apenas 13 acudieron a recoger su distinción, y casi todos pertenecen a generaciones de líderes que ya no ocupan el poder.
La ex canciller alemana Angela Merkel y el ex presidente polaco Lech Wałęsa encabezaron una larga lista de antiguos dirigentes que recibieron la medalla de manos de la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola. Las figuras contemporáneas, en cambio, brillaron por su ausencia.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski, distinguido con el máximo honor de la Orden, no se presentó a la ceremonia. Tampoco lo hicieron el músico Bono, el reconocido chef José Andrés ni el jugador de baloncesto Giannis Antetokounmpo, todos ellos condecorados pero ausentes del acto.
Merkel y el peso de las promesas incumplidas
La presencia más esperada era sin duda la de Angela Merkel. La ex canciller no esquivó la crítica y lamentó abiertamente la distancia entre los ideales fundacionales de la Unión Europea y la realidad actual. ‘Sinceramente, estamos muy lejos de estas promesas’, afirmó ante los aplausos tibios de unos eurodiputados que cuestionan abiertamente su legado político.
Sus palabras resumieron el tono general de una ceremonia que, durante hora y media, transitó entre la melancolía y la autocelebración. Figuras como el exjefe de la diplomacia europea Javier Solana recordaron una Europa que actuaba como mediadora de conflictos internacionales, mientras que el expresidente del Parlamento Europeo Jerzy Buzek describió a la Unión como ‘un sueño’ y ‘un juego de imaginación’.
Las voces más emotivas llegaron del presente
Paradójicamente, los momentos más impactantes de la velada no los protagonizaron los veteranos, sino las figuras más actuales. La presidenta moldava Maia Sandu recordó con emoción cómo su pueblo votó por la integración europea pese a las presiones y amenazas rusas.
Aún más conmovedora fue la intervención de la abogada ucraniana de derechos humanos Oleksandra Matviichuk, quien declaró entre lágrimas en nombre de su nación: ‘Europa, hemos vuelto’. Fue uno de los pocos instantes en los que el presente irrumpió con fuerza en una ceremonia dominada por el recuerdo.
Críticas desde dentro del propio Parlamento
No todos salieron satisfechos del acto. Un eurodiputado que abandonaba el hemiciclo al término de la ceremonia resumió la incomodidad de muchos: ‘Estos premios me parecen autocomplacientes y desconectados de los sentimientos de la gente corriente’.
Desde el propio Parlamento Europeo reconocieron la necesidad de ajustes. ‘Probablemente el año que viene debería haber una mezcla más equilibrada de galardonados’, señaló un responsable de la institución, admitiendo que los gobiernos de la UE tienden a proponer a compatriotas vinculados a procesos de adhesión o integración histórica.
Una distinción lanzada con grandes ambiciones
La Orden Europea del Mérito fue creada con motivo del 75º aniversario de la Declaración Schuman, considerada el punto de partida simbólico de la integración europea. Su objetivo declarado es ‘honrar actos de valor e inspiración’ para que otros europeos los imiten.
Sin embargo, el ambiente de la ceremonia de este año sugirió que esa aspiración suena hoy más a deseo que a certeza. Entre los recuerdos de una Europa que ya no existe y los desafíos de un continente que busca su lugar en el mundo actual, la distinción pareció más un epitafio al pasado que una hoja de ruta hacia el futuro.



