A un mes del inicio del Mundial de Fútbol 2026, la Ciudad de México vive una transformación urbana acelerada en los alrededores del Estadio Azteca, rebautizado como Estadio Banorte para el torneo. Las obras son visibles, los números son contundentes, pero no todos los vecinos y comerciantes celebran los cambios.

Un negocio de familia en jaque

Jairo Geovanni ya no puede instalar su pequeña parrilla en la banqueta. Desde el zaguán de su casa, en la colonia Santa Úrsula Coapa, prepara hamburguesas y alitas para sus clientes. Las nuevas regulaciones impuestas por las autoridades capitalinas le obligaron a retirarse de la vía pública como parte de un ambicioso plan para ordenar los accesos al estadio.

«Ni bancos, ni mesas. Entonces la gente comiendo parada es un nuevo reto. No es lo mismo disfrutar que comer rápido e irse al estadio», lamenta.

El negocio tiene historia: su abuela lleva 45 años vendiendo comida dentro del Estadio Azteca. Para Jairo, ese legado familiar ahora se enfrenta a una incertidumbre que nunca antes había conocido.

Millones invertidos, una ciudad que cambia de cara

Las autoridades de la capital han puesto en marcha un paquete de 40 obras de infraestructura con una inversión cercana a los 10 millones de dólares. Uno de los proyectos más emblemáticos es el puente peatonal de Huipulco, acceso principal para los miles de aficionados que acudirán al torneo.

Las cifras hablan por sí solas: más de 300 escalones construidos, más de 3.000 metros cuadrados rehabilitados, además de nuevas banquetas, áreas verdes y espacios públicos renovados en los alrededores del estadio.

A esto se suma la remodelación integral del CETRAM Huipulco, un nodo de transporte que recibe a unos 50.000 usuarios diarios. El recinto ahora cuenta con torniquetes modernos y sistemas de accesibilidad para personas con discapacidad visual.

Como guinda del pastel, la ciudad estrenó su ciclovía más larga, con 34 kilómetros de recorrido que atraviesan cinco alcaldías.

El Mundial como «acelerador» de obras

La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, ha sido clara sobre el papel del torneo en el desarrollo urbano de la capital.

«Recibir el Mundial para nosotros fue un acelerador de obras», declaró la funcionaria, quien también anunció que 2026 será el año del reordenamiento del comercio informal, con la meta de retirar a 4.500 comerciantes de la vía pública.

«Esa es la gran tarea que le toca a la Secretaría de Gobierno, porque todos sabemos que no es nada sencillo», reconoció Brugada el pasado 27 de enero.

Comerciantes en el limbo

Las medidas han generado malestar entre quienes durante años construyeron su sustento económico en las calles aledañas al estadio. La venta de comida en la vía pública ha sido restringida, y muchos vendedores solo pueden operar desde sus domicilios, con todas las limitaciones que eso implica.

«No sé qué vamos a hacer los comerciantes… no va a haber nada de puestos», lamenta Patricia Carrillo, vecina de Santa Úrsula Coapa.

Las autoridades han propuesto reubicar a parte de los vendedores en un nuevo mercado público en la zona. Sin embargo, ese espacio aún está en construcción, lo que deja a decenas de familias en un limbo sin fecha ni condiciones claras para retomar su actividad.

Jairo resume con una frase el sentir de muchos: «Todo se lo quiere llevar la FIFA con los precios excesivamente caros». Para él y sus vecinos, la modernización tiene un costo que va más allá del cemento y el acero: toca de lleno una forma de vida y una economía popular profundamente enraizada en el tejido social de la ciudad.

La gran pregunta que queda en el aire es si, una vez terminado el Mundial, los vendedores desplazados encontrarán un lugar digno donde seguir construyendo su historia.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 12 de mayo de 2026
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