El sistema financiero colombiano arranca 2026 con señales mixtas pero alentadoras: aunque las utilidades del sector muestran una moderación frente a años anteriores, la cartera de crédito completa 11 meses consecutivos de crecimiento real, la morosidad cede terreno y los fondos de pensiones reportaron rendimientos por 54,8 billones de pesos para sus afiliados. Un panorama que, lejos de ser alarmante, refleja una consolidación gradual tras uno de los ciclos de tasas de interés más agresivos de la historia reciente del país.
Los segmentos de microcrédito y vivienda lideran la expansión del crédito, lo que tiene implicaciones directas para los colombianos de menores ingresos y para el mercado inmobiliario. Al mismo tiempo, los hogares destinan una proporción relativamente menor de sus ingresos al pago de deudas, a pesar de que las tasas siguen en niveles históricamente elevados. Esto sugiere que la resiliencia financiera de los deudores colombianos es mayor de lo que se esperaba al inicio del ciclo restrictivo.
Contexto y antecedentes
Colombia vivió entre 2022 y 2024 uno de los procesos de endurecimiento monetario más pronunciados de su historia. El Banco de la República elevó su tasa de interés de referencia hasta el 13,25%, un nivel no visto en décadas, con el objetivo de domar una inflación que llegó a superar el 13% anual. Este ajuste encareció el crédito, golpeó la demanda interna y generó una ola de morosidad, especialmente en carteras de consumo, que presionó a la baja las utilidades del sector bancario durante 2024 y buena parte de 2025.
Desde mediados de 2024, el Emisor comenzó un ciclo de recortes graduales que ha devuelto algo de oxígeno al sistema. La tasa de referencia bajó progresivamente y, aunque todavía no llega a niveles neutros, el alivio se ha trasladado paulatinamente al mercado crediticio. Entidades como Bancolombia, Davivienda y el Banco de Bogotá reportaron presiones en sus márgenes, pero también iniciativas de diversificación: Davivienda, por ejemplo, incursionó recientemente en el negocio de los espectáculos con ‘Daviarena’, señal de que los grandes bancos buscan fuentes de ingreso más allá del negocio tradicional.
El microcrédito, que atiende a emprendedores y trabajadores informales, y la cartera hipotecaria, que dinamiza el sector constructor, son los dos motores del crecimiento actual. Ambos segmentos tienen un impacto social significativo: el primero impulsa la economía popular y el segundo sostiene empleos en una de las industrias más intensivas en mano de obra del país.
Los puntos clave
- La cartera de crédito del sistema financiero acumula 11 meses consecutivos de crecimiento real, consolidando una tendencia de recuperación sostenida tras el freno de 2023 y 2024.
- El microcrédito y la cartera de vivienda son los segmentos de mayor expansión, beneficiando directamente a emprendedores, trabajadores informales y familias que buscan adquirir vivienda propia.
- La morosidad del sistema financiero ha bajado, lo que indica que los deudores están cumpliendo mejor sus obligaciones y que los bancos han avanzado en el saneamiento de sus balances.
- Los fondos de pensiones generaron rendimientos por 54,8 billones de pesos para sus afiliados en el arranque del año, una cifra que fortalece el ahorro pensional de largo plazo.
- A pesar de las tasas aún elevadas, los colombianos destinan una proporción menor de sus ingresos al servicio de la deuda, lo que apunta a un ajuste en el comportamiento financiero de los hogares.
¿Qué significa esto?
La moderación de ganancias en el sector bancario no debe leerse como una señal de debilidad estructural, sino como la consecuencia natural de un ciclo de normalización. Cuando las tasas bajan, los márgenes de intermediación se comprimen: los bancos cobran menos por los créditos sin que los costos operativos caigan proporcionalmente. Lo relevante es que el sistema sigue siendo rentable y solvente, y que los indicadores de calidad de cartera mejoran. Esto es precisamente lo que los reguladores y el Banco de la República esperaban ver: un aterrizaje suave, no un colapso crediticio.
Para los ciudadanos comunes, el panorama empieza a ser más favorable. La caída en la morosidad y el crecimiento del crédito hipotecario y de microcrédito indican que más colombianos tienen acceso a financiamiento productivo. Sin embargo, queda la tarea pendiente del 4 por 1.000, un impuesto a las transacciones financieras que sigue generando fricción y que mantiene a una parte importante de la economía en la informalidad, retardando la plena inclusión financiera del país.
Perspectiva para América Latina
El caso colombiano es un termómetro valioso para la región. América Latina vivió en bloque el ciclo de altas tasas de interés impulsado tanto por la Reserva Federal de Estados Unidos como por la necesidad interna de controlar la inflación. Brasil, Chile, México y Perú enfrentaron dilemas similares: cómo enfriar la economía sin asfixiar el crédito ni hundir la calidad de los activos bancarios. Colombia demuestra que es posible atravesar ese ciclo y salir con un sistema financiero más sano, siempre que la regulación sea robusta y la política monetaria actúe con gradualidad. Los rendimientos récord de los fondos de pensiones también son una señal positiva en un continente donde la discusión sobre la sostenibilidad pensional sigue siendo urgente, desde las reformas en Chile hasta el debate abierto en Colombia con la nueva ley de pensiones aprobada en 2024.
Perspectiva para América Latina
Además, el crecimiento del microcrédito en Colombia puede servir de referencia para economías con alta informalidad laboral como las de Bolivia, Ecuador o Guatemala, donde el acceso al crédito formal sigue siendo uno de los principales cuellos de botella para el desarrollo de la pequeña empresa y la economía popular.
El sistema financiero colombiano cierra los primeros meses de 2026 enviando señales de recuperación moderada pero consistente. Los próximos meses serán clave para confirmar si la tendencia se consolida: habrá que seguir de cerca las decisiones del Banco de la República sobre tasas, la evolución del desempleo y el comportamiento del mercado inmobiliario, factores que determinarán si este ciclo virtuoso logra sostenerse a lo largo del año.


