Cuatro hombres necesitaron sus fuerzas combinadas para colgar el cuadro en la pared de la galería londinense de Sotheby’s. Noventa kilos de lienzo, óleo y historia del arte que representan a una mujer dormida con carnes azuladas desbordándose en pliegues generosos. La pintura ‘Sleeping by the Lion Carpet’, creada por el legendario pintor británico Lucian Freud en 1996, saldrá a subasta el próximo 24 de junio con una estimación de entre 33 y 45 millones de dólares. Y la protagonista del cuadro estará en la sala, viéndolo partir.

Sue Tilley, supervisora de prestaciones sociales jubilada, de poco más de 60 años, viajó desde su hogar en la costa sur de Inglaterra para despedirse de su propio retrato monumental antes de que cambie de manos por una fortuna que ella jamás verá. ‘Resulta muy extraño, porque en realidad yo nunca recibí dinero alguno’, dijo sentada frente a su imagen colosal. ‘A veces pienso que probablemente yo misma valga unos 100 millones de libras’, añadió entre risas. Su historia no es solo una anécdota curiosa: es una ventana abierta hacia las paradojas del mercado del arte, donde el valor de una obra puede multiplicarse mil veces sin que su creadora —la modelo— reciba beneficio alguno.

Este caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que el mundo del arte evita responder con claridad: ¿qué derechos económicos tiene quien presta su cuerpo, su intimidad y su tiempo para que una obra alcance decenas de millones de dólares en subasta? La respuesta, hoy por hoy, es casi ninguno.

Contexto: ¿Qué hay detrás de esta noticia?

Lucian Freud, nieto del célebre Sigmund Freud, fue uno de los pintores figurativos más importantes del siglo XX. Su obra se caracterizó por una mirada cruda, sin concesiones al embellecimiento, sobre el cuerpo humano. A lo largo de la década de 1990, Freud se acercó a los círculos de la vida nocturna londinense y comenzó a pintar a sus figuras más excéntricas, entre ellas Leigh Bowery, el artista y diseñador australiano que se convirtió en un ícono de la escena underground de Londres. Fue Bowery quien presentó a Freud con Sue Tilley, amiga íntima suya desde las noches de fiesta compartidas.

De esa colaboración surgieron cuatro retratos que hoy son piezas capitales en la historia del arte contemporáneo. Dos de ellos han batido récords históricos en subasta: ‘Benefits Supervisor Sleeping’ (1995) se vendió en Christie’s Nueva York en 2008 por 33,6 millones de dólares, convirtiéndose en ese momento en la obra más cara de un artista vivo. Siete años después, en 2015, ‘Benefits Supervisor Resting’ (1994) fue adjudicada también en Christie’s Nueva York por la cifra extraordinaria de 56,2 millones de dólares. Ahora, con ‘Sleeping by the Lion Carpet’ en el mercado, el presidente de Sotheby’s Europa, Olivier Barker, la describe sin dudar como ‘la obra cumbre de la producción de Lucian’.

Freud falleció en 2011, dejando un legado artístico que sigue revalorizándose con cada subasta. Sus obras pertenecen hoy a colecciones privadas de élite y a los grandes museos del mundo. La llamada ‘Colección Lewis’, de la que forma parte esta pieza, es una de las más relevantes que ha salido al mercado en años recientes, lo que convierte esta venta en un evento de primer orden para el mercado global del arte.

Los puntos clave que debes conocer

  • La pintura ‘Sleeping by the Lion Carpet’ de Lucian Freud tiene una estimación de entre 33 y 45 millones de dólares para la subasta del 24 de junio en Sotheby’s Londres, como parte de la venta de la Colección Lewis.
  • Sue Tilley posó desnuda para Freud en múltiples sesiones durante los años 90, recibiendo únicamente una modesta paga diaria, sin participación alguna en los beneficios de las ventas posteriores de las obras.
  • Dos retratos anteriores de Tilley pintados por Freud ya alcanzaron cifras récord: 33,6 millones de dólares en 2008 y 56,2 millones de dólares en 2015, sumando casi 90 millones de dólares entre ambas obras.
  • La relación entre Freud y Tilley nació a través del artista Leigh Bowery, figura clave de la vanguardia londinense de los 80 y 90, de quien Tilley acaba de publicar una biografía en 2025.
  • El debate sobre los derechos económicos de los modelos artísticos carece hoy de marco legal claro en la mayoría de los países: una vez pagada la sesión de posado, el modelo no tiene derecho a participación en las reventas, sin importar cuánto se revalorice la obra.

¿Qué significa esto en la práctica?

El caso de Sue Tilley ilustra con una claridad brutal una asimetría estructural del mercado del arte: quienes hacen posible una obra —los modelos, los asistentes de estudio, los fabricantes de materiales— quedan completamente al margen de la cadena de valor que esa obra genera a lo largo del tiempo. Tilley no es una víctima pasiva; ella misma lo narra con humor y sin amargura. Pero su historia abre una reflexión legítima sobre si el sistema actual es justo cuando una persona presta literalmente su cuerpo para una obra que luego se valoriza en decenas de millones de dólares.

En términos prácticos, lo que ocurre es que el contrato implícito entre artista y modelo en el mundo del arte tradicional es el mismo desde hace siglos: pago por sesión, sin derechos sobre la obra resultante. Esto contrasta con otros ámbitos creativos como la música o el cine, donde los intérpretes tienen derechos conexos reconocidos legalmente. Para los coleccionistas que adquirieron estas obras, la inversión ha sido extraordinariamente rentable: quien compró el retrato de 1994 por unos pocos millones en su momento y lo revendió en 56 millones multiplicó su dinero varias veces. Tilley, cuyo cuerpo es literalmente el activo, no participó de ninguna de esas plusvalías.

El impacto también es cultural: la obra de Freud desafió los cánones de belleza dominantes al retratar cuerpos que el arte comercial ignoraba. En ese sentido, Tilley no solo posó, sino que co-creó una nueva forma de ver el cuerpo humano. Que esa contribución no tenga ningún reconocimiento económico en las reventas dice mucho sobre cómo el mercado del arte valora —o más bien no valora— el papel de los modelos.

Perspectiva para Colombia y América Latina

América Latina tiene una relación profunda y compleja con el mercado internacional del arte, pero principalmente como exportadora de talento y como compradora emergente, no como centro de decisión de precios. Las grandes subastas de Christie’s y Sotheby’s que marcan los récords mundiales ocurren en Nueva York o Londres, y las obras latinoamericanas que alcanzan cifras altas —como las de Fernando Botero, Frida Kahlo o Diego Rivera— son en su mayoría propiedad de coleccionistas europeos o norteamericanos. El caso Freud-Tilley es un recordatorio de que incluso en los mercados más sofisticados, las personas detrás de las obras quedan fuera del reparto económico.

En Colombia, donde el debate sobre los derechos de los creadores culturales ha ganado fuerza en los últimos años —con discusiones sobre la Ley de Espectáculos, los derechos de autor en plataformas digitales y la economía naranja—, este tipo de casos internacionales deberían servir como referencia para construir marcos legales más equitativos. La pregunta que Tilley plantea involuntariamente —¿quién tiene derecho a beneficiarse cuando una obra se revende por decenas de millones?— es exactamente la misma que artesanos, músicos independientes y artistas visuales colombianos y latinoamericanos se hacen cada día en un contexto mucho menos glamoroso pero igualmente urgente.

Lo que viene: ¿Qué esperar?

El 24 de junio, los ojos del mundo del arte estarán puestos en la sala de subastas de Sotheby’s Londres. Si ‘Sleeping by the Lion Carpet’ supera su estimación máxima de 45 millones de dólares, y todo indica que las pujas podrían ir más allá, se convertirá en una de las obras más caras vendidas en lo que va del siglo XXI. El resultado también servirá como termómetro del estado del mercado del arte de posguerra y contemporáneo en un año marcado por la incertidumbre económica global.

Más allá del martillazo final, desde News Media IA consideramos que la verdadera historia aquí no es el precio: es Sue Tilley, sentada frente a su propio cuerpo valorizado en decenas de millones, riéndose de la paradoja con una elegancia que pocos podrían sostener. Su caso debería impulsar una conversación seria —en el mundo del arte y en los parlamentos— sobre los derechos económicos de quienes hacen posibles las obras maestras. Esa conversación, hasta ahora, brilla por su ausencia.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Sue Tilley no recibe dinero por la venta de los cuadros en los que ella aparece?

Porque en el mundo del arte tradicional, el modelo cobra únicamente por las sesiones de posado, sin adquirir derechos sobre la obra resultante. Una vez realizado ese pago, todos los derechos patrimoniales pertenecen al artista y, tras su muerte, a sus herederos o a quienes adquieran las obras. No existe una ley que obligue a compartir las plusvalías de reventa con los modelos.

¿Cuánto dinero han generado en total las obras de Lucian Freud con Sue Tilley como modelo?

Solo dos de los cuatro retratos conocidos han pasado por subasta pública y sus cifras son documentadas: 33,6 millones de dólares en 2008 y 56,2 millones en 2015, sumando casi 90 millones de dólares. Con la tercera obra ahora en subasta con estimación de hasta 45 millones, el total podría acercarse a los 135 millones de dólares entre tres pinturas.

¿Quién posee actualmente ‘Sleeping by the Lion Carpet’ y por qué la vende ahora?

La obra forma parte de la denominada Colección Lewis, cuya identidad completa no ha sido revelada públicamente por Sotheby’s, como es habitual en estas transacciones de alto valor. La decisión de venderla ahora responde a una estrategia de liquidación de parte de esa colección privada, aprovechando el sostenido interés del mercado por la obra de Freud más de una década después de su muerte.

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Fuente: NEWS MEDIA · Publicado el 24 de junio de 2026
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