El mundo podría estar atravesando un punto de no retorno en su relación con el petróleo. Según un análisis de JPMorgan, la demanda china de crudo se ha desplomado un 9% respecto a los niveles previos a la guerra con Irán, una cifra que supera con creces la caída del 2% registrada durante la Gran Recesión de 2008. Lo verdaderamente revelador no es el número en sí, sino lo que hay detrás: China no está en crisis económica. Simplemente está dejando de necesitar el petróleo.
Esta transición no fue impuesta desde arriba por decreto gubernamental. Ocurrió desde abajo, impulsada por millones de consumidores que, ante el encarecimiento del combustible provocado por el conflicto bélico en Medio Oriente, tomaron decisiones prácticas y permanentes: cambiar el auto de gasolina por un vehículo eléctrico, tomar el tren en lugar del avión, viajar más cerca. Son decisiones que, según los analistas, podrían haber marcado el inicio del llamado ‘pico del petróleo’: ese momento histórico en que la demanda global comienza un descenso del que ya no regresará.
Contexto y antecedentes
El concepto de ‘pico del petróleo’ fue formulado originalmente por el geólogo M. King Hubbert en 1956, quien predijo que la producción de crudo eventualmente alcanzaría un máximo y luego declinaría de forma irreversible. Durante décadas, el debate giró en torno al lado de la oferta: ¿cuándo se agotarían las reservas? Hoy, la discusión ha cambiado radicalmente de eje: el pico podría llegar antes por el lado de la demanda, impulsado por la electrificación del transporte y las energías renovables.
China es el mayor importador de petróleo del mundo y representaba hasta hace poco el motor principal del crecimiento de la demanda global de crudo. Importa el 70% del petróleo que consume y era el principal comprador del crudo iraní. La guerra con Irán, que cerró el estratégico estrecho de Ormuz —por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial—, debería haber golpeado a China de forma devastadora. Que no haya sido así es una señal extraordinaria sobre hacia dónde va la economía energética global.
China había acumulado colosales reservas estratégicas de crudo con antelación, lo que le permitió amortiguar el golpe inmediato. Pero más allá de esa previsión, el cambio estructural en el comportamiento del consumidor chino resulta más significativo: durante el feriado del Primero de Mayo, la carga de vehículos eléctricos en autopistas creció un 55,6% interanual, y casi una cuarta parte de los autos en circulación eran eléctricos, un 33% más que el año anterior. Al mismo tiempo, los vuelos internacionales cayeron un 5,7% mientras los viajes en tren aumentaron un 4,6%.
Los puntos clave
- La demanda china de petróleo cayó un 9% frente a niveles previos a la guerra con Irán, superando ampliamente la caída del 2% registrada en la Gran Recesión de 2008.
- China logró absorber el impacto energético gracias a sus reservas estratégicas de crudo y a una acelerada transición hacia vehículos eléctricos y transporte público.
- Durante el feriado del Primero de Mayo, el uso de vehículos eléctricos en autopistas chinas creció un 55,6% respecto al año anterior, con casi un 25% del parque automotor en circulación siendo eléctrico.
- En Europa, las matriculaciones de autos nuevos alcanzaron su nivel más alto en siete años, lideradas por híbridos y eléctricos, favorecidos por la caída en los precios de la electricidad gracias a inversiones en energía solar y eólica.
- En Estados Unidos, en cambio, la eliminación de incentivos gubernamentales a los vehículos eléctricos por parte del Congreso republicano y la administración Trump ha frenado esta tendencia de forma notable.
¿Qué significa esto?
Si el ‘pico de la demanda’ ya ha llegado, las consecuencias para la economía global serían profundas y duraderas. Los países productores de petróleo, especialmente aquellos cuyas arcas dependen casi exclusivamente de los ingresos del crudo, enfrentarían un horizonte de ingresos decrecientes que ninguna guerra de precios ni recorte de producción podría revertir. Natasha Kaneva, jefa de Estrategia de Materias Primas en JPMorgan, advierte que ‘la historia sugiere que las crisis petroleras del pasado a menudo dejaron como secuela una caída duradera en la demanda’, lo que implica que parte de la caída actual podría ser, sencillamente, permanente.
Para la industria automotriz, las energéticas y los mercados financieros globales, este escenario redefine los modelos de negocio de las próximas décadas. Las empresas que apuesten por el petróleo como activo central a largo plazo podrían estar construyendo sobre arena. Al mismo tiempo, la aceleración tecnológica en baterías, redes de carga y energías renovables sugiere que la transición no solo es posible, sino que ya está ocurriendo orgánicamente, sin necesidad de esperar a que los gobiernos la impongan.
Perspectiva para América Latina
Para América Latina, esta tendencia global tiene implicaciones de doble filo. La región alberga a algunos de los mayores productores de petróleo del mundo: Venezuela, México, Brasil, Colombia y Ecuador son economías cuyas finanzas públicas dependen en mayor o menor medida de los ingresos petroleros. Un declive estructural en la demanda global de crudo reduciría el valor de sus exportaciones y afectaría directamente sus presupuestos nacionales, sus programas sociales y sus tasas de cambio. Venezuela, ya en situación crítica, sería especialmente vulnerable. Brasil, con Petrobras como columna vertebral de su industria energética, deberá acelerar su propia transición o enfrentar activos que se deprecien más rápido de lo proyectado.
Al mismo tiempo, el lado positivo es que la caída en los precios globales del petróleo beneficiaría a los países importadores netos de la región, como Chile, Uruguay y gran parte de Centroamérica, que verían reducidas sus facturas energéticas. La pregunta estratégica para América Latina es si sus gobiernos aprovecharán este momento de transición para invertir en energías limpias y diversificar sus matrices productivas, o si seguirán apostando por un recurso cuya demanda global empieza a mostrar signos de declive irreversible.
El estrecho de Ormuz permanece bloqueado y el conflicto en Medio Oriente no muestra señales claras de resolución a corto plazo. Lo que hay que seguir de cerca no es solo cuándo se restablecerá el flujo del petróleo, sino si cuando eso ocurra la demanda estará allí para recibirlo. Los datos de China y Europa sugieren que, para entonces, el mundo podría haber avanzado más rápido de lo esperado hacia un futuro postpetrolero.


