Las bandas criminales conocidas como ‘Los Costeños’ y ‘Los Pepes’ recibieron un duro golpe en Barranquilla tras una operación del Gaula —Grupos de Acción Unificada por la Libertad Personal— que terminó con la captura de 11 presuntos integrantes. Durante el operativo, las autoridades incautaron dinero en efectivo, sustancias ilícitas y panfletos utilizados para intimidar a comerciantes y vendedores ambulantes en distintos puntos de la ciudad y su área metropolitana.

Los detenidos son señalados de ser responsables de amenazas sistemáticas, cobros extorsivos y distribución de drogas en los barrios de la capital del Atlántico. La operación hace parte de un esfuerzo más amplio por parte de la Policía Nacional para recuperar el control territorial en zonas donde las llamadas ‘fronteras invisibles’ han alimentado la violencia juvenil y sometido a comunidades enteras al dominio del crimen organizado.

Contexto y antecedentes

Barranquilla y los municipios de su área metropolitana llevan varios años lidiando con la proliferación de bandas criminales de mediana escala que operan bajo esquemas de extorsión y microtráfico. Estas organizaciones no tienen el perfil mediático de grandes carteles, pero su impacto en la vida cotidiana de comerciantes, tenderos y vendedores informales es devastador: cobros semanales bajo amenaza de muerte, restricción de movilidad por ‘fronteras invisibles’ entre barrios y reclutamiento de menores de edad son algunas de sus prácticas más documentadas.

‘Los Costeños’ y ‘Los Pepes’ son dos de los grupos que han disputado el control de zonas específicas en Barranquilla, fragmentando la ciudad en pequeños territorios de miedo. Este tipo de organización delictiva suele surgir en vacíos institucionales y en comunidades con alta vulnerabilidad socioeconómica, donde el Estado históricamente ha tenido presencia débil. El alcalde Alejandro Char ha reconocido públicamente que ‘las bandas criminales están tomándose los barrios’, lo que derivó en una inspección directa a cuatro megaestaciones de policía cuyas obras superan el 66% de avance.

El Gaula, unidad especializada de la Policía creada originalmente para atender secuestros y extorsiones, ha ampliado su campo de acción ante el crecimiento de los cobros ilegales que afectan principalmente a pequeños comerciantes. La incrementación de requisas en puntos estratégicos de la ciudad forma parte de una estrategia de presión sostenida que busca desmantelar las redes de abastecimiento y comunicación de estas bandas.

Los puntos clave

  • 11 personas fueron capturadas en el marco del operativo del Gaula contra las bandas ‘Los Costeños’ y ‘Los Pepes’ en Barranquilla y el área metropolitana.
  • Se incautaron dinero en efectivo, drogas y panfletos utilizados como herramienta de intimidación contra comerciantes y vendedores ambulantes.
  • Los presuntos delitos incluyen extorsión y microtráfico, dos actividades que suelen operar de manera articulada en estas estructuras criminales.
  • La Policía incrementó las requisas en múltiples puntos de la ciudad como parte de una estrategia de control territorial más amplia.
  • Los vendedores ambulantes y pequeños comerciantes son identificados como las principales víctimas de las redes extorsivas activas en la región.

¿Qué significa esto?

Más allá del número de capturas, esta operación revela la magnitud de un problema estructural: el crimen de mediana escala en Colombia no solo persiste, sino que se ha sofisticado. El uso de panfletos como mecanismo de terror colectivo es una señal inequívoca de que estas bandas buscan gobernar mediante el miedo, imponiendo normas paralelas en territorios donde la institucionalidad llega tarde o de forma incompleta. Para los comerciantes y vendedores ambulantes, cada jornada laboral implica una negociación silenciosa con la violencia.

El impacto económico tampoco es menor: la extorsión crónica reduce la rentabilidad de los pequeños negocios, desalienta la inversión y expulsa a familias enteras de sus lugares de residencia. En ciudades como Barranquilla, donde la economía informal representa una parte significativa del empleo, este fenómeno golpea directamente la subsistencia de miles de hogares. La captura de 11 personas es un logro operativo, pero el verdadero indicador del éxito será si estas redes se desarticulan de manera duradera o si simplemente son reemplazadas por nuevos actores.

Perspectiva para América Latina

El caso de Barranquilla no es un fenómeno aislado en el continente. Ciudades como Guayaquil, San Salvador, Tegucigalpa o algunas zonas del Gran Buenos Aires enfrentan dinámicas similares: bandas de escala media que controlan territorios urbanos a través de la extorsión sistemática al comercio informal y el microtráfico. En todos estos contextos, el común denominador es la fragilidad institucional en barrios periféricos y la incapacidad del Estado para ofrecer alternativas de vida a jóvenes en situación de riesgo. Para América Latina, el debate de fondo no es solo policial: es sobre urbanismo, desigualdad y la deuda histórica del Estado con sus ciudadanos más vulnerables.

Colombia, que acumula décadas de experiencia en el enfrentamiento a estructuras criminales complejas, ofrece lecciones —tanto de éxito como de fracaso— que otros países de la región siguen de cerca. La efectividad de unidades especializadas como el Gaula, combinada con políticas de prevención social, es un modelo que varios gobiernos latinoamericanos han estudiado y, en distintas medidas, intentado replicar.

La operación en Barranquilla cierra un capítulo, pero abre preguntas que las autoridades deberán responder en los próximos meses: ¿qué tan profunda es la estructura de estas bandas?, ¿existen vínculos con organizaciones criminales de mayor escala como el Clan del Golfo?, y sobre todo, ¿podrá el Estado mantener la presencia en los territorios recuperados para evitar que el vacío sea llenado nuevamente por la violencia?

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 4 de junio de 2026
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