El área metropolitana de Barranquilla amaneció esta semana con una noticia que sus comerciantes y residentes esperaban desde hace meses: operativos conjuntos del Gaula de la Policía Metropolitana y la Fiscalía General de la Nación culminaron con capturas significativas e incautaciones de material criminal perteneciente a dos de las estructuras delictivas más temidas del Caribe colombiano. Los allanamientos se ejecutaron de manera simultánea en Barranquilla y en el municipio de Soledad, localidades que concentran más de tres millones de habitantes y que llevan años sometidas a un régimen de terror impuesto por extorsionistas y grupos armados ilegales.
La relevancia de estos operativos no se mide solo en el número de detenidos o en el material incautado, sino en el mensaje que envían en un momento político crucial: Colombia se encuentra en la antesala de una transición presidencial, y el debate sobre la llamada ‘paz urbana’ con estas estructuras —que algunos sectores han intentado negociar— sigue siendo una de las discusiones más sensibles del país. Que el Gaula actúe con contundencia precisamente ahora habla de la complejidad del panorama de seguridad que heredará el próximo gobierno.
Desde News Media IA seguimos de cerca la situación de seguridad en el Caribe colombiano porque afecta directamente la calidad de vida de millones de personas y porque las decisiones que se tomen en los próximos meses definirán el rumbo del crimen organizado en una de las regiones más estratégicas del país.
Contexto: ¿Qué hay detrás de esta noticia?
‘Los Pepes’ y ‘Los Costeños’ son dos estructuras criminales que operan en el área metropolitana de Barranquilla con métodos que incluyen extorsión sistemática a pequeños y medianos comerciantes, control territorial de barrios populares, microtráfico y sicariato. Ambas organizaciones han mantenido en vilo a los residentes de comunas enteras, donde el ‘cobro de vacunas’ —término local para la extorsión periódica— se ha convertido en un impuesto ilegal que afecta especialmente a tenderos, transportadores y propietarios de negocios informales. Según datos de la Cámara de Comercio de Barranquilla, la extorsión figura entre los tres principales factores que inhiben la formalización empresarial en la ciudad.
El Gaula, unidad especializada en extorsión y secuestro, viene intensificando sus operaciones en la región desde finales de 2025, luego de que se registrara un repunte en las denuncias por extorsión, muchas de ellas vinculadas a amenazas directas contra familias de comerciantes que se negaron a pagar. El Teniente Coronel Rodrigo Manrique, comandante operativo de la Policía Metropolitana de Barranquilla, ha sido el rostro visible de esta ofensiva institucional que busca desarticular las redes logísticas y financieras de ambas bandas, no solo capturar eslabones menores de la cadena criminal.
El municipio de Soledad, que con más de 700.000 habitantes es uno de los más poblados de Colombia, ha sido históricamente un corredor estratégico para estas organizaciones. Su densidad poblacional, la presencia de zonas industriales y la cercanía con el puerto de Barranquilla lo convierten en un territorio codiciado por estructuras que mezclan economía criminal con control social de las comunidades.
Los puntos clave que debes conocer
- Los operativos fueron ejecutados de forma conjunta por el Gaula de la Policía Metropolitana de Barranquilla y la Fiscalía General de la Nación, lo que indica que existe una investigación judicial de fondo con pruebas suficientes para sostener las capturas ante los jueces.
- Las diligencias se desarrollaron simultáneamente en Barranquilla y Soledad, dos municipios que conforman el núcleo del área metropolitana del Atlántico, donde la presión extorsiva sobre comerciantes y residentes es una problemática crónica y documentada.
- ‘Los Pepes’ es la estructura respecto a la cual el gobierno saliente no logró concretar ningún acuerdo de sometimiento, mientras que ‘Los Costeños’ habrían manifestado disposición para iniciar un proceso de paz urbana, según reportes recientes de medios especializados en seguridad.
- El Gaula ha intensificado las requisas en puntos estratégicos de la ciudad y ha incorporado visitas preventivas a tiendas de barrio, uno de los negocios más vulnerables a la extorsión, como parte de una estrategia que combina la acción judicial con la presencia visible del Estado en el territorio.
- Los allanamientos dejaron no solo capturas de presuntos integrantes de las bandas, sino también incautaciones de material que podría incluir armas, dinero en efectivo y elementos utilizados para el control territorial, insumos claves para las investigaciones judiciales en curso.
¿Qué significa esto en la práctica?
Para los comerciantes de barrios como La Manga, San Roque, El Bosque o los sectores populares de Soledad, estos operativos representan algo más que titulares de prensa: significan, al menos de forma temporal, una reducción del riesgo de recibir amenazas o de ver sus negocios vandalizados por no pagar extorsión. Sin embargo, la experiencia histórica en Colombia muestra que la captura de mandos medios o incluso de cabecillas no elimina automáticamente la estructura criminal: si el aparato financiero y la red de reclutamiento permanecen intactos, la organización tiende a regenerarse en semanas o meses. Por eso, el impacto real de estos allanamientos dependerá en gran medida de la profundidad de la investigación judicial que los respaldó.
Quienes se ven más directamente afectados —para bien y para mal— son los pequeños empresarios del sector informal, los líderes comunitarios que han tenido que coexistir con estas estructuras y los residentes de los barrios bajo control territorial de las bandas. Para ellos, la presencia del Estado es bienvenida pero también genera incertidumbre: los vacíos de poder que deja la captura de líderes criminales pueden ser llenados rápidamente por facciones rivales, desatando ciclos de violencia que afectan a la población civil. Esta es la paradoja más difícil de resolver en la seguridad urbana colombiana.
Perspectiva para Colombia y América Latina
La situación de Barranquilla y Soledad no es un fenómeno aislado: es el espejo de una tendencia que se repite en Medellín, Cali, Buenaventura y decenas de ciudades intermedias de Colombia, donde el crimen organizado ha dejado de operar en las periferias para instalarse en el corazón económico y social de las comunidades urbanas. El debate sobre cómo responder a estas estructuras —con mano dura, con procesos de sometimiento negociado o con una combinación de ambas— seguirá siendo uno de los dilemas centrales de la política de seguridad del país. Los operativos en el Atlántico demuestran que la acción judicial coordinada sigue siendo una herramienta válida, pero también revelan que el problema estructural de las economías criminales locales requiere respuestas que vayan más allá de los allanamientos.
En el contexto latinoamericano, Colombia sigue siendo observada como un laboratorio de políticas de seguridad urbana. Países como Ecuador, Honduras y algunas regiones de México enfrentan dinámicas similares de control territorial por parte de estructuras criminales de mediano tamaño. La forma en que Barranquilla y el nuevo gobierno colombiano manejen el caso de ‘Los Pepes’ y ‘Los Costeños’ —especialmente si prospera o fracasa cualquier intento de diálogo con estas organizaciones— aportará lecciones valiosas o advertencias sobre los límites de los procesos de ‘paz urbana’ como instrumento de política pública.
Lo que viene: ¿Qué esperar?
En las próximas semanas será clave seguir el proceso judicial que se desprenda de estas capturas: si los detenidos son imputados por cargos de peso —como concierto para delinquir agravado, extorsión y porte ilegal de armas— y si los jueces sostienen las medidas de aseguramiento, el mensaje institucional se consolidará. Además, con el cambio de gobierno en el horizonte, la pregunta sobre si la nueva administración continuará la política de presión militar o intentará retomar la mesa de negociación con estas estructuras es determinante para el futuro de la seguridad en el Caribe colombiano.
Desde News Media IA consideramos que la sostenibilidad de estas operaciones depende de algo que va más allá del número de capturas: la voluntad institucional de atacar los recursos económicos de estas bandas, proteger a los testigos y denunciantes, y ofrecer a los comerciantes afectados mecanismos reales de denuncia sin represalia. Sin esos pilares, los operativos serán victorias tácticas en una guerra que, sin cambios estructurales, seguirá siendo difícil de ganar.
Preguntas frecuentes
¿Quiénes son ‘Los Pepes’ y ‘Los Costeños’ y por qué son tan peligrosos en Barranquilla?
Son dos de las estructuras criminales más activas del área metropolitana de Barranquilla, dedicadas principalmente a la extorsión de comerciantes, el microtráfico y el control territorial de barrios populares. Su peligrosidad radica en su capacidad de infiltrar comunidades enteras, imponiendo un régimen de cobros ilegales que afecta especialmente a pequeños empresarios y residentes vulnerables.
¿Qué es el Gaula y qué papel juega en estos operativos?
El Gaula es el Grupo de Acción Unificada por la Libertad Personal, una unidad élite de la Policía colombiana especializada en combatir la extorsión y el secuestro. En estos operativos actuó de forma conjunta con la Fiscalía, lo que implica que las capturas responden a investigaciones judiciales previas con evidencias concretas y no solo a operaciones de inteligencia policial.
¿Qué posibilidades hay de que estas bandas se sometan a la justicia o negocien con el gobierno?
Según reportes recientes, ‘Los Costeños’ habrían mostrado disposición para explorar un proceso de paz urbana, mientras que con ‘Los Pepes’ no se logró ningún acuerdo durante el gobierno saliente. La llegada de una nueva administración abre un período de incertidumbre sobre si se retomarán o descartarán esos diálogos, decisión que tendrá consecuencias directas sobre la seguridad de los habitantes del área metropolitana.



