Hay pocas habilidades más valiosas en el deporte profesional que la capacidad de mejorar deliberadamente una faceta específica del juego. No es magia: requiere trabajo, disciplina y tiempo. Pero cuando se domina ese arte, el esfuerzo se convierte en resultados casi garantizados. Shohei Ohtani parece haber nacido con ese don, y la temporada 2026 lo demuestra de una manera que, paradójicamente, comienza con números decepcionantes al bate.
Una temporada al bate que genera alarmas en Los Ángeles
Lo que está haciendo Ohtani con los Dodgers esta temporada en el plato no es lo que sus fanáticos esperaban. El japonés batea apenas .265, su promedio más bajo en una temporada completa. Suma solo siete jonrones y seis bases robadas, cifras que, aunque no son desastrosas, resultan llamativamente modestas para alguien que ha ganado cuatro premios MVP consecutivos, todos por unanimidad.
Su producción ofensiva se sitúa un poco más del 30% por encima del promedio de la liga, lo cual no está mal en términos absolutos, pero sí resulta insuficiente para alguien de su calibre. La situación ha preocupado lo suficiente a la organización de los Dodgers como para otorgarle descansos regulares en medio de esta racha. Y eso, viniendo de uno de los atletas más extraordinarios de la historia del béisbol, no pasa desapercibido.
El otro Ohtani: un lanzador que persigue el Cy Young
Pero hay otra cara de esta historia, y es donde radica la verdadera narrativa de la temporada. Mientras su producción ofensiva genera incertidumbre, Ohtani está lanzando a un nivel que lo coloca entre los mejores pitchers del béisbol en este momento. No es casualidad ni coincidencia: según todo indica, el japonés está priorizando de forma activa y deliberada su desempeño en el montículo, con la mirada puesta en el premio Cy Young.
Y esa elección tiene un costo. Incluso un atleta tan singular como Ohtani está sujeto a las mismas limitaciones de tiempo, energía y recuperación que afectan a cualquier ser humano. El hecho de que esté sacrificando parte de su rendimiento ofensivo para brillar como lanzador no lo hace menos especial. Al contrario: subraya lo extraordinario que resulta ser que haya podido hacer ambas cosas al mismo tiempo durante tanto tiempo.
El precedente de 2022: cuando lanzar bien también tuvo su precio
Este no es un fenómeno nuevo. En 2022, con los Angels de Los Ángeles, Ohtani tuvo su mejor y más exigente temporada como abridor hasta entonces: registró una efectividad de 2.33 en 166 entradas y terminó cuarto en la votación del Cy Young. Sin embargo, ese mismo año bateó ‘solo’ 34 jonrones y presentó un perfil ofensivo un 42% superior al promedio, el decimocuarto mejor entre los bateadores calificados.
En retrospectiva, resulta evidente que el éxito como lanzador en aquella temporada le cobró factura al bate. En aquel entonces, Ohtani apenas acumulaba un MVP, la novedad de sus hazañas bidireccionales seguía impresionando al mundo y aún no nos habíamos acostumbrado a esperar que un solo hombre encarnara a dos de los mejores atletas del planeta.
El 2024 como contraste: sin lanzar, Ohtani reescribió la historia
El contraste más revelador llega con la temporada 2024. Imposibilitado para lanzar mientras se recuperaba de la cirugía del ligamento colateral cubital, conocida como cirugía Tommy John, Ohtani desplegó un nivel ofensivo sin precedentes, tanto en su propia carrera como en la historia del béisbol. Esa temporada, la primera con los Dodgers, lo llevó a conquistar su primer anillo de la Serie Mundial y a escribir páginas que el béisbol tardará décadas en olvidar.
Lo que la temporada 2026 demuestra, incluso en medio de la preocupación por sus cifras al bate, es algo fascinante: Ohtani puede elegir en qué quiere destacar. Y cuando elige algo, lo persigue con una determinación que pocos atletas en la historia del deporte han demostrado. Sus siete jonrones, aunque modestos para un bateador designado, liderarían con comodidad la liga entre los lanzadores. Eso, en sí mismo, dice todo sobre quién es Shohei Ohtani.



