Mientras Roma, París y Ámsterdam siguen saturadas de turistas y precios desorbitados, una nueva tendencia está redibujando el mapa del viajero inteligente: las llamadas ‘segundas ciudades’ de Europa ganan terreno como alternativas más auténticas, asequibles y gratificantes. Un informe reciente de WorldHotels, marca global de hoteles independientes de lujo integrada en el portafolio de BWH Hotels, confirma que este fenómeno no es pasajero, sino una transformación profunda en los hábitos de viaje del siglo XXI.
El estudio de WorldHotels revela que los viajeros contemporáneos buscan cada vez más destinos que ‘se sientan más personales, más conectados y más gratificantes de explorar’, alejándose de los itinerarios prefabricados que durante décadas han dictado las agencias de viaje tradicionales. La saturación turística de las grandes capitales, el encarecimiento del alojamiento y la pérdida de autenticidad en los centros históricos están empujando a un perfil de viajero más reflexivo hacia rincones que, hasta hace poco, apenas aparecían en las guías.
Contexto y antecedentes
El turismo masivo, conocido en el debate académico y político como ‘overtourism’, lleva más de una década generando tensiones sociales en ciudades como Barcelona, Venecia, Dubrovnik o Ámsterdam. Los residentes de estos destinos han protagonizado protestas, y los gobiernos locales han comenzado a implementar medidas restrictivas: tasas turísticas, límites al alquiler vacacional y cupos de visitantes en zonas emblemáticas. Esta presión estructural ha creado, paradójicamente, una oportunidad de oro para las ciudades medianas y pequeñas que han permanecido en la sombra.
WorldHotels no es el único actor que detecta este cambio. Plataformas como Booking.com y Airbnb han publicado en años recientes informes similares que apuntan al crecimiento exponencial de búsquedas hacia destinos secundarios en Europa Central y del Norte. El auge de las conexiones ferroviarias de alta velocidad y las aerolíneas de bajo coste ha facilitado enormemente el acceso a estas ciudades menos conocidas, eliminando una de las barreras históricas que las mantenía fuera del radar del gran público.
Los actores clave en esta reconfiguración son múltiples: cadenas hoteleras que apuestan por propiedades boutique en ciudades medianas, plataformas digitales que amplifican la visibilidad de estos destinos, y una generación de viajeros —en especial los millennials y la Generación Z— que prioriza la experiencia auténtica sobre el ‘selfie’ en el monumento más fotografiado del mundo. A ello se suma el teletrabajo, que ha extendido las estancias promedio y ha permitido explorar destinos con mayor profundidad.
Los puntos clave
- Arnhem, Países Bajos: Esta ciudad fronteriza con Alemania combina naturaleza desbordante —con el Parque Nacional De Hoge Veluwe— y una vibrante escena de moda y diseño concentrada en el barrio de Klarendal, con más de 60 tiendas y estudios independientes, convirtiéndola en una alternativa refrescante a Ámsterdam.
- Gouda, Países Bajos: Mucho más que su famoso queso, esta ciudad medieval de calles empedradas situada entre Róterdam y Utrecht ofrece una atmósfera íntima y un mercado quesero que opera de abril a agosto, considerado uno de los más auténticos del país.
- Kortrijk, Bélgica: En la provincia flamenca de Flandes Occidental, esta ciudad presenta monumentos históricos como las torres Broel de 1385 y una tradición chocolatera artesanal que rivaliza en calidad con la de Bruselas, con mucha menos aglomeración.
- El cambio estructural es confirmado por la industria hotelera: WorldHotels documenta que la demanda de estancias singulares en destinos menos conocidos responde a ‘un cambio cada vez mayor en los viajes actuales’, lo que está orientando las inversiones hoteleras de lujo hacia estas ciudades secundarias.
- Accesibilidad como factor decisivo: La buena conexión ferroviaria y por carretera de estas ciudades —Arnhem y Gouda, por ejemplo, tienen acceso directo en tren desde los principales hubs europeos— elimina el argumento de la incomodidad logística que antes las dejaba fuera de las rutas convencionales.
¿Qué significa esto?
El impacto más inmediato de esta tendencia es económico: las ciudades secundarias europeas están comenzando a recibir una derrama turística que antes se concentraba casi exclusivamente en las capitales. Esto representa una oportunidad de desarrollo local genuino, donde los comercios independientes, los hoteles boutique y los productores locales —como los queseros de Gouda o los chocolateros artesanales de Kortrijk— se convierten en los grandes beneficiados. Al mismo tiempo, los viajeros obtienen experiencias más auténticas a precios generalmente más competitivos, en entornos donde el ratio residente-turista permite una interacción cultural más natural y menos performativa.
Sin embargo, este fenómeno también conlleva riesgos que deben monitorearse. Si la popularización de estas ciudades secundarias sigue la misma curva de crecimiento descontrolado que sufrieron las capitales, podrían enfrentar en la próxima década los mismos problemas de saturación que hoy las hacen poco atractivas. La gestión sostenible del turismo en estos destinos emergentes será determinante: la diferencia entre convertirse en una joya preservada o en una nueva víctima del overtourism dependerá de decisiones políticas y de planificación urbana que deben tomarse con anticipación.
Perspectiva para América Latina
Para el viajero latinoamericano, esta tendencia resulta especialmente relevante por varias razones. En primer lugar, quienes planifican su primer o segundo viaje a Europa suelen concentrarse en las capitales más icónicas, perdiendo la oportunidad de vivir experiencias más profundas con presupuestos similares o incluso menores. Ciudades como Arnhem, Gouda o Kortrijk ofrecen alojamiento de calidad a precios significativamente más bajos que Ámsterdam o Bruselas, lo que puede hacer la diferencia para viajeros de economías como la argentina, mexicana o colombiana, donde el tipo de cambio pesa considerablemente en la planificación del viaje.
Por otro lado, América Latina puede aprender de este modelo para potenciar sus propias ‘segundas ciudades’. Mientras Ciudad de México, Buenos Aires o Bogotá concentran la atención turística internacional, urbes con enorme riqueza cultural como Oaxaca, Cartagena de Indias, Cuenca o Valparaíso han recorrido ya un camino similar al que ahora transitan Arnhem o Gouda en Europa. La diferencia está en la narrativa y en la infraestructura hotelera de calidad: dos elementos en los que la región aún tiene amplio margen de mejora para capturar al viajero experiencial global.
La pregunta que deberán responderse tanto viajeros como gestores turísticos en los próximos años es si este movimiento hacia las ciudades secundarias logrará mantenerse como una alternativa sostenible o si simplemente desplazará el problema del turismo masivo hacia nuevos territorios. Lo que está claro es que el perfil del viajero está cambiando, y las ciudades —y los países— que sepan anticiparse a esa transformación serán quienes capturen el mayor valor del turismo del futuro.



