Un museo de arte en Londres se convirtió en el epicentro de un debate que va mucho más allá de una instalación de vídeo: la National Portrait Gallery (NPG) retiró la obra ‘Persistence’, de la artista británica Helen Cammock, ganadora del premio Turner, tras una tormenta política y mediática desatada por una comparación entre Winston Churchill y Oliver Cromwell en relación con la hambruna de Bengala de 1943, que causó la muerte de aproximadamente 3 millones de personas en la India colonial. La pieza, de cuarenta minutos de duración, había sido encargada por la propia galería como parte de un proyecto reflexivo sobre el retrato, y fue presentada en septiembre de 2025 con fecha prevista de exhibición hasta agosto de 2026.

Lo que comenzó como una crítica puntual del diario conservador ‘The Telegraph’ escalaó rápidamente cuando el historiador y biógrafo de Churchill, Andrew Roberts, envió una carta abierta firmada por 50 miembros actuales y antiguos de la Cámara de los Lores, incluido Nicholas Soames, nieto del propio Churchill, exigiendo la retirada de la obra. La artista tomó ella misma la decisión de retirarla, pero dejó claro que no lo hacía por convicción, sino como respuesta a una presión que considera inaceptable para la libertad creativa. El episodio revela tensiones profundas sobre cómo las sociedades democráticas procesan su historia colonial.

Este caso no es un simple escándalo de galería: es un termómetro del debate global sobre memoria histórica, colonialismo y los límites de la expresión artística en instituciones financiadas con fondos públicos.

Contexto: ¿Qué hay detrás de esta noticia?

La hambruna de Bengala de 1943 es una de las páginas más oscuras del Imperio Británico. Ocurrida durante la Segunda Guerra Mundial, mató entre 2 y 3 millones de personas en el subcontinente indio, entonces bajo dominio colonial británico. El papel de Churchill en esta catástrofe ha sido objeto de debate académico durante décadas. El economista Amartya Sen, premio Nobel, argumentó en 1981 que la hambruna no fue producto de una escasez real de alimentos, sino de distorsiones económicas provocadas por el gasto bélico británico, el alza de precios y errores sistemáticos de política pública. Otros historiadores, como el propio Andrew Roberts, defienden que Churchill actuó en cuanto tuvo conocimiento de la situación, enviando grano a la región, y que las causas primarias fueron un tifón devastador y las complejidades de la guerra.

En este contexto, la obra de Cammock mencionaba que Churchill había provocado ‘deliberadamente’ el hambre en la población india, comparándolo con Oliver Cromwell y sus campañas en Irlanda. Era la única referencia directa a Churchill en todo el vídeo, pero fue suficiente para encender una controversia que involucró a la prensa conservadora, historiadores, lores y la institución misma. La NPG, uno de los museos más importantes del Reino Unido, había encargado la obra explícitamente para cuestionar su propia función como espacio de celebración del poder. La ironía es que terminó cediendo ante el poder que intentaba cuestionar.

El Reino Unido lleva años inmerso en un debate sobre su legado colonial, acelerado desde el movimiento Black Lives Matter en 2020, que provocó la caída de estatuas y revisiones institucionales en museos, universidades y espacios públicos. La retirada de ‘Persistence’ es, en ese marco, un retroceso notable.

Los puntos clave que debes conocer

  • La obra ‘Persistence’ de Helen Cammock fue encargada por la propia National Portrait Gallery como parte de un proyecto oficial de nueve artistas, lo que convierte su retirada en un acto de autocensura institucional especialmente significativo.
  • La hambruna de Bengala de 1943 mató a cerca de 3 millones de personas y su responsabilidad sigue siendo un debate académico activo, con posiciones tan autorizadas como la del Nobel Amartya Sen cuestionando la versión oficial británica.
  • La carta exigiendo la retirada fue firmada por 50 miembros actuales y anteriores de la Cámara de los Lores, lo que demuestra que la presión no fue solo mediática sino también política e institucional al más alto nivel.
  • Helen Cammock retiró la obra por decisión propia, pero emitió un comunicado denunciando explícitamente la ‘enorme presión sobre los artistas e instituciones culturales para ceder ante presiones externas’, dejando claro que no considera legítima esa presión.
  • La National Portrait Gallery inicialmente defendió la libertad de expresión artística y la obra de Cammock, pero terminó respaldando la retirada con un comunicado ambiguo que reconoció ‘las opiniones de quienes se sintieron ofendidos’, sin defender el contenido artístico.

¿Qué significa esto en la práctica?

El caso tiene consecuencias muy concretas para el ecosistema cultural británico y, por extensión, para cualquier institución que intente abordar historia colonial con honestidad crítica. Lo que ocurrió en la NPG establece un precedente inquietante: una obra encargada institucionalmente, exhibida legalmente y sin violar ninguna norma, fue retirada por presión política organizada. Eso no es una victoria de la corrección histórica, como afirman sus promotores, sino una demostración de que ciertos temas siguen siendo intocables cuando involucran a figuras fundacionales del imaginario nacional británico. Churchill no es solo un personaje histórico en el Reino Unido: es un símbolo identitario, especialmente después del Brexit, que reactivó narrativas de grandeza imperial.

Los artistas y curadores que trabajan con historia colonial ahora tienen un caso de referencia sobre los riesgos reales de explorar estas narrativas en instituciones públicas. La autocensura preventiva podría ser la consecuencia más duradera de este episodio. Además, el hecho de que la galería inicialmente defendiera la obra y luego la abandonara revela una fragilidad institucional preocupante: los museos públicos, dependientes de financiamiento estatal y donaciones privadas, son vulnerables a presiones que los museos privados o las plataformas digitales pueden ignorar más fácilmente. Quienes más pierden son los públicos que merecen un arte que interrogue el poder, no que lo celebre acríticamente.

Perspectiva para Colombia y América Latina

América Latina conoce bien la tensión entre memoria histórica y poder institucional. Desde los debates sobre estatuas de conquistadores en México y Colombia hasta las disputas sobre los relatos oficiales de independencia, la región ha vivido sus propias versiones de esta pugna. En Colombia, la caída de la estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada en Bogotá en 2020 o las discusiones sobre el legado de Simón Bolívar en Venezuela ilustran que la pregunta sobre qué figuras merecen celebración pública —y cuáles deben ser sometidas a escrutinio crítico— no tiene respuestas sencillas ni universales. El caso de la NPG añade una dimensión importante: incluso en democracias consolidadas con tradición de libertad de expresión, las instituciones culturales pueden ceder ante presiones políticas cuando los símbolos nacionales están en juego.

Para los países latinoamericanos que fueron víctimas del colonialismo europeo, el debate sobre Churchill y la hambruna de Bengala tiene una resonancia particular. Que academias e instituciones en el propio corazón del antiguo Imperio Británico sigan sin poder procesar con libertad su historia colonial dice mucho sobre los límites del llamado ‘ajuste de cuentas histórico’ que se prometió tras 2020. América Latina debería leer este episodio como confirmación de que la descolonización cultural es un proceso largo, contradictorio y permanentemente amenazado por fuerzas que prefieren preservar los relatos cómodos del poder.

Lo que viene: ¿Qué esperar?

El episodio probablemente continuará generando debate en el Reino Unido durante las próximas semanas, especialmente en el contexto de las discusiones parlamentarias sobre financiamiento de las artes y el papel de los museos públicos. Helen Cammock tiene una plataforma significativa como ganadora del Turner Prize, y su comunicado de denuncia ha generado solidaridad en el mundo artístico internacional. No sería sorprendente que la obra encuentre exhibición en otros espacios, posiblemente fuera del Reino Unido, donde la presión política sea menor y la discusión sobre colonialismo más abierta.

Desde News Media IA, consideramos que este caso debe leerse como lo que realmente es: no una disputa sobre los hechos históricos de 1943, sino una batalla sobre quién tiene el derecho de narrar el pasado en los espacios públicos financiados por todos los ciudadanos. La historia de Churchill y Bengala merece debate serio, con fuentes, con matices y con voces múltiples. Lo que no merece es el silencio impuesto por 50 lores y un diario conservador. Las instituciones culturales que ceden hoy ante esa presión pagarán un precio más alto mañana: la irrelevancia.

Preguntas frecuentes

¿Fue Churchill realmente responsable de la hambruna de Bengala de 1943?

El debate académico es genuino y no tiene una respuesta única. El Nobel Amartya Sen argumentó que la hambruna fue causada por distorsiones económicas del gasto bélico británico y errores de política, no por escasez real de alimentos. Otros historiadores, como Andrew Roberts, sostienen que Churchill actuó al conocer la crisis enviando ayuda, y que las causas principales fueron naturales y bélicas. Afirmar que fue ‘deliberada’ es una postura posible pero debatida; negarla por completo también lo es.

¿Por qué la artista decidió retirar la obra si no estaba de acuerdo con la presión?

Helen Cammock explicó en su comunicado que tomó la decisión como un acto de autonomía personal, no de aceptación de la presión. Su postura fue denunciar públicamente el clima de censura mientras retiraba la obra para no quedar atrapada en una controversia que distorsionaba el debate sobre su trabajo. Es una decisión táctica que, paradójicamente, le dio más visibilidad a su posición crítica que si la obra hubiera permanecido expuesta sin polémica.

¿Qué implica este caso para el futuro del arte crítico en museos públicos?

Establece un precedente preocupante: que la presión política organizada puede lograr la retirada de obras en instituciones que inicialmente las defienden. Esto puede generar autocensura preventiva en curadores y artistas que trabajen con temas políticamente sensibles, especialmente historia colonial o crítica de figuras nacionales. El debate sobre los límites de la expresión artística en espacios financiados con fondos públicos seguirá siendo uno de los más relevantes del mundo cultural en los próximos años.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 24 de junio de 2026
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