Nike lleva más de tres décadas operando en Colombia y, lejos de frenar, acelera. La multinacional estadounidense acaba de inaugurar su tienda número 68 en el país —un local de dos niveles en el Centro Comercial Unicentro de Bogotá— y su gerente general, Juan Carlos Galindo, lanzó una señal que pocos esperaban: la compañía explora la posibilidad de producir ropa deportiva en territorio colombiano, un giro que marcaría un antes y un después en la estrategia de la marca en la región.
El anuncio llega en un momento de alta tensión comercial global, con aranceles al alza y cadenas de suministro bajo presión, pero también en vísperas del Mundial de Fútbol 2026, que según Galindo actuará como un poderoso acelerador de ventas. La combinación de expansión física, apuesta por producción local y el impulso del torneo más visto del planeta dibuja un escenario ambicioso para la marca en el mercado colombiano.
Contexto y antecedentes
Nike llegó a Colombia en la década de 1990, cuando el país comenzaba a abrirse al comercio internacional tras las reformas económicas de 1991. Desde entonces, la marca construyó una red de distribución que hoy suma 68 tiendas propias y multimarca, consolidándose como uno de los referentes del segmento de ropa y calzado deportivo en el país. Sin embargo, como ocurre en toda América Latina, el gran desafío ha sido ampliar su base de consumidores más allá del segmento aspiracional de altos ingresos.
En paralelo, Colombia ha desarrollado una industria textil y de confección de larga data —especialmente en Medellín, capital mundial de la moda latinoamericana— que en los últimos años ha atraído la atención de marcas internacionales que buscan diversificar su producción fuera de Asia. El contexto geopolítico global, marcado por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y las disrupciones logísticas poscovid, ha empujado a gigantes como Nike a explorar la llamada estrategia de ‘nearshoring’: producir más cerca de los mercados de consumo.
Richard Ríos, el destacado mediocampista colombiano recientemente fichado por Nike, encarna otra pieza de este tablero: la marca apuesta por atletas locales que conecten emocionalmente con los consumidores colombianos, una estrategia que replica en otros mercados emergentes donde la identificación nacional es un poderoso motor de compra.
Los puntos clave
- Tienda número 68: Nike inauguró un local de dos niveles en Unicentro Bogotá, con bonos de descuento para compras superiores a un millón de pesos, señalando una apuesta por la experiencia de compra presencial.
- Producción local en estudio: El gerente Juan Carlos Galindo confirmó que la compañía evalúa la posibilidad de fabricar ropa deportiva en Colombia, lo que representaría un cambio histórico dado que hoy el 100% de los productos son importados.
- El Mundial 2026 como catalizador: Nike espera un crecimiento significativo en la categoría fútbol durante la temporada del torneo, con las camisetas oficiales como producto estrella, aunque sus precios siguen siendo un factor de exclusión para amplios sectores de la población.
- Expansión de perfil de consumidor: La marca trabaja en estrategias para llegar a segmentos de menor poder adquisitivo, reconociendo que su posicionamiento aspiracional ha sido históricamente una barrera de acceso.
- Apuesta por embajadores colombianos: Deportistas nacionales como Richard Ríos forman parte de la estrategia para fortalecer el vínculo emocional de Nike con el mercado local y capitalizar el auge del fútbol colombiano en el plano internacional.
¿Qué significa esto?
La posibilidad de que Nike fabrique en Colombia no es un detalle menor. Significaría la llegada de inversión extranjera directa al sector manufacturero, la generación de empleo calificado y un espaldarazo simbólico a la industria textil nacional. Para el Gobierno colombiano, que ha impulsado políticas de reindustrialización y atracción de inversiones, una decisión de este calibre por parte de una de las marcas más valiosas del mundo tendría un efecto demostración enorme. Sin embargo, hay obstáculos reales: costos laborales, infraestructura logística, estabilidad regulatoria y la capacidad de las cadenas de proveedores locales para cumplir los estándares de calidad que exige Nike a nivel global.
Para el consumidor colombiano, el impacto más inmediato es otro: si la producción local avanza, podría traducirse en precios más competitivos y mayor disponibilidad de productos, rompiendo parcialmente la barrera aspiracional que ha limitado el alcance de la marca. Pero también plantea preguntas sobre las condiciones laborales en una eventual cadena de producción local, un tema sensible en una industria textil que a nivel global ha enfrentado críticas por prácticas en sus plantas de manufactura en Asia.
Perspectiva para América Latina
Colombia no está sola en este movimiento. Varios países latinoamericanos —Brasil, México, El Salvador— compiten por atraer la producción de marcas deportivas globales que buscan reducir su dependencia de Asia. Brasil ya cuenta con fabricación local de Nike desde hace años, lo que le ha dado ventajas competitivas en precio y adaptación al mercado. Si Colombia logra concretar este paso, podría posicionarse como un nuevo hub de manufactura deportiva en la región, con acceso preferencial a mercados de la Alianza del Pacífico y ventajas derivadas de sus tratados de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea.
El Mundial 2026, que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá, representa además una ventana de visibilidad extraordinaria para el fútbol colombiano y sus figuras, muchas de ellas patrocinadas por Nike. La clasificación de Colombia al torneo y el rendimiento de jugadores como Ríos en ligas europeas han elevado el perfil del país en los mercados globales de ropa deportiva, creando un círculo virtuoso entre éxito deportivo, marketing y expansión comercial.
Lo que viene ahora es clave: si Nike confirma o descarta formalmente la producción local en los próximos meses, el impacto en la industria textil colombiana podría ser transformador. Mientras tanto, el Mundial de 2026 marcará el termómetro real de hasta dónde puede llegar la marca en el mercado colombiano, un laboratorio de consumo que, con sus más de 52 millones de habitantes y una clase media en crecimiento, sigue siendo una de las apuestas más atractivas de América del Sur.


