Un barco que despega sobre el agua en silencio, sin dejar estela y consumiendo un 80% menos de energía que un ferry diésel convencional. Esa es la promesa del Candela P-12, la embarcación eléctrica con hidroalas más grande jamás construida, desarrollada por la empresa sueca Candela y que ya opera en el puerto de Frihamnen, en Estocolmo, con capacidad para 30 pasajeros.
Lo que hace único a este vehículo no es solo su apariencia —más cercana al fuselaje de un avión que a un ferry urbano— sino la tecnología que lo sostiene: un sistema de hidroalas controlado por ordenadores que ajustan los ángulos de sustentación 100 veces por segundo, permitiendo que la embarcación ‘vuele’ a unos 25 nudos sobre la superficie del agua con una suavidad que, según sus creadores, equivale a ‘una píldora digital contra el mareo’.
Contexto y antecedentes
Candela no nació pensando en el transporte masivo. La compañía sueca fundada por Gustav Hasselskog comenzó desarrollando embarcaciones eléctricas de recreo y lujo, perfeccionando la tecnología de hidroalas en embarcaciones más pequeñas antes de dar el salto al transporte público de pasajeros. Esta trayectoria gradual le permitió resolver uno de los grandes desafíos de la ingeniería náutica: la inestabilidad estructural que provoca que las embarcaciones, a diferencia de los aviones, tengan su centro de gravedad por encima del punto de sustentación.
El transporte marítimo urbano lleva décadas en declive en muchas ciudades del mundo, desplazado por el automóvil y el transporte terrestre. Sin embargo, en ciudades costeras, insulares o atravesadas por ríos, las vías navegables representan un recurso infrautilizado con enorme potencial para descongestionar el tráfico y reducir emisiones. La aparición de propulsión eléctrica eficiente reabría esta posibilidad, pero los altos costos operativos y las limitaciones de batería frenaban la adopción masiva. Candela ha atacado este problema reduciendo drásticamente el consumo energético mediante la hidrodinámica.
El contexto regulatorio y político, sin embargo, no ha acompañado con la misma velocidad a la innovación. La propia empresa reconoce que Europa sigue siendo el mercado más lento, ralentizado por procesos de licitación pública complejos y burocracias institucionales poco ágiles. En contraste, mercados de Asia y Estados Unidos han respondido con mayor rapidez, y Noruega —país con larga tradición en transporte marítimo y una política climática ambiciosa— ya firmó el pedido más grande del mundo para esta tecnología: 20 unidades de la flota eléctrica con hidroalas.
Los puntos clave
- El Candela P-12 es la primera embarcación eléctrica con hidroalas del mundo en su categoría de tamaño, con capacidad para 30 pasajeros y velocidad de crucero de 25 nudos.
- El sistema reduce el consumo de energía aproximadamente un 80% respecto a los ferries diésel convencionales, lo que lo hace considerablemente más barato de operar a largo plazo.
- La estabilidad se logra mediante un sistema computarizado que ajusta las hidroalas 100 veces por segundo, eliminando el balanceo y mejorando el confort del pasajero.
- Noruega firmó el mayor contrato mundial hasta la fecha para una flota eléctrica con hidroalas, con un pedido de 20 unidades del Candela P-12.
- Candela planea crecer de 250 a 1.000 empleados y abrir una nueva fábrica en Polonia para satisfacer la creciente demanda internacional.
¿Qué significa esto?
Más allá del impresionante logro tecnológico, lo que Candela propone es una reconfiguración del transporte urbano. Al reducir las emisiones, el ruido, los derrames de combustible y la erosión costera provocada por las estelas, el P-12 ofrece una solución que responde simultáneamente a múltiples presiones contemporáneas: la crisis climática, la congestión urbana y el deterioro de los ecosistemas costeros. Para las ciudades con acceso al agua, representa una alternativa real y no solo experimental al transporte terrestre. El hecho de que la producción esté escalando hacia contratos internacionales indica que esta tecnología está dejando la fase de prototipo para entrar en la fase de despliegue masivo.
El impacto también es económico. Los operadores de transporte público que adopten esta tecnología podrían ver reducidos significativamente sus costos de combustible y mantenimiento a mediano plazo, aunque la inversión inicial sigue siendo elevada. El modelo de negocio de Candela apuesta a que, con economías de escala y la caída progresiva en el precio de las baterías, el costo total de propiedad resulte competitivo frente a los ferries diésel convencionales. La expansión de su planta productiva hacia Polonia sugiere que la empresa confía en que esa ecuación ya es o pronto será favorable.
Perspectiva para América Latina
América Latina concentra algunas de las redes fluviales y costeras más extensas del mundo: el Amazonas, el sistema del Río de la Plata, el lago Titicaca, los fiordos chilenos o los canales de la Patagonia representan corredores naturales con enorme potencial para el transporte de personas. En países como Brasil, Colombia, Perú o Argentina, miles de comunidades dependen de embarcaciones fluviales para movilizarse, muchas de ellas con flotas anticuadas, contaminantes y poco seguras. La tecnología de Candela, aunque costosa hoy, abre una discusión estratégica sobre cómo modernizar el transporte acuático en la región sin reproducir los errores del modelo basado en combustibles fósiles.
La pregunta clave para los gobiernos latinoamericanos no es si esta tecnología existe, sino cuándo y cómo incorporarla a sus planes de movilidad urbana y conectividad regional. Los procesos de licitación pública, que ya frenan la adopción incluso en Europa, representan un desafío aún mayor en contextos institucionales más débiles. Sin embargo, el caso noruego muestra que la decisión política puede acelerar enormemente la transición: un solo contrato gubernamental ambicioso puede convertirse en un catalizador para toda una industria.
Candela tiene previsto escalar su producción y abrir nuevas instalaciones en los próximos años. Los próximos meses serán decisivos para ver si el P-12 logra superar la barrera de adopción en Europa continental y si otros mercados —incluidos los latinoamericanos— comienzan a explorar licitaciones para incorporar esta tecnología a sus redes de transporte. El agua, como señala Hasselskog, es el medio de transporte más antiguo: quizás también sea el más prometedor para el futuro.



