La milicia libanesa Hezbolá ha hallado una vulnerabilidad crítica en el sistema de defensa israelí que el Estado judío aún no ha logrado cerrar. Tras más de dos años de conflicto en los que la famosa Cúpula de Hierro ha interceptado la gran mayoría de cohetes lanzados por el grupo proiraní, una nueva generación de drones está poniendo en jaque a las tropas israelíes desplegadas en el sur del Líbano.
Un arma barata y letal
Se trata de los llamados drones FPV —siglas en inglés de «visión en primera persona»—, pequeños aparatos no tripulados equipados con una cámara que transmite imágenes en tiempo real al operador. Lo que los hace especialmente peligrosos no es solo su precisión, sino su costo: se fabrican por apenas unos pocos cientos de euros con componentes disponibles en el mercado civil.
«Su uso es incluso más fácil que un videojuego», asegura Yehoshua Kalisky, investigador sénior del Instituto Nacional de Estudios de Seguridad de Israel (INSS). Esta sencillez operativa ha permitido a Hezbolá desplegar en torno a un centenar de combatientes dedicados exclusivamente al manejo de estos dispositivos desde zonas civiles en el sur del país, según estimaciones del ejército israelí citadas por el canal 12 de la televisión local.
El cable que lo cambia todo
El elemento diferenciador de estos drones frente a los convencionales es un delgado cable de fibra óptica, del grosor de un hilo dental, que conecta el aparato con su piloto. Esta característica elimina por completo las emisiones de radio, lo que inutiliza los sistemas israelíes diseñados para detectar y bloquear frecuencias electrónicas.
Sin señal de radio que inhibir, los mecanismos de contramedida habituales quedan desarmados. El resultado es un arma de guía precisa, difícil de rastrear y casi imposible de neutralizar con los medios defensivos actuales.
Un saldo de víctimas en ascenso
Desde que se reactivó el conflicto abierto en marzo, Hezbolá ha lanzado alrededor de 160 drones contra posiciones israelíes, 90 de ellos guiados por cable. El saldo hasta la fecha incluye al menos cuatro soldados muertos y varios heridos graves. Según la radio del ejército israelí, estos «drones explosivos» han causado 37 de los 39 heridos registrados entre las tropas en el Líbano durante tres semanas de alto el fuego que, sobre el papel, debería haber frenado las hostilidades.
Las imágenes captadas por estos aparatos, que muestran persecuciones a soldados israelíes e incluso incidentes junto a helicópteros de evacuación médica, han generado una profunda alarma en Tel Aviv.
Israel busca respuestas urgentes
El asunto ha escalado hasta los más altos niveles del gobierno israelí. El Ministerio de Defensa lanzó una convocatoria pública de «propuestas» para hacer frente a esta amenaza, y el primer ministro Benjamín Netanyahu afirmó el pasado 3 de mayo haber dado «instrucciones» para acabar con ella. Sin embargo, la solución definitiva aún no ha llegado.
Algunos analistas militares critican al Estado Mayor por haber ignorado las advertencias de que Hezbolá acabaría adoptando las tácticas probadas en el conflicto entre Rusia y Ucrania, donde se estima que los drones son responsables de tres cuartas partes de las bajas en ambos bandos.
Una tendencia global que llega a Oriente Medio
El uso de drones FPV se ha extendido por distintos escenarios de conflicto impulsado en parte por Irán, principal apoyo financiero y militar de Hezbolá. Milicias proiraníes también han empleado este tipo de dispositivos para atacar posiciones estadounidenses en Irak, lo que confirma que esta tecnología se ha convertido en un pilar de la guerra asimétrica moderna.
Lo que comenzó como una herramienta amateur en campos de batalla lejanos se ha transformado en una amenaza estratégica que obliga a redefinir las reglas del combate en uno de los conflictos más complejos del mundo.



