El mundo se prepara para enfrentar uno de los fenómenos climáticos más poderosos del planeta. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que existe una probabilidad del 80% de que El Niño se forme antes de septiembre de 2025, cifra que escala al 90% si se considera su posible persistencia hasta noviembre. Lo más alarmante: algunos científicos ya señalan que este nuevo episodio podría convertirse en el más intenso registrado en lo que va del siglo XXI.

El secretario general de la ONU, António Guterres, no midió sus palabras al calificar la situación como una ‘alarma climática urgente’. Advirtió que ‘las condiciones de El Niño avivarán el fuego de un mundo que ya experimenta un aumento de las temperaturas’, y que sus efectos ‘se extenderán más lejos y cruzarán fronteras con una rapidez devastadora’. La advertencia llega en un momento en que Europa occidental registra olas de calor inusuales en pleno mayo, con temperaturas récord en el Reino Unido e Irlanda.

Contexto y antecedentes

El Niño es un patrón climático cíclico originado en el océano Pacífico que altera de forma profunda los regímenes de temperatura y precipitación a escala global. Se repite cada pocos años y suele extenderse entre nueve y doce meses. No es un fenómeno nuevo ni desconocido, pero su interacción con el cambio climático de origen humano lo convierte en una amenaza cualitativamente diferente a la de décadas anteriores.

El episodio más reciente, registrado entre 2023 y 2024, se ubicó entre los cinco más intensos de los que existe registro histórico. Ese ciclo contribuyó directamente a que 2024 se consolidara como uno de los años más calurosos jamás documentados por la ciencia. Ahora, con las temperaturas de la superficie del mar en zonas clave del Pacífico acercándose nuevamente a los umbrales críticos, los modelos climáticos anticipan que el próximo episodio será ‘al menos de intensidad moderada’, con posibilidades reales de escalar a categoría fuerte.

La OMM y el servicio meteorológico británico ya advirtieron la semana pasada que la aparición de un nuevo año récord de temperaturas globales antes de que termine esta década es ‘casi segura’. El regreso de El Niño podría acelerar ese escenario y hacer que se materialice tan pronto como en 2027, según los modelos más actualizados.

Los puntos clave

  • Probabilidad muy alta: La OMM estima un 80% de posibilidades de que El Niño se forme antes de septiembre de 2025, y un 90% de que persista hasta noviembre.
  • Intensidad sin precedentes recientes: Los modelos climáticos prevén que el episodio será al menos de intensidad moderada, con posibilidad de convertirse en el más fuerte del siglo XXI hasta la fecha.
  • Amenaza a la seguridad alimentaria global: Expertos del centro de investigación británico Unidad de Inteligencia sobre Energía y Clima advirtieron que el fenómeno podría ser ‘devastador para muchos agricultores y amenazar la vida de millones de personas’.
  • Efectos climáticos diferenciados por región: El fenómeno suele provocar lluvias excesivas en partes de América del Sur y el sur de EE.UU., mientras genera sequías en América Central, el norte de Sudamérica, el Caribe, Australia e Indonesia.
  • Impacto en ciclones: Las aguas cálidas del Pacífico pueden intensificar los huracanes en ese océano, mientras reducen su actividad en el Atlántico, alterando los patrones de riesgo para zonas costeras.

¿Qué significa esto?

Más allá de los datos meteorológicos, lo que está en juego es la capacidad de respuesta de los sistemas de salud, alimentación e infraestructura de decenas de países. El Niño no actúa en el vacío: llega a un planeta cuyas reservas de resiliencia climática se han reducido por décadas de calentamiento acumulado. Las sequías ya no son solo sequías, sino crisis hídricas; las lluvias torrenciales desbordan infraestructuras diseñadas para otro clima. Gareth Redmond King, especialista en energía y clima, sintetizó el riesgo con claridad: la perturbación que provocará El Niño podría llegar a ‘amenazar la vida de millones de personas’, en especial aquellas que dependen directamente de la agricultura de subsistencia.

El impacto también alcanza la economía global. Las cadenas de suministro de alimentos, ya bajo presión por el cambio climático y las tensiones geopolíticas derivadas de conflictos como el de Ucrania, enfrentarán nuevas disrupciones. El aumento de precios de productos básicos como el trigo, el maíz o el arroz —cultivos altamente sensibles a las variaciones climáticas— podría agravar la inflación alimentaria en las regiones más vulnerables del mundo, afectando desproporcionadamente a las poblaciones de menores ingresos.

Perspectiva para América Latina

América Latina está en el epicentro de los efectos esperados. El fenómeno suele traer lluvias intensas y riesgo de inundaciones al norte de Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil, mientras que al mismo tiempo genera sequías severas en América Central, el Caribe, Colombia, Venezuela y el norte de Perú. Para países como Honduras, Guatemala o El Salvador —ya golpeados por anteriores episodios que empujaron migraciones masivas— un nuevo El Niño intenso representa una amenaza existencial para comunidades agrícolas enteras. En Brasil, las inundaciones históricas de Rio Grande do Sul en 2024, vinculadas en parte al El Niño anterior, son un recordatorio brutal de lo que puede venir.

Para la región, la advertencia de la ONU no debería tomarse solo como un pronóstico meteorológico sino como una señal política: los gobiernos latinoamericanos deben acelerar sus planes de adaptación climática, reforzar sistemas de alerta temprana y proteger a las poblaciones más vulnerables antes de que el fenómeno alcance su pico. La ventana de preparación es estrecha, pero existe.

Las próximas semanas serán decisivas para confirmar si El Niño se consolida con la intensidad prevista. Los organismos internacionales, encabezados por la OMM, continuarán monitoreando las temperaturas del Pacífico y actualizando sus proyecciones. Lo que queda claro desde ahora es que la combinación de un nuevo El Niño fuerte con el calentamiento global de fondo no es un escenario hipotético: es, según la ciencia, el más probable, y el mundo tiene muy poco tiempo para ponerse a punto.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 2 de junio de 2026
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