A sus 83 años, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez vive en Madrid, lejos de su país natal, despojado de su ciudadanía y sus bienes por el gobierno que encabeza su antiguo compañero de revolución, Daniel Ortega. Pero Ramírez no calla: escribe, reflexiona y denuncia a través de la literatura lo que otros géneros no le permiten contar.
De la revolución al exilio
Ramírez fue uno de los protagonistas de la Revolución Sandinista de 1979, aquella que derrocó al régimen de Anastasio Somoza y transformó para siempre la historia de Nicaragua. Entre 1985 y 1990, ocupó la vicepresidencia del país durante el primer gobierno de Ortega.
Pero con el paso de los años, su relación con el sandinismo se quebró. Ramírez se convirtió en uno de los críticos más contundentes del régimen actual y, como consecuencia, el gobierno lo declaró ‘traidor a la patria’, le confiscó sus propiedades y le arrebató la nacionalidad. Hoy es un exiliado más entre los miles que ha producido la dictadura orteguista.
La novela negra como arma política
Lejos de rendirse, Ramírez ha encontrado en la ficción un territorio fértil para narrar las heridas de su país. Su personaje más célebre, el inspector Dolores Morales, protagoniza una saga de novela negra que ahora, con la próxima publicación de ‘La maldición de Ramfis’, completa una tetralogía junto a ‘El cielo llora por mí’, ‘Ya nadie llora por mí’ y ‘Tongolele no sabía bailar’.
Morales funciona como un alter ego del propio autor. A través de él, Ramírez recorre la historia contemporánea de Nicaragua: la derrota electoral del sandinismo, la descomposición política del país y su deriva hacia una dictadura de corte familiar.
‘Siempre me hice la reflexión de que retratar estas situaciones en una novela tiene muchísimos riesgos’, reconoce el escritor. ‘Cuando confrontas de frente esta realidad, corres el riesgo de caer en la retórica, en la imprecación, en la confrontación. Y la novela no es eso’.
Una cámara sobre la historia
Ramírez describe su método narrativo con una imagen cinematográfica: una cámara montada sobre un dolly, siguiendo los acontecimientos sin intervenir directamente. Esa distancia le permite construir personajes contradictorios, voces múltiples y una mirada más honesta sobre la realidad.
‘¿Es una novela histórica? No lo es, porque no trata de entrar en la historia como tal. ¿Es una novela negra? Sí lo es, porque es el instrumento que yo ocupo para describir esta situación’, explica.
Para Ramírez, en América Latina toda novela negra es, inevitablemente, política. El poder, cuando está distorsionado o es absoluto, se infiltra en todos los rincones de la vida social: en la justicia, en las relaciones privadas, en el día a día de las personas. Nadie escapa a su sombra.
El humor como resistencia
Pero sus novelas no son solo denuncia. Uno de los rasgos más llamativos de la saga del inspector Morales es su capacidad para mezclar exilio, corrupción y abuso de poder con humor, vivacidad y un ambiente caribeño que todo lo impregna.
‘Esa es la libertad que el género me permite: quitarme la solemnidad, quitarme ese papel de juez’, señala Ramírez. La ironía y el desparpajo latinoamericano sirven como escudo y como arma al mismo tiempo.
Ramírez habló con BBC Mundo en el marco del Festival Centroamérica Cuenta, evento literario del que es fundador y que este año se celebró en Panamá. A pesar del exilio, la voz de este escritor fundamental de la literatura latinoamericana contemporánea sigue más viva que nunca.



