La vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez aterrizó este miércoles en Nueva Delhi en lo que representa su sexta visita oficial a India, con una agenda que incluye comercio, salud e inversiones. Sin embargo, el verdadero motor de este acercamiento diplomático es uno solo: el petróleo. Venezuela, con las mayores reservas probadas de crudo del mundo, emerge como un actor energético imprescindible en un momento en que India enfrenta una de sus crisis de suministro más delicadas en años.

El dato que lo explica todo es contundente: aproximadamente la mitad de las importaciones de crudo de India —entre 2,5 y 2,7 millones de barriles diarios— transitaba por el estrecho de Ormuz, el paso estratégico del Golfo Pérsico que ha quedado prácticamente bloqueado por el conflicto en Irán. India importa cerca del 90% de su petróleo, lo que la convierte en una economía profundamente vulnerable a cualquier interrupción en Medio Oriente. En ese escenario, Caracas deja de ser una nota al margen y pasa a ocupar un lugar central en la geopolítica energética global.

Contexto y antecedentes

La relación energética entre India y Venezuela no es nueva, pero sí ha sido turbulenta. Durante años, las refinerías indias procesaron crudo venezolano con fluidez, hasta que las sanciones impuestas por Estados Unidos contra compradores del petróleo de Caracas interrumpieron esos flujos. Durante aproximadamente un año, las importaciones se detuvieron por completo. El punto de inflexión llegó en febrero de 2025, cuando un acuerdo de alivio de sanciones entre Washington y Caracas abrió nuevamente la puerta para que las refinerías indias reanudaran sus compras.

La recuperación ha sido rápida y significativa. Según la firma de análisis marítimo Kpler, India importó alrededor de 280.000 barriles diarios de crudo venezolano en abril y mayo, y se proyecta que las llegadas en junio superen los 300.000 barriles diarios. En mayo, Venezuela se posicionó como la quinta mayor fuente de crudo para India, con un 5,3% del total de sus importaciones, solo por detrás de Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Brasil. Es un ascenso meteórico para un proveedor que estuvo marginado durante más de doce meses.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores indio, Randhir Jaiswal, fue explícito al describir a Venezuela como ‘un socio energético importante’, subrayando además que empresas energéticas estatales indias mantienen inversiones activas en territorio venezolano. Rodríguez tiene previstas reuniones con el primer ministro Narendra Modi y otros altos funcionarios, lo que eleva el nivel político de un vínculo que hasta hace poco era considerado secundario.

Los puntos clave

  • India depende del 90% de petróleo importado, y la mitad de ese volumen pasaba por el estrecho de Ormuz, hoy comprometido por el conflicto en Irán, obligando a Nueva Delhi a buscar alternativas urgentes.
  • Venezuela suministró cerca de 266.000 barriles diarios en mayo de 2025, convirtiéndose en el quinto mayor proveedor de crudo para India, según datos de la firma Kpler.
  • Las importaciones se reanudaron en febrero de 2025 tras un acuerdo de alivio de sanciones entre Washington y Caracas, poniendo fin a una interrupción de aproximadamente un año.
  • El crudo venezolano es pesado y rico en azufre, lo que lo hace relativamente más barato pero complejo de procesar; las sofisticadas refinerías indias están entre las pocas capaces de refinarlo eficientemente.
  • El comercio bilateral apenas alcanzó US$679 millones en 2024-25, una cifra modesta que contrasta con la importancia estratégica que Venezuela tiene para la seguridad energética india.

¿Qué significa esto?

El analista principal de Kpler, Sumit Ritolia, ofrece una lectura clave: los primeros cargamentos ‘probablemente se aseguraron mucho antes de las recientes interrupciones’, lo que revela que India no está reaccionando en pánico, sino ejecutando una estrategia de diversificación de largo plazo. Esto es importante porque cambia el marco interpretativo: no se trata de una alianza de emergencia, sino de un reposicionamiento deliberado de la política energética india. Para Venezuela, eso es una buena noticia; significa que no es una opción de contingencia, sino un proveedor que India está integrando estructuralmente en su cadena de suministros.

Las consecuencias son múltiples. Para el gobierno de Nicolás Maduro, este acercamiento representa ingresos en divisas, legitimidad diplomática y un argumento ante su propia población de que la política exterior venezolana está generando resultados tangibles. Para India, significa reducir su vulnerabilidad ante la volatilidad del Golfo Pérsico, aunque el crudo venezolano sigue siendo un porcentaje pequeño del total. El riesgo para Nueva Delhi es la dependencia de un proveedor sujeto a vaivenes políticos y a la variable impredecible de las sanciones estadounidenses, cuyo alivio puede revertirse.

Perspectiva para América Latina

Para América Latina, esta visita es una señal de que Venezuela continúa buscando insertarse en el comercio global a través de su único activo verdaderamente irresistible: sus reservas de hidrocarburos. El acercamiento a India forma parte de una estrategia más amplia de Caracas por construir alianzas con potencias emergentes —China, Rusia e India— que no condicionan sus relaciones a exigencias de democratización o respeto a los derechos humanos. Esto plantea un debate profundo en la región sobre si el peso del petróleo puede, en la práctica, neutralizar las presiones internacionales sobre regímenes cuestionados democráticamente.

Además, el caso venezolano-indio ilustra una tendencia global que afecta a toda la región: el petróleo latinoamericano —de Brasil, Guyana, México y ahora Venezuela con mayor intensidad— está ganando protagonismo en Asia, un mercado que será el centro de la demanda energética mundial durante las próximas décadas. Los países de la región que logren posicionarse en ese mercado con estrategias sólidas y previsibles tendrán una ventaja geopolítica considerable frente a quienes dependan únicamente de las relaciones tradicionales con Europa y Estados Unidos.

Los próximos meses serán determinantes para evaluar si esta alianza se consolida. El volumen de importaciones proyectado para junio —más de 300.000 barriles diarios— marcará un récord reciente en la relación bilateral. Lo que hay que seguir de cerca es si el alivio de sanciones estadounidenses se mantiene, si las inversiones de empresas estatales indias en Venezuela se activan de forma más concreta, y si Rodríguez logra que esta visita se traduzca en acuerdos con fecha de cumplimiento, y no solo en declaraciones diplomáticas de buena voluntad.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 4 de junio de 2026
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