Suiza, conocida durante siglos por su neutralidad inquebrantable, está viviendo uno de los mayores virajes en su política de defensa. El país alpino no solo incrementa su presupuesto militar, sino que comienza a replantearse su papel en la seguridad del continente europeo ante la aparición de nuevas amenazas como los drones de bajo coste, los misiles de precisión y los ciberataques.

Un ministro con mensaje claro en Berlín

El consejero federal y ministro de Defensa suizo, Martin Pfister, realizó declaraciones contundentes el lunes durante la reunión del bloque DACH, el espacio económico común que agrupa a Alemania, Austria y Suiza, celebrada en la capital alemana.

‘Suiza quiere y está dispuesta a asumir la responsabilidad de su propia seguridad, pero también a responder a las expectativas del resto de países europeos, que esperan que contribuyamos a la seguridad de nuestro continente. Queremos estar a la altura de esta exigencia como socio fiable’, declaró Pfister.

Estas palabras marcan un cambio simbólico significativo para una nación que no forma parte ni de la Unión Europea ni de la OTAN, y que durante décadas ha mantenido una política exterior de no alineamiento.

Del 0,7% al 1% del PIB: el camino hacia el rearme

Actualmente, Suiza destina apenas el 0,7% de su Producto Interior Bruto al gasto en defensa, una cifra notablemente inferior a la de la mayoría de los estados europeos integrados en la OTAN. El plan de Berna contempla un aumento progresivo hasta alcanzar el 1% del PIB en 2032.

El contraste con sus vecinos es llamativo. Alemania, por ejemplo, invierte alrededor del 2,4% de su PIB en defensa, y cuenta con casi 186.000 soldados en la Bundeswehr, su ejército profesional. Suiza, con una población de 9,1 millones de habitantes, mantiene un ejército de unos 140.000 militares, en su mayoría bajo un modelo de conscripción.

Pfister ha reconocido que, pese a contar con un ejército ‘razonablemente grande’ para los estándares europeos, las fuerzas armadas helvéticas necesitan modernización urgente, especialmente en lo que respecta a la defensa aérea.

El escudo europeo y sus limitaciones

En el encuentro DACH, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, recordó que tanto Austria como Suiza forman parte de la iniciativa ‘European Sky Shield’ (Escudo Aéreo Europeo), lanzada por Alemania en el verano de 2022. Esta plataforma multinacional busca desarrollar sistemas comunes de defensa antiaérea y antimisiles, abaratar costes mediante compras conjuntas y mejorar la interoperabilidad entre países.

En ese marco, Berlín y Berna están adquiriendo conjuntamente el sistema de defensa aérea de tipo IRIS-T SLM. Sin embargo, los expertos advierten de que esta tecnología, aunque valiosa, no es suficiente por sí sola.

El problema de los drones baratos

Marcel Berni, profesor de Estudios Estratégicos en la Academia Militar de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zúrich), ha puesto el dedo en la llaga sobre una de las principales vulnerabilidades del sistema defensivo europeo actual.

‘El IRIS-T SLM es importante frente a amenazas de alcance medio, en particular aviones, misiles de crucero y drones de mayor tamaño. Pero no es una respuesta adecuada a los drones baratos. Quien combate un dron que cuesta unos pocos miles de francos con un caro misil guiado pierde la batalla de los costes’, señaló Berni.

El experto advierte que las inversiones actuales, aunque necesarias, se concentran en sistemas de alto valor como el F-35, el Patriot y el IRIS-T SLM, dejando sin cubrir la amenaza de los drones económicos empleados de forma masiva y de los ciberataques.

‘Las lagunas en la defensa tierra-aire son clamorosas en toda Europa. Suiza sigue esa tendencia general: acierta en modernizar su defensa aérea convencional, pero deja abierta una brecha preocupante frente a los ataques con drones de bajo coste y las ofensivas digitales’, concluyó Berni.

Un debate que apenas comienza

El debate sobre el futuro de la neutralidad suiza no ha hecho más que empezar. La guerra en Ucrania, iniciada en 2022, ha actuado como catalizador de un replanteamiento profundo en toda Europa, y Suiza no es una excepción. La pregunta que ahora sobrevuela Berna es cuánto está dispuesto a cambiar un país que ha hecho de la neutralidad parte esencial de su identidad nacional.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 20 de mayo de 2026
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