Pekín volvió a desplegar este miércoles la alfombra roja para demostrar que, en el tablero geopolítico actual, todos los caminos pasan por China. El presidente Xi Jinping recibió a su homólogo ruso, Vladímir Putin, con una puesta en escena casi idéntica a la que ofreció hace apenas una semana al mandatario estadounidense Donald Trump. El mensaje era claro: China habla con todos, pero no con todos habla igual.
Un encuentro cargado de simbolismo
La ceremonia de bienvenida se celebró frente al Gran Salón del Pueblo, el imponente edificio reservado para los grandes eventos políticos en el lateral occidental de la plaza de Tiananmen. Todos los elementos del protocolo chino estuvieron presentes: alfombra roja, guardia de honor, una salva de 21 cañonazos y niños agitando banderas de ambas naciones.
La banda militar interpretó ‘Noches de Moscú’, un clásico soviético de fuerte carga simbólica, mientras Putin saludaba a los escolares que le daban la bienvenida. Tras los actos protocolarios, los dos líderes mantuvieron una reunión en formato restringido para abordar asuntos más sensibles y, posteriormente, un encuentro ampliado con sus respectivas delegaciones.
Amigos más allá de la diplomacia
Xi marcó desde el inicio el tono político y personal del encuentro al referirse a Putin como su ‘querido amigo’, una expresión que llamó la atención por su ausencia durante la visita de Trump la semana pasada. Con el líder ruso, Xi se ha reunido en más de 40 ocasiones desde que asumió el poder en 2012.
‘Usted y yo hemos cultivado una estrecha relación que ha contribuido a dar forma a los vínculos profundos y fructíferos entre China y Rusia’, afirmó Xi ante las cámaras. El contraste con la frialdad protocolaria mostrada ante Trump resultó evidente para cualquier observador.
Xi también señaló que los lazos bilaterales han entrado en una etapa de desarrollo ‘más proactiva y acelerada’ y llamó a aprovechar la ‘oportunidad histórica’ para ensanchar la base de confianza mutua, elevar la calidad de la cooperación y ampliar el camino de la amistad, según la cadena estatal CCTV.
Putin eleva el tono político
El presidente ruso, que agradeció la ‘cálida acogida’ de Pekín, respondió citando un proverbio chino: ‘un día sin vernos parecen tres otoños’, una fórmula calculada para subrayar la cercanía personal con su anfitrión. Después elevó el mensaje al plano político: la relación bilateral se encuentra, según sus palabras, en un nivel ‘sin precedentes’ y ha mantenido un ‘fuerte dinamismo’ pese a los ‘factores externos desfavorables’.
Putin destacó que la asociación integral entre Moscú y Pekín se rige por principios de igualdad y amistad, y que su objetivo es el bienestar y la prosperidad de ambos pueblos. Además, extendió una invitación formal a Xi para visitar Rusia el próximo año, en una nueva muestra de la continuidad y solidez de una relación que ambos gobiernos presentan como madura y estable.
Un contrapeso al orden occidental
Por su parte, Xi advirtió del riesgo de que el mundo retroceda hacia la ‘ley de la jungla’ y defendió que Pekín y Moscú eleven la calidad de su cooperación estratégica en un momento de ‘turbulencias’ internacionales. Como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, ambas potencias se presentan como garantes de un orden mundial alternativo al liderado por Washington.
La visita de Putin a Pekín, su vigésimo quinto viaje al gigante asiático, llega apenas cuatro días después de la partida de Trump. Esta concatenación diplomática refuerza la imagen que China quiere proyectar: la de una potencia capaz de marcar tiempos y dialogar con todos los actores decisivos en un mundo cada vez más fragmentado.



