Una gran alianza energética acaba de sacudir el mapa eléctrico europeo. La francesa TotalEnergies y el grupo checo EPH han sellado un acuerdo que los convierte en uno de los mayores productores de electricidad con gas del continente. La operación, cerrada el pasado 29 de abril, ha despertado tanto entusiasmo entre los inversores como alarma entre los defensores del clima.
Los detalles del acuerdo
El pacto otorga a TotalEnergies una participación del 50 por ciento en la cartera de generación eléctrica flexible de EPH en Francia, Irlanda, Italia, Países Bajos y Reino Unido. En total, el portafolio incluye 14 gigavatios de activos en operación y en construcción, de los cuales 12,5 GW corresponden a centrales de gas fósil. Una cifra que equivale a toda la potencia de gas instalada en Bélgica, Dinamarca, Portugal y Suecia juntas.
A cambio de esta participación, EPH recibió acciones de TotalEnergies valoradas en aproximadamente 5.100 millones de euros, lo que la convierte en uno de los accionistas más importantes de la compañía francesa.
¿Seguridad energética o dependencia prolongada?
Las dos empresas justifican la operación apelando a la necesidad de Europa de contar con generación eléctrica ‘flexible’: una capacidad de respaldo que pueda activarse cuando la producción eólica o solar cae de forma repentina. TotalEnergies la ha enmarcado dentro de su iniciativa ‘Clean Firm Power’, con la que promete suministrar a sus clientes industriales electricidad baja en carbono durante las 24 horas del día, combinando renovables con activos flexibles.
Sin embargo, los críticos no comparten ese optimismo. El grupo de campaña Beyond Fossil Fuels publicó un informe en el que advierte que la empresa conjunta podría ‘profundizar la dependencia de Europa del costoso gas fósil importado, aumentar las facturas de la luz y ralentizar la transición del continente hacia la energía limpia’.
El problema técnico detrás del argumento
Uno de los argumentos más concretos del informe apunta a la tecnología empleada. El 87 por ciento de las unidades de gas de la nueva sociedad en operación o en construcción utilizan tecnología de turbina de gas de ciclo combinado, conocida como CCGT. Este tipo de instalaciones está diseñado principalmente para una generación sostenida y eficiente de ‘carga base’, no para responder con rapidez a los picos de demanda.
Las CCGT tardan más en arrancar y funcionan mejor cuando operan durante muchas horas con una producción relativamente estable. Investigaciones de la organización sin ánimo de lucro Reclaim Finance han demostrado que, cuando se emplean para cubrir una demanda flexible, su durabilidad y rentabilidad se reducen, mientras que aumentan sus emisiones de CO2 y de contaminantes atmosféricos.
Las verdaderas protagonistas de la respuesta rápida son las turbinas de gas de ciclo abierto, conocidas como OCGT, capaces de arrancar y alcanzar su potencia máxima en apenas unos minutos. Sin embargo, de todas las centrales incluidas en la empresa conjunta, solo dos corresponden a esta categoría: Trapani, en Sicilia, y Kilroot, en el Reino Unido.
El gas sigue siendo necesario en Europa
El debate no surge en el vacío. El gas natural sigue cumpliendo un papel relevante en la gestión de las redes eléctricas europeas. Según la Agencia Internacional de la Energía, el consumo de gas para generación eléctrica creció casi un ocho por ciento en Europa en 2025, impulsado en parte por períodos de baja producción eólica e hidráulica.
Por su parte, ENTSO-E, el organismo que agrupa a los gestores de redes europeos, sostiene que la generación flexible es ‘esencial para garantizar un sistema eléctrico europeo seguro, eficiente y resiliente’. No obstante, en un informe de noviembre de 2025 concluye que el almacenamiento, una gestión más inteligente de la red y el aprovechamiento de la propia flexibilidad de las renovables son la respuesta estructural a largo plazo para cumplir con los objetivos climáticos del continente.
El acuerdo entre TotalEnergies y EPH pone sobre la mesa una pregunta que Europa aún no ha sabido responder con claridad: ¿hasta cuándo puede permitirse depender del gas mientras avanza hacia la descarbonización?



