Tommy Robredo, uno de los tenistas españoles más importantes de las últimas décadas, no tiene dudas sobre el futuro de Carlos Alcaraz. A pesar de la lesión en la muñeca derecha que le impidió participar en el Mutua Madrid Open, el exnúmero cinco del mundo y actual director del Torneo Conde de Godó es tajante: ‘Es una cosa pasajera. Tiene que volver cuando esté recuperado al 100% y que pueda dar su mejor nivel’. Una voz autorizada que habla desde la experiencia de 23 años compitiendo al más alto nivel.
Robredo, de 43 años y con 12 títulos ATP en su palmarés, hizo estas declaraciones en el marco del Ibiza Tech Forum, donde repasó su transición del deporte de élite a la gestión deportiva, la ruptura entre Alcaraz y su exentrenador Juan Carlos Ferrero, y un problema que, según él, va mucho más allá del tenis: una cultura juvenil que ha perdido la capacidad de tolerar la frustración, justo el ingrediente que, a su juicio, forja a los campeones.
Contexto y antecedentes
La actualidad del tenis español lleva semanas marcada por dos noticias de gran impacto. La primera fue la ruptura, en diciembre de 2025, entre Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero tras siete años de trabajo conjunto y seis títulos de Grand Slam cosechados juntos. Según distintas fuentes del circuito, la separación no respondió a razones deportivas sino a discrepancias en la renovación del contrato, lo que convirtió el caso en un ejemplo más de cómo las relaciones profesionales en el deporte de élite están cada vez más condicionadas por factores económicos y de gestión empresarial.
La segunda fue la lesión de Alcaraz en la muñeca derecha, sufrida en Barcelona, que le obligó a retirarse del Mutua Madrid Open. El murciano, que cerró la temporada 2025 como número uno del mundo por segunda vez, acudió a la gala de los Premios Laureus 2026 en Madrid con una férula, aunque sí pudo recoger el galardón al mejor deportista masculino del año, un reconocimiento que trasciende el tenis y lo posiciona como uno de los grandes atletas globales del momento.
Robredo, por su parte, conoce bien el entorno. Comparte una larga trayectoria personal con Ferrero, con quien coincidió en el circuito durante años, y desde hace algo más de un año dirige el ATP 500 del Conde de Godó en Barcelona, el torneo de tierra batida más antiguo del circuito, que él mismo ganó en 2004. Tomó el relevo de David Ferrer en la dirección del torneo tras haber trabajado previamente como asesor del club, una transición que describe sin dramatismo: ‘El vínculo de estar en el club como asesor influyó. Y a partir de ahí, encantado’.
Los puntos clave
- Alcaraz volverá al máximo nivel: Robredo descarta que la lesión de muñeca tenga un impacto estructural en la carrera del tenista murciano y pide que regrese solo cuando esté completamente recuperado.
- La ruptura Alcaraz-Ferrero no fue deportiva: Según distintas fuentes, la separación tras siete años y seis Grand Slams juntos respondió a discrepancias económicas en la renovación del contrato, no a problemas sobre la pista.
- Robredo dirige el Conde de Godó: El extenista, retirado en abril de 2022, asumió la dirección del torneo ATP 500 más antiguo del circuito en tierra batida hace algo más de un año, siguiendo la estela de David Ferrer.
- La frustración como herramienta pedagógica: Robredo alerta sobre una tendencia cultural preocupante: padres y sociedad que protegen a los jóvenes de la frustración, eliminando uno de los motores principales del crecimiento deportivo y personal.
- Alcaraz cerró 2025 como número uno: El tenista español terminó la pasada temporada en lo más alto del ranking mundial por segunda vez, y fue galardonado en los Premios Laureus 2026 como mejor deportista masculino del año.
¿Qué significa esto?
Las palabras de Robredo sobre Alcaraz tienen peso precisamente porque no son las de un comentarista externo, sino las de alguien que ha vivido la exigencia del circuito durante más de dos décadas y que ahora gestiona desde dentro uno de los torneos más relevantes del calendario. Su mensaje va en dos direcciones: tranquilizar a la afición ante una lesión que genera inquietud, y al mismo tiempo lanzar un aviso más profundo sobre la mentalidad con la que los jóvenes talentos llegan hoy al deporte de élite. La ausencia de frustración temprana, según Robredo, genera una carencia de hambre competitiva que puede comprometer el desarrollo de futuras generaciones de tenistas.
En cuanto a la separación entre Alcaraz y Ferrero, el análisis de Robredo aporta una lectura madura y alejada del sensacionalismo: ‘En una empresa, en un negocio, a veces los caminos se separan, y eso no quiere decir que haya que separar las amistades’. Esta perspectiva refleja una realidad cada vez más presente en el deporte profesional, donde las relaciones entrenador-deportista funcionan bajo lógicas contractuales y de negocio que pueden entrar en conflicto con los vínculos humanos construidos durante años de trabajo compartido.
Perspectiva para América Latina
El caso Alcaraz tiene una resonancia especial en América Latina, donde el tenis ha experimentado un crecimiento sostenido en las últimas décadas y donde el seguimiento a los tenistas españoles es históricamente intenso. La figura del murciano representa para muchos jóvenes latinoamericanos un modelo de deportista integral: técnico, mental y mediáticamente poderoso. La reflexión de Robredo sobre la cultura de la frustración y el esfuerzo como pilares del éxito conecta directamente con debates que se dan en academias deportivas de toda la región, donde la brecha entre el talento natural y la formación psicológica del deportista sigue siendo uno de los grandes desafíos pendientes.
Además, la transición de Robredo del deporte de élite a la gestión y la formación ofrece un modelo de segunda carrera que resulta inspirador en contextos donde los deportistas retirados rara vez encuentran estructuras institucionales que aprovechen su experiencia. Su apuesta por quedarse en lo que sabe, sin grandes reinvenciones, es también un mensaje sobre el valor del conocimiento especializado en un mundo que a menudo premia la novedad por encima de la profundidad.
En las próximas semanas, todos los ojos estarán puestos en la evolución de la muñeca de Alcaraz y en la confirmación de quién asumirá el rol de entrenador principal tras la salida de Ferrero. La elección de su nuevo equipo técnico podría marcar el rumbo de la que ya muchos consideran la carrera más importante del tenis mundial en este momento. Robredo, desde su tribuna privilegiada en Barcelona, seguirá siendo una voz a escuchar.



