La Alcaldía de Cartagena asumió un compromiso público para preservar el ecosistema de manglar en Chambacú durante la segunda fase del nuevo complejo deportivo ubicado junto al icónico monumento de la India Catalina. La promesa incluye la creación de ecosenderos elevados, un corredor ecológico y zonas de contemplación, con una garantía explícita de cero tala de mangles durante todo el proceso constructivo.

La decisión llega en un momento en que el debate ambiental ha cobrado especial fuerza en la ciudad amurallada. Los manglares de Chambacú, que durante décadas fueron ignorados o degradados por el desarrollo urbano, se convierten ahora en el eje central de una propuesta que busca demostrar que el deporte, el turismo y la conservación pueden coexistir en un mismo espacio. El proyecto apuesta por integrar la naturaleza al diseño arquitectónico en lugar de sacrificarla en su nombre.

Contexto y antecedentes

Chambacú es uno de los territorios más cargados de historia y contradicciones en Cartagena. Fue durante décadas un barrio habitado principalmente por población afrodescendiente que fue desplazada en los años setenta bajo promesas de desarrollo que tardaron décadas en materializarse. Ese vacío urbano generó un deterioro ambiental progresivo, pero también permitió que los manglares se recuperaran de manera parcial, convirtiéndose en un refugio de biodiversidad en pleno centro de la ciudad.

La primera fase del complejo deportivo Nuevo Chambacú ya generó controversia entre organizaciones ambientales y comunidades locales, que alertaron sobre el riesgo de afectar el ecosistema. Ese antecedente obligó a la Administración Distrital a reforzar sus compromisos ambientales para la segunda etapa del proyecto, la cual contempla infraestructura deportiva de mayor envergadura. La presión ciudadana y de grupos ecologistas fue determinante para que el Distrito tomara una postura más explícita frente a la conservación.

Los manglares son ecosistemas de altísimo valor ecológico: actúan como barreras naturales contra el cambio climático, protegen las costas de la erosión, son viveros de especies marinas y capturan carbono de manera eficiente. En el contexto caribeño colombiano, donde la urbanización costera avanza sin pausa, su preservación representa un bien colectivo que va mucho más allá del valor estético o turístico.

Los puntos clave

  • La Alcaldía de Cartagena garantiza que no se talará ningún árbol de mangle durante la segunda fase del complejo deportivo de Chambacú.
  • El proyecto contempla la construcción de ecosenderos elevados que permitirán a visitantes y deportistas recorrer el manglar sin pisarlo ni dañarlo.
  • Se habilitará un corredor ecológico y zonas de contemplación que integrarán la naturaleza al diseño del complejo de manera activa.
  • El complejo se ubica en una zona estratégica del Centro Histórico de Cartagena, cerca del monumento a la India Catalina, lo que le otorga visibilidad turística y simbólica.
  • El compromiso del Distrito responde a la presión ejercida por organizaciones ambientales y ciudadanas que vigilaron de cerca la primera fase de la obra.

¿Qué significa esto?

Si el Distrito cumple su promesa, Cartagena podría convertirse en un referente latinoamericano de cómo integrar infraestructura urbana y deportiva en entornos ecosistémicos sensibles. Los ecosenderos elevados no son una novedad en el mundo, pero sí representan una apuesta relativamente nueva en Colombia, donde la tensión entre desarrollo y conservación suele resolverse a favor del cemento. La clave estará en la implementación real, en el monitoreo ambiental independiente y en la participación de las comunidades locales en la gestión del espacio.

Sin embargo, el compromiso verbal de ‘cero tala’ deberá traducirse en instrumentos jurídicos y técnicos concretos: estudios de impacto ambiental rigurosos, permisos de la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique (Cardique) y mecanismos de veeduría ciudadana. La historia de Chambacú enseña que las promesas institucionales, sin controles efectivos, pueden quedar en el papel. La sociedad civil cartagenera y las organizaciones ambientales deberán mantener una vigilancia activa durante todo el proceso.

Perspectiva para América Latina

El dilema de Cartagena no es único: desde Guayaquil hasta Cancún, pasando por Río de Janeiro y San Juan de Puerto Rico, las ciudades costeras latinoamericanas enfrentan la misma tensión entre crecimiento urbano y preservación de ecosistemas de manglar. La región alberga cerca del 25% de los manglares del planeta, pero también registra algunas de las tasas más altas de pérdida de estos ecosistemas debido a la expansión inmobiliaria, el turismo no planificado y la acuicultura. En ese contexto, cada iniciativa que logre demostrar que el desarrollo y la conservación son compatibles tiene un valor pedagógico y político que trasciende las fronteras locales.

Para América Latina, el modelo que Cartagena intenta construir en Chambacú podría convertirse en un caso de estudio valioso, siempre que se documente con rigor, se evalúe de forma independiente y se comparta con otras ciudades que enfrentan decisiones similares. La región necesita más ejemplos replicables de urbanismo ecológico, y menos retórica verde que no se traduce en acciones concretas sobre el territorio.

El proyecto de la segunda fase de Nuevo Chambacú está en marcha y sus plazos aún no han sido confirmados oficialmente. Lo que está claro es que el ecosistema de manglar ya no puede ser tratado como un obstáculo sino como un activo que define el valor ambiental, cultural y turístico de la ciudad. Las próximas semanas serán claves para conocer los detalles técnicos del corredor ecológico y los mecanismos de supervisión que garantizarán que Cartagena cumpla con lo que prometió.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 29 de mayo de 2026
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