La política de paz total que ha intentado implementar el actual gobierno colombiano enfrenta una de sus críticas más severas tras el fracaso de las negociaciones con el Estado Mayor Central. Camilo González Posso, quien estuvo en el centro de estas conversaciones, ha lanzado una sentencia contundente al asegurar que el frente liderado por alias Calarcá decidió apostarle al conflicto armado con el grupo de alias Mordisco por encima de cualquier oportunidad de diálogo. Esta revelación deja al descubierto que las expectativas de alcanzar un acuerdo fueron, en gran medida, una ilusión que terminó chocando con la realidad de una confrontación interna que nunca se detuvo.
El proceso comenzó con la intención de establecer una mesa de diálogo formal, pero la dinámica interna de los grupos armados terminó por fracturar cualquier avance. Según el análisis de González Posso, el desarrollo del Estado Mayor Central estuvo marcado por una falta de cohesión que el gobierno no logró gestionar de manera efectiva. A medida que avanzaban los meses, las tensiones entre las distintas facciones se hicieron insostenibles, llevando a que la mesa de negociación perdiera su propósito original y se convirtiera en un escenario de disputas territoriales y de poder que impidieron cualquier progreso significativo hacia el cese de hostilidades.
El contexto de este fracaso se explica por
El contexto de este fracaso se explica por la incapacidad de los actores armados para priorizar la salida negociada frente a sus intereses de expansión y control. Desde la perspectiva de quienes estuvieron en la mesa, el error fundamental fue haber mantenido la esperanza en una voluntad de paz que, en la práctica, se desvanecía ante la evidencia de que los grupos utilizaban el tiempo del diálogo para fortalecer sus posiciones militares. Esta contradicción entre el discurso de paz y las acciones en el territorio fue el detonante que terminó por desgastar la paciencia y la viabilidad de las conversaciones, dejando un vacío de autoridad y confianza.
Camilo González Posso fue enfático al señalar que el país se dejó llevar por una visión optimista que no correspondía con la realidad de los grupos armados. Al referirse a la postura de Calarcá, el experto indicó que la decisión de priorizar la guerra contra Mordisco fue el punto de quiebre definitivo. Según sus palabras, el proceso terminó siendo un tropiezo con nuestras propias ilusiones, una frase que resume la frustración de quienes creyeron que era posible transformar la realidad del conflicto mediante el diálogo directo con estas estructuras, a pesar de las señales claras de que la confrontación seguía siendo su prioridad.
Las reacciones ante este panorama han sido de profunda decepción, especialmente entre quienes esperaban que la paz total fuera una realidad tangible en las regiones más golpeadas por la violencia. Mientras algunos sectores cuestionan si el gobierno debió haber suspendido la mesa mucho antes para evitar el fortalecimiento de estos grupos, otros analizan si realmente existió una intención genuina de paz desde el inicio. El debate actual se centra en si los grupos armados desperdiciaron una oportunidad histórica para dejar las armas, prefiriendo mantener el control territorial a través de las balas en lugar de integrarse a una solución política.
Para los colombianos, este desenlace tiene…
Para los colombianos, este desenlace tiene implicaciones directas en su seguridad y tranquilidad cotidiana. La ruptura de estos diálogos no solo significa la continuación de la violencia en los territorios donde operan estas facciones, sino que también genera una incertidumbre económica y social que afecta el desarrollo de las comunidades. Cuando los procesos de paz fallan, la población civil suele quedar en medio del fuego cruzado, enfrentando desplazamientos, extorsiones y el miedo constante de una guerra que parece no tener fin, lo que obliga a replantear las estrategias de seguridad nacional.
Históricamente, Colombia ha vivido múltiples intentos de paz con diversos grupos armados, y este episodio se suma a una lista de procesos que han terminado en desilusión. La diferencia en esta ocasión radica en la complejidad de la política de paz total, que buscaba abarcar múltiples frentes de manera simultánea. La comparación con procesos anteriores es inevitable, y muchos analistas coinciden en que la falta de una hoja de ruta clara y la ausencia de garantías reales de cumplimiento por parte de los grupos armados han sido los denominadores comunes que han impedido alcanzar una paz duradera y estable en el país.
El futuro de la política de paz en Colombia se encuentra ahora en una encrucijada, especialmente con el desmonte de la estrategia que está liderando el gobierno de De La Espriella. Lo que está en juego es la credibilidad de las instituciones y la capacidad del Estado para retomar el control en las zonas donde la presencia de grupos armados ha desplazado la autoridad legítima. La gran pregunta que surge es si el país podrá aprender de estos errores para diseñar una política de seguridad y paz que sea más pragmática, menos dependiente de las ilusiones y más enfocada en resultados verificables que protejan a los ciudadanos.
Para usted, como ciudadano, esto significa que la promesa de un país en paz se aleja nuevamente, impactando directamente su percepción de seguridad y la estabilidad del entorno en el que vive. Cuando los diálogos fracasan, los recursos que se destinan a la paz se ven cuestionados y la inversión social se ve amenazada por la necesidad de priorizar el gasto en defensa. En términos simples, la falta de un acuerdo sólido implica que la violencia seguirá siendo un factor determinante en la vida diaria, limitando las oportunidades de crecimiento y manteniendo un ambiente de tensión que afecta tanto su bolsillo como su tranquilidad personal.
Ante este panorama de incertidumbre y el evidente fracaso de las negociaciones con el Estado Mayor Central, ¿cree usted que el gobierno debería insistir en nuevas mesas de diálogo con grupos armados o es momento de cambiar radicalmente la estrategia hacia una política de seguridad más contundente?
Preguntas frecuentes
¿Qué decisión tomó la facción de alias Calarcá respecto a los diálogos de paz?
La facción decidió abandonar las negociaciones y apostarle nuevamente al conflicto armado.
¿Quién confirmó el abandono de los diálogos por parte del grupo de alias Calarcá?
Camilo González Posso, quien estuvo al frente de las conversaciones con el Estado Mayor Central.
¿Cómo afecta este hecho a la política de paz total del gobierno colombiano?
Representa una de las críticas más severas al fracaso de las negociaciones con el Estado Mayor Central.
📰 Este articulo fue redactado a partir de la informacion publicada por El Tiempo (publicado originalmente el 2026-09-04). Ver la fuente original.

