La Unión Europea ha intensificado su ofensiva diplomática sobre Groenlandia en un momento crítico: mientras el presidente estadounidense Donald Trump multiplica sus movimientos para hacerse con el control de la mayor isla del mundo, Bruselas responde con visitas de alto nivel, financiación récord y señales políticas inequívocas al Gobierno groenlandés.

Europa mueve ficha en el Ártico

El comisario europeo de Asociaciones Internacionales, Josef Síkela, viajó estos días a Groenlandia para participar en un foro empresarial destinado a presentar la isla como una tierra de grandes oportunidades. La visita no es casual: coincide con la llegada del enviado especial de Estados Unidos, Jeff Landry, y con la inauguración de un nuevo consulado americano en Nuuk, la capital groenlandesa.

La competencia geopolítica por este estratégico territorio ártico, rico en materias primas y energía, se hace así más visible que nunca. Y Europa no quiere quedarse al margen.

520 millones de euros sobre la mesa

Bruselas ha tomado medidas concretas. La Comisión Europea ha duplicado la financiación destinada a Groenlandia, elevándola hasta los 520 millones de euros en el próximo marco presupuestario plurianual. Una cifra que representa el 45% del total de fondos europeos para países y territorios de ultramar, y que no excluye futuras ampliaciones.

Esta inyección económica se interpreta abiertamente como una respuesta política a Washington. Una forma de decirle al Gobierno y a los 57.000 habitantes de Groenlandia que Europa también está ahí, dispuesta a invertir y a comprometerse.

Las ambiciones de Trump van más allá del dinero

La Administración Trump no oculta sus intenciones. Estados Unidos, que ya mantiene una base militar en la isla desde la época de la Guerra Fría, negocia ahora la apertura de tres nuevas bases en el sur de Groenlandia. Pero sus exigencias van más lejos: Washington busca soberanía sobre los territorios donde se instalen esas instalaciones, capacidad de veto sobre inversiones chinas y rusas en la isla, y acuerdos ventajosos para explotar sus vastos recursos naturales.

Así lo han revelado investigaciones de medios como The New York Times y la BBC, que han accedido a detalles de las negociaciones en curso entre Washington, Nuuk y Copenhague. Trump llegó incluso a amenazar con tomar el control de la isla por la fuerza, aunque sus movimientos más recientes son de naturaleza comercial y política.

Un desafío mayor que Ucrania para Europa

Desde Bruselas, la preocupación es creciente. ‘Washington ha dejado claro que hará todo lo posible para manejar Groenlandia, lo que sería un ataque directo a Europa. La cuestión es cómo reaccionará si eso sucede de verdad’, señala una alta fuente comunitaria.

La analista Penny Naas, del centro de estudios German Marshall Fund, va aún más lejos en su valoración. Según ella, Groenlandia podría convertirse en ‘el mayor desafío a corto plazo’ para la nueva determinación europea de consolidar una potencia militar propia, incluso por encima del conflicto en Ucrania.

Una relación con Europa marcada por la historia

La vinculación entre Groenlandia y la Unión Europea no es nueva. La isla formó parte de la Comunidad Económica Europea desde 1973, al pertenecer al Reino de Dinamarca. Sin embargo, en 1985 optó por abandonar el club tras un referéndum marcado por la política pesquera comunitaria y la percepción de que Europa amenazaba su control sobre los recursos naturales.

Durante décadas, Groenlandia fue una cuestión periférica para Bruselas. Pero la creciente rivalidad entre Estados Unidos, China y Rusia en el Ártico reactivó el interés europeo. Y las amenazas de Trump lo transformaron en una prioridad urgente.

Como recuerda Marc Jacobsen, profesor del Royal Danish Defence College, la actitud de Washington ha recordado a los actores europeos que Groenlandia no es simplemente un remoto territorio ártico: es una sociedad con voz propia en el tablero geopolítico global, y un punto que ninguna potencia puede permitirse ignorar.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 20 de mayo de 2026
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