Uzbekistán ha lanzado un ambicioso programa de transformación industrial valorado en varios miles de millones de dólares para maximizar los ingresos de sus exportaciones de alimentos, metales y minerales. Este plan estratégico busca retener dentro del país una mayor parte del valor generado por sus productos primarios, cambiando el modelo de negocio tradicional donde el país exportaba materias primas sin procesamiento agregado.

El gobierno uzbeko ha establecido metas concretas para 2030: desarrollar una industria de transformación de alimentos valorada en 10.000 millones de dólares, crear una cartera de proyectos en metales tecnológicos por 4.200 millones de dólares, y localizar la producción de 880.000 toneladas de chapa de acero. Estas cifras representan un cambio fundamental en la estrategia económica del país, que reconoce que producir volúmenes masivos de materias primas ya no es suficiente para generar ingresos significativos en la economía global actual.

Contexto y antecedentes

Uzbekistán, como país sin acceso directo al mar ubicado en Asia Central, ha enfrentado históricamente desafíos logísticos para exportar sus productos. Sin embargo, el país posee recursos abundantes: produce anualmente decenas de millones de toneladas de frutas y verduras, dispone de importantes reservas de cobre, oro y otros metales, y cuenta con una base industrial establecida. El problema no ha sido la capacidad de producción, sino la capacidad de monetizar esa producción de manera eficiente.

Este cambio de estrategia llega en un contexto favorable. En junio de 2024, la agencia calificadora Moody’s mejoró la calificación de la deuda soberana de Uzbekistán de Ba3 a Ba2, reconociendo mejoras sostenidas en su marco institucional, políticas económicas más sólidas y condiciones fiscales más robustas. Esta mejora crediticia abre nuevas posibilidades de financiamiento para proyectos de inversión a largo plazo, permitiendo que el gobierno pueda respaldar su ambicioso programa de transformación industrial.

Puntos clave

  • Uzbekistán busca desarrollar una industria de transformación de alimentos por 10.000 millones de dólares para 2030, multiplicando el valor de sus productos agrícolas
  • El país planea invertir 4.200 millones de dólares en proyectos de metales tecnológicos y localizar la producción de 880.000 toneladas de chapa de acero
  • Moody’s elevó la calificación crediticia de Uzbekistán a Ba2 en junio de 2024, mejorando el acceso a financiamiento internacional para estos proyectos
  • El gobierno busca implementar certificaciones internacionales como halal, ecológica, ISO y GLOBALG.A.P. para acceder a mercados premium con precios más altos
  • El Complejo Tecnológico de Metales de Uzbekistán (TMK), creado en 2024, desarrolla más de 100 proyectos para ascender en la cadena de valor de metales y minería

Qué significa esto?

Este programa representa una transformación económica fundamental para Uzbekistán. En lugar de exportar frutas frescas, el país buscará vender jugos procesados, mermeladas, productos enlatados y otros derivados de mayor valor. En lugar de exportar cobre sin procesar, buscará fabricar componentes tecnológicos y productos de aleación que generen márgenes de ganancia significativamente más altos. El ministro de Agricultura, Ibrokhim Abdurakhmonov, lo expresó claramente: «Si la producción no genera ingresos, no puede haber una verdadera seguridad alimentaria. Cada producto que se crea y cada recurso que se utiliza deben generar rendimiento y volver a la economía en forma de ingresos».

El desafío es considerable. Para lograrlo, Uzbekistán no solo necesita invertir en plantas de procesamiento y tecnología, sino también construir infraestructura logística, obtener certificaciones internacionales reconocidas, capacitar mano de obra especializada y crear un ambiente de negocios que atraiga inversión privada. Kanokpan Lao-Araya, directora de país del Banco Asiático de Desarrollo, subraya que las infraestructuras son inversiones a largo plazo que requieren mantenimiento continuo, personal cualificado y un sólido marco jurídico. La confianza de los inversores dependerá de la estabilidad política, claridad regulatoria y disponibilidad de mano de obra calificada.

Perspectiva para Colombia y América Latina

El modelo que Uzbekistán está implementando ofrece lecciones valiosas para países latinoamericanos como Colombia, que también dependen significativamente de exportaciones de materias primas agrícolas y minerales. Colombia produce café, flores, banano y tiene importantes reservas de oro, cobre y carbón, pero enfrenta el mismo desafío: capturar más valor agregado localmente en lugar de exportar productos sin procesar. La estrategia uzbeka de enfatizar certificaciones internacionales, estándares de calidad y procesamiento local es directamente aplicable al contexto latinoamericano.

Sin embargo, América Latina cuenta con ventajas que Uzbekistán no tiene: acceso directo al mar, tratados comerciales establecidos con mercados principales como Estados Unidos y la Unión Europea, y una experiencia previa en agroindustria y manufactura. El reto para Colombia y la región es implementar políticas similares pero aprovechando mejor estas ventajas comparativas, promoviendo asociaciones público-privadas que financien infraestructura de transformación, estableciendo estándares de calidad competitivos y creando ecosistemas de innovación que permitan escalabilidad y eficiencia en los procesos de agregación de valor.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Uzbekistán cambia de exportar materias primas a productos transformados?

Porque los márgenes de ganancia en productos procesados son mucho mayores. Una tonelada de algodón bruto genera menos ingresos que esa misma tonelada convertida en tela o prendas de vestir. El algodón sin procesar puede venderse a $1.500-2.000 por tonelada, mientras que textiles elaborados alcanzan $10.000-15.000 por tonelada. Este cambio multiplica los ingresos por exportación sin necesariamente aumentar la producción bruta.

¿Cuán realista es alcanzar los 10.000 millones de dólares en transformación de alimentos para 2030?

La meta es ambiciosa pero alcanzable considerando que Uzbekistán ya prevé que este año llegue a 4.500 millones de dólares. Sin embargo, requiere inversión sostenida en infraestructura, tecnología y certificaciones, además de acceso a financiamiento internacional. La mejora en calificación crediticia de Moody’s facilita esto, pero el éxito dependerá también de la capacidad de atraer inversión privada extranjera, mantener estabilidad política y crear un marco regulatorio claro y predecible para los inversores.

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Fuente: News Media · Publicado el 8 de julio de 2026
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