Las alarmas climáticas vuelven a encenderse. En las últimas semanas se han multiplicado las señales de que el fenómeno meteorológico El Niño podría regresar antes de que termine el año, y algunos modelos científicos apuntan a algo todavía más preocupante: la llegada de un llamado ‘Súper El Niño’, también conocido popularmente como ‘El Niño Godzilla’.
¿Qué es El Niño y por qué importa?
El Niño es uno de los dos estados opuestos de un fenómeno climático natural conocido como Oscilación del Sur de El Niño (ENSO, por sus siglas en inglés). Su contraparte es La Niña. Ambos fenómenos se identifican principalmente por la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico central y oriental: cuando las aguas están más cálidas de lo normal, hablamos de El Niño; cuando están más frías, de La Niña.
El nombre tiene raíces históricas profundas. Fueron los pescadores de Perú y Ecuador quienes bautizaron este fenómeno, ya que las aguas inusualmente cálidas solían aparecer cerca de la época navideña, en referencia al Niño Dios. La Niña, por su parte, recibió ese nombre simplemente por ser el fenómeno contrario.
Estos eventos no siguen un calendario fijo: suelen producirse cada dos a siete años y su duración habitual oscila entre nueve y doce meses, aunque en ocasiones se prolongan más. El último episodio de La Niña ocurrió entre 2024 y 2025. Actualmente, las condiciones en el Pacífico se consideran ‘neutrales’, lo que significa que no estamos bajo la influencia de ninguno de los dos fenómenos.
¿Qué hace tan especial al ‘Súper El Niño’?
Un fenómeno típico de El Niño ya tiene consecuencias notables: eleva las temperaturas globales, intensifica las tormentas tropicales en ciertas zonas y genera sequías en otras. Cuando ese fenómeno alcanza una intensidad extraordinaria, los científicos hablan de un ‘Súper El Niño’.
El Centro de Predicción Climática de Estados Unidos define este nivel extremo como temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico tropical central superiores a 1,5 °C por encima de la media histórica. Según sus estimaciones, existe actualmente alrededor de un 33% de probabilidad de que eso ocurra entre octubre y diciembre de este año.
Estos episodios extremos son relativamente poco frecuentes. El más reciente y sostenido tuvo lugar entre 2015 y 2016, un período que contribuyó a que 2016 se convirtiera en el año más caluroso registrado hasta entonces, récord que posteriormente fue superado por 2023, 2024 y 2025. Durante ese episodio también se registró un ascenso del nivel del mar a nivel global y una reducción significativa del hielo marino en el Ártico.
La advertencia de los expertos: cautela ante las predicciones
Pese al tono alarmante con que algunos medios y fuentes han presentado la posibilidad de un ‘Súper El Niño’, los científicos especializados piden prudencia. Tim Stockdale, del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF), reconoció ante la BBC que el propio término le resulta relativamente nuevo.
‘Creo que la gente creó esto para indicar un evento de El Niño muy importante, como los que vimos en 1997-98 o 2015-16, cuando las anomalías superaron los 2 °C en la región del Pacífico central’, explicó el experto.
Stockdale señaló que los modelos actuales apuntan con mayor probabilidad hacia un El Niño moderado, aunque algunos escenarios no descartan la posibilidad de un evento más intenso. La incertidumbre, subraya la comunidad científica, sigue siendo considerable.
Impactos en América Latina y el resto del mundo
Aunque no hay dos fenómenos de El Niño exactamente iguales, la historia climática permite anticipar ciertos patrones cuando este evento se desarrolla. América Latina es una de las regiones que más lo siente: algunas zonas experimentan lluvias extremas e inundaciones, mientras que otras sufren sequías prolongadas que afectan la agricultura, el suministro de agua y la economía local.
El nivel de impacto dependerá en gran medida de la intensidad final del fenómeno, algo que los científicos aún no pueden determinar con precisión. Lo que sí está claro es que, en un planeta ya sometido al calentamiento global, cualquier episodio de El Niño tiene el potencial de amplificar sus efectos de manera significativa.
El mundo climático mira con atención los próximos meses. Las decisiones que se tomen hoy en materia de preparación y adaptación podrían marcar la diferencia frente a lo que venga.



