El Gobierno británico celebró este martes una reunión de gabinete en Downing Street que podría convertirse en el acto final de la carrera política del primer ministro Keir Starmer. Lo que habitualmente sería un encuentro rutinario de política semanal se transformó en el escenario de una crisis sin precedentes para el laborismo.

Ministros clave piden la cabeza de Starmer

Al menos dos pesos pesados del ejecutivo han dado ya el paso de exigirle personalmente al primer ministro que abandone el cargo. Según varios medios británicos, la ministra del Interior, Shabana Mahmood, y la de Exteriores, Yvette Cooper, se reunieron cara a cara con Starmer para pedirle que se haga a un lado y prepare su retirada ordenada.

El detonante de esta crisis es el desastroso resultado del partido laborista en las elecciones municipales de Inglaterra y en los comicios autonómicos de Escocia y Gales. En todos esos frentes, el laborismo sufrió una derrota histórica a manos de la ultraderecha de Nigel Farage y de los Verdes.

Starmer se resistió, pero la presión fue imparable

El propio Starmer intentó frenar el golpe el lunes al anunciar que tenía toda la intención de seguir al frente del Gobierno. Incluso advirtió a sus compañeros de partido que pagarían un alto precio político si se embarcaban en guerras internas similares a las que destruyeron a los anteriores ejecutivos conservadores. ‘Los votantes no nos lo perdonarían’, les dijo.

Sin embargo, sus palabras no surtieron efecto. A lo largo del lunes se fue configurando un clamor creciente dentro del grupo parlamentario laborista. Más de 70 diputados pidieron públicamente su dimisión inmediata o, al menos, la puesta en marcha de un calendario de retirada que permitiera celebrar unas primarias internas.

La comparación con la caída de Boris Johnson fue inevitable. Cuando el exprimer ministro conservador supo que sus propios diputados lo habían abandonado, acuñó una frase que ya es historia política: ‘Cuando la manada se mueve, la manada se mueve’. Este lunes, la manada laborista se movió a velocidad de vértigo.

La batalla por la sucesión ya ha comenzado

Si Starmer presenta su dimisión este martes, el partido deberá resolver de inmediato varias cuestiones cruciales. La mayoría de los diputados rebeldes reclaman una ‘transición ordenada’ que desembocaría en la elección de un nuevo líder en el congreso del partido, previsto para septiembre.

Detrás de esta petición de calma hay una razón estratégica muy concreta: dar tiempo al alcalde de Mánchester, Andy Burnham, para disputar una elección parcial en alguna circunscripción favorable, conseguir el escaño que exige la normativa del partido y poder así aspirar al liderazgo. Burnham representa la izquierda moderada laborista y cuenta con un amplio respaldo popular.

Frente a él se perfila el actual ministro de Sanidad, Wes Streeting, que encarna el ala derecha del partido y quiere acelerar el proceso precisamente para impedir que Burnham tenga tiempo de obtener su escaño. Sus rivales sospechan que la maniobra acelerada del lunes lleva la firma del ministro.

Si se alcanza el umbral de 81 diputados, equivalente al 20% del grupo parlamentario, las primarias internas se activarían de forma automática, obligando a la izquierda laborista a encontrar con urgencia un candidato alternativo a Streeting.

Otros nombres en la carrera

Entre las opciones que se barajan para ese escenario figuran Angela Rayner, exviceprimera ministra que abandonó el Gobierno por sus fricciones con el Ministerio de Hacienda, y el actual ministro para el Cambio Climático, Ed Miliband, quien ya lideró el partido hace más de una década aunque no logró llevar al laborismo a La Downing Street.

El futuro inmediato del Gobierno británico y del laborismo depende ahora de las horas que siguen. La política del Reino Unido vive uno de sus momentos más convulsos en años recientes.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 12 de mayo de 2026
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