Perú tiene ya, de forma casi definitiva, a los dos protagonistas de su segunda vuelta electoral. Roberto Sánchez y Keiko Fujimori se medirán el próximo 7 de junio en un balotaje que decidirá el rumbo de un país sumido en años de turbulencia política e institucional.
Con el 99,63% de los votos escrutados tras un recuento que se prolongó durante casi un mes, Fujimori lidera la primera vuelta con algo más del 17% de los sufragios, mientras que Sánchez la sigue de cerca con el 12%. El conservador Rafael López Aliaga quedó eliminado por un margen exiguo, apenas dos décimas porcentuales por debajo de Sánchez, quien le supera en más de 14.000 votos según los datos provisionales.
Aunque aún resta un pequeño número de papeletas por computar, los principales actores políticos y medios peruanos dan por hecho que Sánchez ha asegurado su pase a la segunda vuelta. La confirmación oficial, no obstante, corresponde al Jurado Nacional de Elecciones.
Una primera vuelta fragmentada y accidentada
La jornada del domingo 12 de abril no estuvo exenta de contratiempos. Los retrasos en la apertura de mesas y los problemas logísticos obligaron a extender la votación hasta el lunes siguiente en varios centros electorales. A eso se sumó una fragmentación del voto sin precedentes recientes: más de 30 candidaturas compitieron en esta primera vuelta y ninguna logró superar el 20% de los apoyos.
Este escenario refleja la profunda desconfianza ciudadana hacia la clase política peruana, un fenómeno que ha llevado al país a encadenar nueve presidentes en apenas diez años, entre renuncias forzadas, destituciones y escándalos de corrupción.
El peso del apellido Fujimori
Keiko Fujimori no necesita presentación en el panorama político peruano. Con esta victoria en la primera vuelta, la candidata de Fuerza Popular logra algo que pocos políticos consiguen en el convulso escenario peruano: pasar a la segunda vuelta por cuarta vez consecutiva, después de tres derrotas.
Su trayectoria no ha sido sencilla. Acusada de lavado de activos en el marco del caso Odebrecht, llegó incluso a estar privada de libertad. Sin embargo, el Tribunal Constitucional archivó finalmente el proceso, lo que le abrió la puerta para presentarse como candidata justo antes de estas elecciones.
En esta campaña, Fujimori apostó por reivindicar abiertamente el legado de su padre, Alberto Fujimori, fallecido en 2024 tras cumplir aproximadamente 16 años de condena por crímenes de lesa humanidad. Con el eslogan «vuelve el orden», intentó capitalizar la nostalgia de quienes recuerdan la estabilización económica de los años noventa, aunque esa etapa también estuvo marcada por graves violaciones a los derechos humanos y ajustes económicos que golpearon a los sectores más vulnerables.
Nacida en 1975 y primogénita de cuatro hermanos, Keiko asumió desde joven el rol de primera dama cuando el matrimonio de sus padres se disolvió, apareciendo junto a su padre en actos oficiales y viajes de Estado. Su apellido sigue siendo su mayor capital electoral, pero también la fuente de sus mayores resistencias.
Roberto Sánchez, el heredero de Castillo
Frente a ella, Roberto Sánchez se ha posicionado como la alternativa de izquierda y como sucesor político del espacio que ocupó Pedro Castillo. Su irrupción en la segunda vuelta, por encima de López Aliaga, fue uno de los grandes golpes de efecto de esta primera ronda electoral.
El próximo presidente de Perú —sea quien sea— recibirá en herencia un país con serios desafíos. La inseguridad ciudadana derivada del crimen organizado, la extorsión y la violencia urbana encabezan las preocupaciones de la población. A ello se suma un Congreso que vuelve a ser bicameral tras la reforma constitucional de 2024, con la figura de la vacancia presidencial como amenaza latente para cualquier gobierno que no logre construir mayorías parlamentarias.
El panorama anticipa un mandato lleno de obstáculos para el vencedor del 7 de junio. Perú llega a esta segunda vuelta con una ciudadanía agotada, instituciones debilitadas y una economía que demanda certezas. El balotaje entre Sánchez y Fujimori no será solo una elección entre dos personas, sino una disputa sobre el modelo de país que los peruanos quieren construir.



