Un hombre de 65 años fue asesinado a balazos en plena luz del día en el barrio Ciudadela 20 de Julio de Barranquilla, Colombia, en un crimen que conmocionó a la comunidad local y que habría sido precedido por una acalorada discusión. Lo que resulta especialmente perturbador es que su propia hija fue testigo del altercado verbal que, minutos después, desembocó en un ataque mortal.

Manuel Tobón Jiménez, quien se desempeñaba como transportador escolar, fue ultimado a mediodía del miércoles 20 de mayo de 2026. El hecho ocurrió en uno de los sectores residenciales del norte de Barranquilla, donde el clima de inseguridad ya venía siendo denunciado por residentes y trabajadores del transporte informal. El victimario huyó en motocicleta, un modus operandi que se ha vuelto tristemente recurrente en los crímenes urbanos del Caribe colombiano.

Contexto y antecedentes

El asesinato de Tobón Jiménez no ocurre en el vacío. El sector del transporte informal en el área metropolitana de Barranquilla y Soledad atraviesa una crisis de seguridad profunda, marcada por extorsiones sistemáticas que grupos criminales ejercen sobre motocarros, mototaxistas y transportadores escolares. Según reportes de autoridades locales, la banda conocida como ‘Los Costeños’ ha sido señalada como uno de los principales actores detrás de este esquema de intimidación y cobro forzado en la región.

La zozobra es tal que, tras el asesinato, circuló una frase que resume el estado de ánimo del gremio: ‘Mataron a uno y hoy nadie quiere salir a trabajar’. Este testimonio evidencia que el miedo ha logrado lo que las amenazas explícitas no siempre consiguen: paralizar la actividad laboral de cientos de personas que dependen del transporte informal para sobrevivir. No es un hecho aislado; apenas días antes, otro crimen sacudió la región cuando un artista urbano fue asesinado en un parque de Baranoa, un municipio cercano, sin que las autoridades hayan establecido aún una hipótesis concluyente.

Los grupos criminales que operan en el Atlántico han encontrado en el transporte informal un nicho rentable para la extorsión, aprovechando la informalidad del sector, la falta de organización colectiva de los trabajadores y la limitada presencia del Estado en ciertos barrios. Este patrón no es exclusivo de Barranquilla: se replica en ciudades como Cali, Cúcuta y varias zonas del Pacífico y el Caribe colombiano.

Los puntos clave

  • Manuel Tobón Jiménez, de 65 años y transportador escolar, fue asesinado a tiros al mediodía del 20 de mayo de 2026 en el barrio Ciudadela 20 de Julio de Barranquilla.
  • Una fuerte discusión habría precedido el ataque, y la hija de la víctima fue testigo presencial del altercado verbal que desencadenó el crimen.
  • El presunto asesino huyó en motocicleta, modalidad característica de los sicariatos urbanos en la región Caribe de Colombia.
  • Las autoridades han señalado a la banda ‘Los Costeños’ como responsable de las extorsiones que paralizan el gremio de motocarros en Soledad y zonas aledañas.
  • El ambiente de miedo post-asesinato provocó que numerosos transportadores decidieran no salir a trabajar, evidenciando el poder de intimidación de los grupos criminales sobre la economía informal.

¿Qué significa esto?

Más allá del drama humano que representa la pérdida de un padre de familia de 65 años frente a los ojos de su hija, este crimen expone una fractura estructural en la seguridad urbana de una de las ciudades más importantes de Colombia. Cuando los trabajadores informales tienen miedo de salir a ganarse el sustento, el crimen organizado ha alcanzado un nivel de control territorial que va más allá de la violencia física: controla la economía cotidiana de los barrios. Los transportadores escolares, además, son actores fundamentales en la cadena educativa: su parálisis afecta directamente la movilidad de niños y jóvenes en zonas donde el transporte público es insuficiente.

El hecho de que el crimen haya ocurrido en horario diurno, en un barrio habitado, y que el perpetrador haya escapado sin ser detenido, plantea preguntas urgentes sobre la capacidad de respuesta del Estado. La impunidad no solo protege a los criminales; alimenta el ciclo de terror que mantiene a comunidades enteras bajo el yugo de las extorsiones. Sin capturas efectivas y sin desmantelamiento de las redes criminales, episodios como el de Manuel Tobón seguirán repitiéndose.

Perspectiva para América Latina

La situación que vive el gremio del transporte informal en el área metropolitana de Barranquilla es un espejo de dinámicas que se reproducen en toda América Latina. En ciudades como Tegucigalpa, San Salvador, Ciudad de Guatemala o incluso zonas de México y Brasil, los transportistas informales han sido históricamente blancos predilectos de las extorsiones del crimen organizado. La ‘renta’ o ‘vacuna’ —como se le llama coloquialmente al cobro forzado— representa una carga económica brutal para trabajadores que ya operan en márgenes muy estrechos, y cuya única alternativa suele ser la sumisión o la huida.

Lo que distingue y preocupa del caso colombiano es la sofisticación con la que bandas locales como ‘Los Costeños’ han logrado penetrar sectores específicos de la economía informal, actuando con una coordinación que sugiere estructuras organizadas y no simples actos delincuenciales espontáneos. Para los gobiernos latinoamericanos, el caso de Barranquilla debería ser una señal de alerta sobre la urgencia de políticas integrales que combinen seguridad, formalización laboral y protección real a los trabajadores más vulnerables.

Las autoridades colombianas tienen ahora la responsabilidad de demostrar que la muerte de Manuel Tobón Jiménez no quedará impune. El seguimiento al avance de la investigación, la efectividad de las operaciones contra ‘Los Costeños’ y las medidas concretas de protección al gremio transportador serán los indicadores que determinen si el Estado está a la altura del desafío que impone el crimen organizado en el Caribe colombiano.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 22 de mayo de 2026
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