Colombia vive una paradoja energética sin precedentes: mientras millones de ciudadanos se preparan para vivir la euforia del Mundial de Fútbol 2026, el sistema eléctrico nacional enfrenta su momento de mayor vulnerabilidad en años. Expertos advierten que cada partido de la Selección Colombia dispara el consumo de energía eléctrica en un 5% a nivel nacional, un porcentaje que, en circunstancias normales, sería manejable, pero que hoy amenaza con colapsar una red que ya opera con márgenes mínimos de reserva.

El escenario es preocupante por una razón fundamental: el país no enfrenta esta presión energética en condiciones ordinarias. El fenómeno de El Niño ha reducido significativamente los niveles de los embalses que abastecen las hidroeléctricas, responsables de generar más del 65% de la electricidad colombiana. El Ministerio de Minas y Energía ya reconoció formalmente el riesgo de un ‘apagón’, una admisión que no tiene precedentes recientes en la comunicación oficial del gobierno.

Contexto y antecedentes

Colombia depende de manera estructural de la generación hidroeléctrica, una apuesta energética que durante décadas fue una fortaleza, pero que hoy se convierte en su talón de Aquiles frente a los ciclos climáticos extremos. El fenómeno de El Niño, que provoca sequías prolongadas en gran parte del territorio andino y caribe del país, reduce el caudal de los ríos y el nivel de los embalses, limitando drásticamente la capacidad de generación. A esto se suma un déficit en la Energía en Firme Contratada (ENFICC), el indicador que mide la garantía de suministro eléctrico continuo, que según el gobierno Petro se encuentra por debajo de los niveles mínimos requeridos.

Esta no es la primera vez que Colombia enfrenta una crisis energética ligada al clima. El apagón de los años noventa, que duró varios meses y obligó a racionar la electricidad por horas, sigue siendo una cicatriz colectiva en la memoria del país. Desde entonces, se realizaron inversiones en diversificación energética, pero el ritmo de incorporación de energías renovables no convencionales —solar y eólica— ha sido insuficiente para compensar la dependencia hídrica. La Organización de las Naciones Unidas ha advertido además que muchas zonas del país carecen de sistemas de alerta temprana ante fenómenos climáticos extremos, lo que reduce la capacidad de respuesta oportuna.

El gobierno del presidente Gustavo Petro, que ha hecho de la transición energética una bandera política, enfrenta ahora la contradicción de gestionar una crisis en el mismo sistema que prometía transformar. La falta de inversión privada en nuevas fuentes de generación, sumada a retrasos en proyectos de infraestructura energética, ha dejado al país sin colchón suficiente para absorber picos de demanda extraordinarios como los que generan los grandes eventos deportivos.

Los puntos clave

  • Cada partido de la Selección Colombia en el Mundial 2026 podría incrementar el consumo eléctrico nacional en un 5%, presionando una red que ya opera al límite de su capacidad.
  • El fenómeno de El Niño ha reducido los niveles de los embalses hidroeléctricos, que generan más del 65% de la energía eléctrica del país, agravando el riesgo de desabastecimiento.
  • El Ministerio de Minas y Energía reconoció oficialmente un riesgo inminente de ‘apagón’, asociado a un déficit en la Energía en Firme Contratada (ENFICC) y a la prolongada sequía.
  • Las autoridades recomiendan ver los partidos en compañía para reducir el número de televisores y dispositivos encendidos simultáneamente, como medida de ahorro colectivo.
  • La ONU advirtió que amplias zonas de Colombia carecen de sistemas de alerta temprana ante El Niño, lo que limita la planificación preventiva en materia energética y ambiental.

¿Qué significa esto?

La coincidencia entre la Copa del Mundo y una crisis energética latente pone a Colombia ante un desafío de gestión pública de primer orden. Un apagón durante un partido de la Selección no sería solo un inconveniente doméstico: afectaría a comercios, hospitales, sistemas de transporte y comunicaciones en todo el país. La presión social y política sobre el gobierno sería enorme, especialmente considerando la carga emocional que tiene el fútbol en Colombia y el simbolismo de estar presente en un Mundial que se juega, en parte, en suelo norteamericano. Las autoridades energéticas deberán coordinar con el operador de la red —XM— estrategias de despacho prioritario y posibles acuerdos de reducción voluntaria de consumo con grandes industrias durante los horarios de los partidos.

Para los hogares y pequeños negocios colombianos, el mensaje es claro: la responsabilidad del ahorro energético no puede recaer solo en el Estado. Ver los partidos en grupo, apagar equipos en desuso, posponer el uso de electrodomésticos de alto consumo como lavadoras o aires acondicionados durante los encuentros, son acciones concretas que, sumadas, pueden marcar la diferencia entre la estabilidad y el colapso de la red. Esta situación evidencia, además, una deuda histórica en materia de diversificación energética que ningún gobierno ha logrado saldar completamente.

Perspectiva para América Latina

Colombia no es un caso aislado en la región. Ecuador, Venezuela, Argentina y varios países centroamericanos han enfrentado en los últimos años crisis energéticas vinculadas a la sobredependencia hídrica y a los efectos del cambio climático. El Niño, cuya intensidad y frecuencia aumentan con el calentamiento global, se ha convertido en el principal enemigo de los sistemas eléctricos latinoamericanos que no han avanzado suficientemente en la transición hacia fuentes renovables no convencionales. El caso colombiano es una advertencia regional: los grandes eventos masivos —deportivos, culturales o electorales— que generan picos simultáneos de consumo son una prueba de estrés para infraestructuras que fueron diseñadas para patrones de demanda más predecibles.

Para América Latina en su conjunto, la lección es que la planificación energética no puede ignorar el calendario social y emocional de sus ciudadanos. Un Mundial de fútbol no es un imprevisto: se conoce con años de anticipación. La capacidad de los Estados para anticipar estos picos y gestionar la demanda de forma inteligente es, en definitiva, un indicador del nivel de madurez de sus políticas públicas en materia de infraestructura crítica.

En las próximas semanas, con el inicio del Mundial 2026, Colombia enfrentará la prueba real de su sistema eléctrico. Lo que ocurra durante los partidos de la Selección será un termómetro no solo del fervor futbolístico nacional, sino de la solidez —o fragilidad— de una infraestructura que millones de colombianos dan por sentada cada vez que encienden la luz.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 23 de mayo de 2026
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