Un escándalo de proporciones mayúsculas sacude el sistema de tránsito colombiano: el Ministerio de Transporte determinó que 37 organizaciones de tránsito en todo el país estuvieron cobrando comparendos por fotomultas sin contar con los avales técnicos exigidos por la ley. La cifra total de multas comprometidas asciende a 7,5 millones a nivel nacional, una cantidad que revela no una falla aislada, sino una práctica sistemática que afectó a millones de conductores durante años.

Las consecuencias económicas son contundentes. Solo en Bogotá, cerca de 294.000 comparendos podrían quedar anulados, lo que obligaría al Distrito a devolver aproximadamente 70.000 millones de pesos a los afectados. En Barranquilla, unos 131.000 comparendos están bajo revisión. La Superintendencia de Transporte —Supertransporte— ya ratificó que la decisión está en firme y anunció que continuará revisando más cámaras en el país.

Contexto y antecedentes

El sistema de fotomultas en Colombia fue implementado como una herramienta de modernización del control vial, con el objetivo de reducir infracciones de tránsito de manera automatizada y sin intervención directa de agentes. Sin embargo, su expansión acelerada no siempre estuvo acompañada del cumplimiento riguroso de los requisitos técnicos y legales que exige el marco normativo colombiano para que estos dispositivos sean válidos como prueba de una infracción.

La investigación del Ministerio de Transporte detectó tres graves modalidades de irregularidad: equipos de fotodetección que operaban sin la debida certificación técnica, sistemas instalados sin los procesos de homologación requeridos, y cámaras activas en zonas donde no se había surtido el trámite administrativo completo para su funcionamiento legal. Ciudades como Bogotá, Medellín, Barranquilla y Bello figuran entre los municipios con mayor número de comparendos cuestionados.

El concejal bogotano Julián Forero había advertido previamente que la capital contaba con 92 cámaras de fotomultas, muchas de las cuales operaban en condiciones que debían ser verificadas. La denuncia de congresistas y veedores ciudadanos fue parte del proceso que terminó desencadenando la investigación oficial que hoy tiene al país en vilo.

Los puntos clave

  • 37 organizaciones de tránsito en todo el territorio colombiano fueron sancionadas por el Gobierno nacional por cobrar fotomultas sin los avales técnicos requeridos por la ley.
  • El total de fotomultas comprometidas a nivel nacional asciende a 7,5 millones, convirtiéndose en uno de los mayores escándalos del sistema de tránsito en la historia reciente del país.
  • En Bogotá, cerca de 294.000 comparendos podrían anularse, con una devolución estimada de 70.000 millones de pesos que el Distrito tendría que reembolsar a los afectados.
  • Supertransporte confirmó que la decisión de anulación está en firme y que la entidad continuará revisando más cámaras en otras ciudades del país.
  • Los ciudadanos afectados tienen derecho a recuperar el dinero pagado por comparendos que sean declarados inválidos, y las autoridades han comenzado a establecer los mecanismos para hacerlo efectivo.

¿Qué significa esto?

Más allá de la devolución de dinero, este escándalo pone en entredicho la legitimidad de un sistema en el que millones de colombianos confiaron —o se vieron obligados a acatar— durante años. Quienes pagaron multas sin recurrirlas asumieron una sanción que ahora se revela como ilegítima. Quienes las impugnaron y perdieron tienen argumentos renovados. Y quienes aún tienen comparendos pendientes de pago se encuentran en una situación jurídica compleja: ¿deben seguir pagando mientras sus casos están bajo revisión? Las autoridades tendrán que dar respuestas claras y ágiles para evitar un caos administrativo.

El impacto institucional también es profundo. La credibilidad del sistema de control vial automatizado queda seriamente dañada en un momento en que Colombia busca modernizar su infraestructura de movilidad. Las empresas operadoras de cámaras y las entidades de tránsito que permitieron esta situación enfrentan no solo sanciones administrativas, sino potenciales demandas civiles por parte de los afectados. El Estado, a su vez, deberá asumir costos fiscales significativos por las devoluciones ordenadas.

Perspectiva para América Latina

El caso colombiano no es un fenómeno aislado en la región. En varios países latinoamericanos —México, Argentina, Chile, Perú— los sistemas de fotomultas han enfrentado cuestionamientos similares relacionados con la validez técnica de los equipos, la transparencia en los procesos de contratación de las empresas operadoras y la falta de mecanismos accesibles de impugnación para los ciudadanos. Lo que distingue el caso colombiano es la escala del problema y la contundencia de la respuesta estatal, que puede servir de precedente para que otros países de la región auditen sus propios sistemas.

Para la ciudadanía latinoamericana, este episodio refuerza una lección fundamental: los sistemas automatizados de sanción no están exentos de irregularidades, y el Estado tiene la obligación de garantizar que cada multa impuesta cumpla estrictamente con los requisitos legales. La tecnología al servicio del control vial debe ser también objeto de control ciudadano permanente.

El proceso de revisión de las fotomultas en Colombia aún no ha concluido. Supertransporte ha anticipado que continuará auditando más cámaras en distintas ciudades del país, lo que podría elevar aún más el número de comparendos anulados. Los afectados deben estar atentos a los canales oficiales para conocer el procedimiento exacto de devolución, mientras el Gobierno enfrenta el desafío de reconstruir un sistema de control vial que, esta vez, cuente con la confianza y la legalidad que merece la ciudadanía.

Publicidad
Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 22 de mayo de 2026
Compartir este artículo
X (Twitter) Facebook WhatsApp